En 1862, Don Bosco reveló en un sueño profético que la Iglesia solo encontrará salvación si permanece unida a la Eucaristía y a la Virgen María
Redacción (02/02/2026 11:09, Gaudium Press) San Juan Bosco, conocido en el mundo entero como el gran apóstol de la juventud, fue un sacerdote incansable que dedicó su vida a formar corazones santos, alegres y trabajadores. Fundador de la Familia Salesiana, su misión no se limitó a las aulas ni a los oratorios, también fue un hombre místico, dotado de un carisma extraordinario.
Entre los múltiples dones con los que Dios lo enriqueció, uno de los más sorprendentes fueron sus sueños proféticos. Don Bosco aseguraba que muchas veces, mientras dormía, el Señor le mostraba realidades espirituales que debía comunicar a los demás. No eran sueños comunes, eran verdaderas visiones llenas de símbolos, mensajes y advertencias para la Iglesia y sus hijos.
De todos ellos, uno ha quedado grabado en la memoria de generaciones de creyentes, el sueño de las dos columnas, una visión que Don Bosco tuvo en mayo de 1862 y que reveló, con fuerza profética, las dos anclas que sostendrán siempre a la Iglesia: la Eucaristía y la Virgen María, Auxilio de los Cristianos.
La visión: la nave de Pedro entre las olas
Aquella noche, Don Bosco relató a los más de quinientos jóvenes del Oratorio de Turín el sueño que había tenido: “Vi una gran batalla en el mar: la barca de Pedro, pilotada por el Papa y escoltada por barcas de menor tamaño, debía contrarrestar el asalto de muchos otros que luchaban contra él. Los vientos contrarios y el mar agitado parecían favorecer a los enemigos”.
La imagen era estremecedora, en un mar oscuro y turbulento, innumerables embarcaciones rodeaban la gran nave del Papa. Disparaban cañones, libros y blasfemias, intentaban incendiarla, hundirla, confundirla. Todo parecía perdido.
Pero en medio de ese caos, Don Bosco vio surgir dos columnas gigantescas que se elevaban por encima de las olas. En la cima de una se encontraba una gran Hostia resplandeciente, símbolo de la Eucaristía, y en la otra, una estatua majestuosa de la Santísima Virgen María, con la inscripción Auxilium Christianorum —Auxilio de los Cristianos–.
El Papa, al timón de la nave, comprendía que solo podía encontrar refugio entre esas dos columnas. Entonces intentaba dirigir la barca hacia ellas, mientras los ataques arreciaban con furia.
“La nave del Papa no tenía medios humanos de defensa —contaba Don Bosco—. Una especie de brisa marina, que provino de las dos columnas, defendió la nave y reparó todo el daño de inmediato”.
La lucha se volvía cada vez más violenta. En medio del combate, el Papa caía dos veces, herido gravemente, y en la segunda ocasión moría, mientras los enemigos se regocijaban. Sin embargo, un nuevo Papa era elegido casi enseguida; tomando el timón, lograba llevar la nave hasta las columnas y la ataba con dos cadenas: una al Santísimo Sacramento y otra a la Virgen María. Entonces, el mar se calmaba, el sol resplandecía y las embarcaciones enemigas, confundidas, se destruían entre sí.
Al día siguiente, Don Bosco explicó el significado del sueño con una claridad, “Graves persecuciones y tormentos esperan a la Iglesia; solo hay dos formas de salvarla: María, Auxiliadora de los Cristianos, y la Eucaristía”.
Un mensaje eterno para la Iglesia
El sueño de las dos columnas no fue solo una advertencia para su tiempo. Es una profecía permanente, una enseñanza que atraviesa los siglos y que sigue resonando con fuerza en el corazón de los fieles.
En medio de las tempestades morales, las confusiones doctrinales y los ataques contra la fe, las palabras de Don Bosco mantienen su mensaje claro y esperanzador. “Solo quedan dos medios para salvarse en medio de tanto desconcierto: la devoción al Santísimo Sacramento y la devoción a María Auxiliadora de los Cristianos”.

Maria Auxiliadora
La Eucaristía es el corazón palpitante de la Iglesia. Es Cristo mismo que se entrega cada día por amor, que alimenta, fortalece y renueva a sus hijos. María, por su parte, es la Madre que vela por ellos con ternura, la estrella que guía la barca cuando el cielo se oscurece.
Don Bosco comprendió que mientras la Iglesia —y cada alma cristiana— se mantenga anclada en esas dos columnas, no habrá tempestad capaz de hundirla. Porque donde está Jesús Eucaristía, hay victoria; y donde está María, hay refugio y auxilio.
El mensaje de este sueño no pertenece solo al pasado es una invitación a volver al centro de la fe, a abrazar con amor la comunión y la oración, y a vivir bajo el amparo maternal de la Virgen.
Don Bosco, con su fe, nos recuerda que la Iglesia puede ser zarandeada, pero jamás destruida. Y que cada vez que el mundo parece perder el rumbo, el Espíritu Santo suscita nuevas almas que, como el Papa del sueño, vuelven a atar la nave a las columnas del Cielo.
“La barca de Pedro puede ser sacudida, pero no se hundirá jamás, mientras permanezca amarrada a las columnas del Amor: la Hostia y María”.
Con información de ChurchPop y mariedenazareth.com






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