“Nada de lo finito puede saciar nuestra sed interior, porque fuimos hechos para Dios y no encontramos paz mientras no descansemos en Él” (cf. Confesiones, I, 1.1). dijo el Papa en el Ángelus.
Foto: Vatican Media
Redacción (23/03/2026 10:01, Gaudium Press) El Papa León XIV, ayer 5.º Domingo de Cuaresma —una semana antes del inicio de la Semana Santa— comentó el Evangelio de San Juan que narra la resurrección de Lázaro, cuando Jesús resucitó a su amigo, hermano de Marta y María, quien había fallecido a causa de una enfermedad.
“La Liturgia nos invita a revivir, en la Semana Santa que se acerca, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén, la Última Cena, el juicio, la crucifixión y el sepulcro— para comprender su sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que encierran”, enfatizó el Papa.
En el camino cuaresmal, la resurrección de Lázaro “es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y el don de la vida eterna”, destacó León XIV, y que está “vivo en nosotros por la gracia del Bautismo”.
La gracia de Dios ilumina el mundo, recordó el Papa, mientras que muchas veces nos perdemos en la búsqueda de cosas que nunca podrán darnos una felicidad duradera, como la búsqueda constante de novedades que consume tiempo, energías, valores y afectos, “como si la fama, los bienes materiales, las diversiones y las relaciones pasajeras pudieran llenar nuestros corazones o hacernos inmortales”.
Todos llevamos dentro de nosotros “una necesidad de infinito”, concluyó, “cuya respuesta no puede confiarse a lo que es efímero”. Y como escribió San Agustín, “fuimos hechos para Dios y no encontramos paz mientras no descansemos en Él”.
Por último, el Papa animó a los fieles a percibir cómo el relato de la resurrección de Lázaro nos invita, con la ayuda y el poder del Espíritu Santo, a “liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos aprisionan en el sepulcro del egoísmo, el materialismo, la violencia y la superficialidad”. En efecto, “en estos lugares no hay vida, sino solo desorientación, insatisfacción y soledad”.
Antes de rezar el Ángelus, el Papa invocó la intercesión de la Virgen María para que Ella nos ayude a vivir así estos días santos: con su fe, con su confianza, con su fidelidad, a fin de que también para nosotros se renueve, cada día, la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado.





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