Para demostrar la necesidad de la mediación universal de Nuestra Señora, Nuestro Señor Jesucristo quiso que la mayor fuente de milagros brotara en un santuario dedicado a su Madre.
Redacción (11/02/2026 12:08, Gaudium Press) Las apariciones de Lourdes se insertan en una serie de otras célebres manifestaciones de María Santísima a partir del siglo XIX, las cuales culminarían con las revelaciones de Fátima, a inicios del siglo XX.
Se podría decir que, en la noche cada vez más profunda en la cual la civilización contemporánea va naufragando, tales apariciones forman un punteado de luces anunciando la venida del Reino de María.
Mediadora de todas las gracias
En Lourdes, tales nociones se verifican patentes, considerando que Nuestro Señor Jesucristo podría haber proporcionado esa estupenda fecundidad de milagros en algún santuario a Él dedicado.
En la propia Francia, donde se encuentra la Gruta de Massabielle, se erige la magnífica basílica de Paray-le-Monial, dedicada al Sagrado Corazón, pues allí el Redentor hizo sus revelaciones a Santa Margarita María Alacoque.
Ahora bien, Jesús podría disponer que aquellos prodigios de curas y conversiones ocurrieran en ese lugar o en otros santuarios erigidos en su honor.
Sin embargo, quiso el Salvador que la mayor fuente de milagros conocida en la historia de la Iglesia y del mundo brotara en un lugar consagrado a Nuestra Señora. Es decir, que aquellas curas espectaculares fueran obtenidas bajo la égida de la Santísima Virgen, mediante súplicas a Ella impetradas.
Así obrando, Nuestro Señor parece desear comprobar la verdad de fe de la mediación universal de María, dando a los hombres claras razones para comprender que su Madre todo puede.
Por los ruegos de la Virgen son reprimidos los mayores males, las peores enfermedades, los sufrimientos más horrorosos. Ella consigue suspender las leyes más inflexibles de la naturaleza, vence cualquier obstáculo, y logra, por ejemplo, que un ciego de nacimiento, sin nervio óptico, ¡adquiera visión!
Esa es la omnipotencia suplicante, el poder de la Soberana, mediadora de todas las gracias.
Milagros físicos para hacer bien a las almas
Existen personas que se impresionan con los milagros de Lourdes, y, sin embargo, piden a la Santísima Virgen apenas favores materiales, olvidándose de los espirituales y más importantes.
No comprenden que los dones temporales, de los cuales necesitamos, deben inducirnos a desear los que aprovechan a nuestra salvación eterna.
Por lo demás, es por esa forma que verdaderamente Dios atrae las almas hacia sí, pues todos los dones concedidos por Él tienen el objetivo mayor de beneficiar el espíritu humano.
Así, no se debe pensar, por ejemplo, que Nuestra Señora curará a un hombre deficiente físico movida apenas por el sentimiento de pena hacia su deficiencia. Claro, tiene Ella compasión del lisiado, se complace en corregir su defecto.
Pero, más que esto, la Virgen se sirve de un milagro físico para hacer bien al alma del enfermo y a las de quienes presencian o tienen conocimiento del prodigio.
Tal beneficio consiste, sobre todo, en infundir en los corazones una inmensa fe en la verdad de que Ella es la Mediadora universal de todas las gracias.
Plinio Corrêa de Oliveira
(Texto extraído, con adaptaciones, de la Revista Dr Plinio, febrero de 2006.)






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