jueves, 03 de abril de 2025
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La distancia entre los Evangelios Canónicos y Apócrifos: La Verdad Oculta tras los Textos Sagrados

Los Evangelios apócrifos han sido objeto de debate por su fiabilidad y su discrepancia con los relatos aceptados por la tradición cristiana.

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Redacción (02/04/2025 12:06, Gaudium Press) La distinción entre los Evangelios canónicos y los apócrifos es fundamental en la escriturística cristiana, ya que refleja la diferencia entre los textos considerados auténticos e inspirados, que forman parte del Nuevo Testamento, y aquellos que, por diversas razones, fueron excluidos del canon oficial. Mientras que los Evangelios canónicos —Mateo, Marcos, Lucas y Juan— son los aceptados por la Iglesia como los relatos confiables sobre la vida y enseñanza de Jesús, los Evangelios apócrifos, por su parte, son considerados poco fiables debido a su origen, contenido y contexto.

Fiabilidad y autenticidad

Los Evangelios canónicos, reconocidos por la Iglesia, tienen una serie de características que avalan su fiabilidad. En primer lugar, fueron escritos por autores que tenían un vínculo directo con los apóstoles o que recibieron relatos de testigos presenciales. Esto les da una conexión directa con los hechos ocurridos en los primeros años del cristianismo. Además, todos ellos hacen énfasis en un evento central: la resurrección de Jesús, la cual es tratada con gran detalle y es considerada la base misma de la fe cristiana.

Los Evangelios apócrifos, aunque también pretenden narrar la vida de Jesús, no cumplen con los mismos criterios. Estos textos, algunos de los cuales fueron descubiertos en el siglo XX, como los evangelios gnósticos de Nag Hammadi (colección de textos, que incluyen relatos esotéricos y doctrinas en su mayor parte adscritos al Cristianismo Gnóstico Primitivo.

Los tres criterios claves que los Evangelios apócrifos no cumplen, y que son fundamentales para entender por qué los Evangelios canónicos son considerados mucho más fiables, se detallan a continuación:

  1. Antigüedad: la proximidad temporal a los hechos

Un primer factor que asegura la fiabilidad histórica de los Evangelios canónicos es su antigüedad. Estos textos fueron escritos entre 20 y 50 años después de los eventos que describen, lo que significa que existieron muchos testigos presenciales que podían haber refutado cualquier error. En cambio, los Evangelios apócrifos, como los textos gnósticos encontrados en Nag Hammadi, fueron escritos en el siglo IV, más de trescientos años después de los hechos narrados, lo que cuestiona su autenticidad histórica.

  1. Lenguaje: el contexto arameo vs. influencias filosóficas neoplatónicas

Otro criterio crucial es el análisis lingüístico. Los Evangelios canónicos conservan un trasfondo arameo, que refleja de manera fiel la predicación original de Jesús, quien hablaba arameo. Esta característica se puede identificar por el uso de varias palabras arameas, expresiones semíticas y estructuras gramaticales propias de la lengua hablada en Palestina en esa época. Sin embargo, los Evangelios apócrifos, particularmente aquellos gnósticos, están escritos en copto egipcio y presentan un léxico que se aleja del arameo, reflejando influencias neoplatónicas y esotéricas; se presentan términos como ‘sicigias’, ‘emanaciones’, ‘eones’, ‘cámara nupcial’, ‘arcontes’, el ‘reinado de Barbelo’ y otras divinidades egipcias. Además, las estrellas son divinizadas con nombres propios completamente ajenos al hebreo, los cuales son considerados blasfemos por el judaísmo. Estos textos no muestran ningún vestigio de los paralelismos y las formas de predicación semíticas tan presentes en los Evangelios canónicos.

  1. Entorno cultural: el vínculo con el judaísmo

Un tercer criterio, es el entorno cultural de los textos. Los Evangelios canónicos están profundamente arraigados en el contexto judío del siglo I, lo cual es evidente en las frecuentes referencias a figuras claves del judaísmo como Abraham, Moisés, David, y los profetas. En cambio, los Evangelios apócrifos, especialmente los gnósticos, carecen completamente de este contexto judío y no mencionan a personajes clave del Antiguo Testamento. En lugar de presentar un Jesús que forma parte de una tradición judía, los apócrifos suelen mostrar un Jesús cuya enseñanza se desvía completamente de las raíces del cristianismo primitivo, alineándose más con doctrinas filosóficas o místicas ajenas a la tradición judeocristiana, muestran a Jesús com ‘una ficción literaria’.

Origen y Propósito

El término “apócrifo” proviene del griego ἀπόκρυφος (apókryphos), que significa “oculto” o “escondido”. Se refiere a una serie de textos religiosos que no fueron incluidos en el canon oficial del Nuevo Testamento. Muchos de estos textos fueron creados por comunidades gnósticas que buscaban presentar una versión alternativa de la enseñanza de Jesús, comúnmente alineada con doctrinas esotéricas y filosóficas que diferían significativamente de las enseñanzas apostólicas.

A pesar de que estos textos presentan el término “Evangelio” en su título, como el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe y el Evangelio de María, su contenido no tiene semejanza con los Evangelios canónicos. Mientras que estos últimos ofrecen relatos coherentes de la vida de Jesús, los apócrifos consisten en enseñanzas místicas, reservadas para los iniciados en estas comunidades, y con doctrinas que no coinciden con el cristianismo tradicional.

No se trata de un encubrimiento

Es importante señalar que los Evangelios apócrifos no fueron ocultados por la Iglesia porque representaran la verdadera historia de Jesús. Al contrario, su exclusión del canon refleja un profundo desacuerdo con las doctrinas esenciales del cristianismo primitivo. La Iglesia no buscó encubrir la verdad histórica, sino que quiso proteger la pureza de la enseñanza apostólica frente esas interpretaciones erróneas.

Los expertos como John Paul Meier — sacerdote católico y estudioso bíblico norteamericano — renombrado estudioso del Jesús histórico, afirman que los Evangelios apócrifos no ofrecen ninguna información nueva o fiable sobre el Jesús histórico, sino que son el resultado de reacciones filosóficas posteriores que intentaban reinterpretar las enseñanzas originales para alinearse con sistemas místicos y especulativos. “Nuestras únicas fuentes independientes sobre el Jesús histórico se reducen a los cuatro Evangelios, algunos datos dispersos en otras partes del Nuevo Testamento, y Flavio Josefo y Tácito […]. No creo que […] los evangelios apócrifos y los códices de Nag Hammadi ofrezcan ninguna nueva información fiable o conceptos auténticos independientes del Nuevo Testamento. Lo que encontramos en estos documentos posteriores es más bien una reacción a los escritos del Nuevo Testamento […] por parte de cristianos fantasiosos o gnósticos que desarrollaron un sistema místico especulativo”.

Pero al final, más que la propia investigación contextual, de doctrina o de lenguaje, lo que diferencia a los apócrifos de los canónicos es el aval, perpetuadora en el tiempo de la misión de Cristo, y que con su autoridad, determinó que textos son inspirados por Dios, y cuales no.

Con información de Religión en Libertad

 

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