sábado, 10 de enero de 2026
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Obispo Barron de los EE.UU.: la sinodalidad no puede ser para discutir doctrina

Cuando la doctrina “se convierte en tema de determinación sinodal, la Iglesia cae en el relativismo y la inseguridad”, como en la Iglesia en Alemania dice el prelado.

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Mons. Barron – Foto: wordonfire.org

Redacción (09/01/2026 12:20, Gaudium Press) Importante pronunciamiento hizo el mediático obispo de Winona en los EE.UU., Mons. Robert Barron, sobre el tema de la sinodalidad, en su cuenta X el pasado 6 de enero.

Mons. Barron afirma que habla desde quien conoce el tema, pues fue “delegado electo en ambas rondas del Sínodo y de la Sinodalidad en Roma, y ​​que acaba de presidir un sínodo local en mi diócesis”.

Afirma el prelado que “los sínodos son herramientas útiles para determinar estrategias pastorales prácticas, pero no deberían ser foros de debate doctrinal. Cuando la enseñanza establecida se convierte en tema de determinación sinodal, la Iglesia cae en el relativismo y la inseguridad, como se evidencia claramente en el mal concebido ‘Camino Sinodal’ en Alemania”.

También en ese importante post, el obispo de Winona no ahorró críticas al llamado ‘espíritu del concilio’: “Simpatizo con los fundadores de la revista ‘Communio’ —Joseph Ratzinger, Hans Urs von Balthasar y Henri de Lubac—, quienes rompieron con la revista Concilium, cuyo propósito declarado era perpetuar el ‘espíritu del Vaticano II’. Los grandes teólogos de la Communio afirmaron que los concilios son, sin duda, necesarios a veces en la vida de la Iglesia, pero que uno suspira de alivio al final de un concilio, pues la Iglesia puede entonces retomar su labor esencial”. No son pocos los teólogos progresistas, que para justificar sus posiciones heterodoxas invocaban lo que denominaban el ‘espíritu del Concilio’, es decir, tesis que aunque no estuvieran en los textos del Concilio, supuestamente estarían incluidas en lo que el Concilio quería.

“Mientras se reúne en concilio, la Iglesia está en suspenso, insegura de sí misma, retorciéndose las manos. Fue precisamente la perpetuación del ‘espíritu del Vaticano II’ lo que provocó tanta vacilación y desvío en los años en que yo estaba alcanzando la mayoría de edad”, continuó Mons. Barron.

“Por lo tanto, si debemos continuar con la sinodalidad, que se dedique a considerar medios prácticos para que la Iglesia pueda realizar con mayor eficacia su labor de adorar a Dios, evangelizar y servir a los pobres. Y que no se convierta en un rasgo definitorio y permanente de la vida de la Iglesia, para no perder nuestro brío y enfoque”, concluye.

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