miércoles, 07 de enero de 2026
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Hermana Brambilla, a un año de su nombramiento

Un año después de su escogencia como prefecta para los religiosos, el futuro de la Hna. Simona Brambilla genera especulaciones en Roma.

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Foto: Vatican News

Redacción (06/01/2026 16:21, Gaudium Press) Exactamente un año después de su nombramiento como la primera mujer en dirigir un dicasterio de la Curia Romana, la Hermana Simona Brambilla, de las Misioneras de la Consolata, enfrenta cuestionamientos sobre la efectividad de su liderazgo en el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

Nombrada por el Papa Francisco el 6 de enero de 2025, su elección fue ampliamente vista como un gesto simbólico a favor de una mayor participación femenina en las estructuras de gobierno de la Iglesia, en un contexto en el que su condición de mujer constituía, por sí sola, un elemento determinante.

De hecho, la designación de Brambilla representó un hito inédito: por primera vez, una religiosa asumía la dirección de un organismo vaticano tradicionalmente reservado a prelados ordenados. El gesto se alineaba con el énfasis del pontificado de Francisco en la promoción de las mujeres en las estructuras de gobierno de la Iglesia, sin una ruptura doctrinal explícita.

Sin embargo, el nombramiento conjunto del cardenal español Ángel Fernández Artime como pro-prefecto –una configuración jurídica válida, pero inusual– ha alimentado debates sobre el alcance real de la autoridad de la prefecta. En la práctica, las decisiones más sensibles continúan dependiendo de una autoridad ordenada, lo que refuerza la percepción de un liderazgo simbólico, pero institucionalmente limitado.

Pérdida expresiva de vocaciones

Fuentes cercanas a la Curia destacan el currículo de Brambilla durante su mandato como superiora general de las Misioneras de la Consolata entre 2011 y 2023. Con efecto, la congregación registró una reducción significativa en el número de religiosas y comunidades. Al asumir el cargo en 2011, el instituto contaba con 746 religiosas distribuidas en 121 casas. En 2023, cuando dejó el cargo, las Misioneras de la Consolata contaban con apenas 532 religiosas y 73 casas, reflejando una pérdida expresiva de vocaciones y presencia institucional, es decir, en poco más de una década, la congregación perdió más de 200 religiosas y casi el 40% de sus sedes. Estas cifras levantan dudas sobre la gestión de la vida religiosa y vocacional, y la administración de los bienes de su congregación.

Estos números, precisamente porque hacen parte de una tendencia global de declive vocacional, invitan a una lectura cautelosa de esta experiencia cuando se presenta como un argumento decisivo a favor de su capacidad para gobernar un dicasterio romano confrontado con una crisis estructural grave.

En declaraciones públicas, la Hermana Simona Brambilla ha enfatizado una visión espiritual sobre el declive vocacional, afirmando que “lo importante no son los números, sino el corazón”. Para ella, es positivo que el instituto sea “pequeño”, porque así “el bien se hace sin ruido”. Esta visión parece orientar su objetivo como prefecta: reducir las vocaciones religiosas, en una lógica bastante cuestionable.

Cuestión femenina como prisma central

En el ámbito teológico y pastoral, el enfoque de Brambilla es descrito como coherente con una visión contemporánea de la Iglesia, priorizando reconocimiento, visibilidad y re-equilibrio de roles, especialmente bajo la perspectiva femenina. Esta línea privilegia una eclesiología relacional y procesual, atenta a las dinámicas culturales actuales, pero en detrimento de un énfasis más explícito en la dimensión sacramental y jerárquica de la misión eclesial.

Sin romper con la doctrina católica, su énfasis en la cuestión femenina como prisma central tiende a relegar otras dimensiones eclesiales a segundo plano.

Pueblos no cristianos enseñan al misionero

Cuestiones más profundas surgen acerca de la concepción de misión defendida por Brambilla. En sus posiciones, la misión no aparece más en primer lugar como el acto por el cual el misionero lleva, ilumina y transmite un tesoro recibido, sino como un proceso de intercambio en el que son los pueblos no cristianos encontrados quienes, por medio de su cultura y experiencia, iluminan, enriquecen y enseñan al misionero. Tal inversión de perspectiva, frecuentemente presentada como un signo de humildad y escucha, cuestiona, sin embargo, la comprensión clásica de la misión ad gentes, basada en el anuncio explícito de Cristo y en la transmisión de un depósito recibido, y no en una simple circulación recíproca de experiencias espirituales.

En lugar de apoyarse en los escritos de su fundador, San José Allamano, quien instaba a los misioneros a buscar cada vez más la “oración, mortificación, santificación, una santificación extraordinaria”, la Hermana Brambilla prefiere pronunciar discursos emotivos, con temas especialmente de carácter feminista y gnóstico, contrarios a la doctrina de la Iglesia.

En vísperas del consistorio extraordinario convocado por el Papa León XIV para los días 7 y 8 de enero de 2026 –el primero de su pontificado–, rumores sobre una posible salida de Brambilla recorren los círculos romanos, sin ninguna confirmación oficial. De concretarse, tal escenario colocaría al actual pontificado ante una decisión delicada: la de administrar una herencia recibida, y no elegida, y evaluar sus implicaciones eclesiásticas y simbólicas.

Una eventual partida prematura podría decepcionar a sectores que depositaron expectativas desproporcionadas en la figura de Brambilla, algunos incluso proyectándola –de forma especulativa– como precursora de cambios más radicales, como una hipotética papa mujer. Tales proyecciones, sin embargo, revelan más sobre confusiones contemporáneas que sobre la realidad doctrinal e institucional de la Iglesia Católica.

Un año después de su nombramiento, la trayectoria de la Hermana Simona Brambilla parece ser evaluada menos por logros concretos y más por el simbolismo que representó. Y quizás sea en esa discrepancia entre el símbolo deseado ayer y la realidad administrativa actual donde se define, ahora, el futuro de su mandato en el Vaticano.

Con información de Tribune Chrétienne e Infovaticana

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