jueves, 29 de enero de 2026
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Los carismas que construyen la Iglesia – Papa habló al Regnum Christi

León XIV subrayó la importancia de los carismas, junto con los dones jerárquicos, en la edificación y gobierno de la Iglesia.

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Redacción (29/01/2026 16:26, Gaudium Press) En audiencia a los miembros de la Asamblea General de las sociedades de vida apostólica surgidas en el movimiento eclesial Regnum Christi, el papa León XIV subrayó la importancia de los carismas, junto con los dones jerárquicos, en la edificación y gobierno de la Iglesia, como recuerda el Vaticano II (LG 4).

Un carisma, explica el pontífice, “es un don del Espíritu Santo concedido a la Iglesia, a fin de reavivar la vida y dinamizar la actividad misionera”, tanto en el propio cuerpo eclesial, como en la sociedad temporal. Ese don particular “genera la vida y la vitalidad del instituto” (en el caso dos sociedades de vida apostólica), al tiempo que “le confiere una identidad específica la cual cualifica y hace reconocible” la presencia en la Iglesia de los miembros del instituto.

“El instituto, la sociedad de vida apostólica, son cuerpos vivos cuya energía carismática pervade cada célula y cada miembro, lo que los hace portadores manifestando el don del Espíritu Santo a la Iglesia y al mundo”.

Cada “hermano o hermana que recibe el carisma es llamado a vivirlo en sí” resaltó el Papa.

Encuadrando las sociedades de vida apostólica en el movimiento eclesial del cual surgieron, recordó cómo “vuestro camino particular, insertado en la gran historia de un cuerpo apostólico, porta el signo de la acción silenciosa y poderosa del Espíritu Santo, el cual continuamente renueva la Iglesia y la hace joven en la esperanza”.

“Todos somos vidas en camino”, dijo León XIV, “en las cuales Dios continúa inspirando sus sueños a través de los profetas de ayer y de hoy, a fin de liberar a la humanidad de antiguas y nuevas esclavitudes, agrupando jóvenes y ancianos, pobres y ricos, hombres y mujeres, santos y pecadores, en la obra de su Misericordia y en las maravillas de su Justicia”.

Hablando del don del carisma, que el Espíritu Santo da, afirmó el Papa que “este don, mientras genera vida y vitalidad en el Instituto, le confiere también una identidad específica, que cualifica y hace reconocible la presencia de ustedes en la Iglesia y en el mundo. Hoy más que nunca es necesario saber quiénes somos, si queremos dialogar de manera auténtica con la sociedad sin ser absorbidos o uniformados. Para evangelizar los contextos en los que viven —fin específico de su vocación— es por tanto fundamental que definan su identidad cada vez con mayor claridad”.

El carisma atraviesa cada célula del cuerpo vivo que es un Instituto

“El Instituto, la Sociedad, son un cuerpo vivo donde la energía carismática atraviesa cada célula y cada miembro, de la cual a su vez son portadores y transmisores. Y esta energía debe animar la misión que llevan adelante e iluminar el camino a recorrer, para legarla después como herencia viva a las generaciones futuras, llamadas asimismo a enamorarse de ella y a convertirla en fuente de su servicio”.

Sobre el gobierno, afirmó el Pontífice que “es un servicio necesario en las Sociedades de vida apostólica; un auténtico ministerio eclesial, que acompaña a las hermanas y a los hermanos hacia una fidelidad consciente, libre y responsable en el seguimiento de Cristo. Todo Instituto y toda Sociedad, además, están llamadas a reconocer en él un estilo propio, en armonía con su carisma específico y con su espiritualidad”.

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Dijo también el Papa que un gobierno auténticamente evangélico siempre está orientado al servicio: sostiene, acompaña y ayuda a cada miembro a configurarse cada día más con la persona del Salvador. En este sentido, el Papa dijo que, el discernimiento comunitario es el lugar privilegiado en el que pueden madurar decisiones compartidas, capaces de generar comunión y corresponsabilidad.

El Pontífice instó a los miembros de Regnum Christi “a promover una comunión cada vez más profunda en toda la Familia, compartiendo espiritualidad y apostolado, viviendo plenamente la vocación específica a la que Dios los ha llamado como miembros de la Sociedad a la que pertenecen, comprometidos a dar testimonio, con su propia vida, de la fidelidad al carisma recibido”.

Cada carisma, de acuerdo a su don y vocación, edifica el Único Cuerpo de Cristo: “La unidad en la dignidad bautismal y la diversidad de vocaciones no se contraponen, sino que se iluminan mutuamente. La comunión orgánica en la diversidad es obra del Espíritu Santo, que transforma cada vocación en servicio para los demás, para que el Cuerpo de Cristo crezca en la historia y cumpla su misión en el mundo”. (JMJ)

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