El P. Santiago Martín, de los Franciscanos de María, alerta sobre el modelo de sacerdocio que parecen proyectar las conclusiones del grupo de trabajo número 5 del Sínodo de los Obispos.

Foto: Screenshot Youtube Magnificat tv
Redacción (16/03/2026 15:39, Gaudium Press) La semana pasada se hicieron públicas las conclusiones del Grupo de Trabajo número 5 del Sínodo de los Obispos, titulado La participación de las mujeres en la vida y el gobierno de la Iglesia. El P. Martín, de los Franciscanos de María, ofreció un análisis detallado y crítico de dichas conclusiones, tratando sobre sus implicaciones para la identidad y misión del sacerdote católico.
Las Tres Misiones del Sacerdote según el Vaticano II
El sacerdote reflexiona, ante todo, sobre la enseñanza del Concilio Vaticano II, que establece con claridad que el obispo —y el sacerdote como colaborador suyo— recibe por el sacramento del Orden tres munus o servicios fundamentales: santificar, enseñar y gobernar.
El primero se ejerce mediante los sacramentos; el segundo, a través de la homilía —reservada exclusivamente al sacerdote o al diácono— y la vigilancia sobre la fidelidad de la enseñanza catequética; el tercero, mediante la conducción de la parroquia o diócesis, teniendo la última palabra en aquello que atañe a su misión.
“Si una de estas tres misiones falta, las otras dos se resienten. Y si faltan dos, la que queda se resiente muchísimo”, advirtió el P. Martín.
El Riesgo: Un sacerdote Sin Voz ni gobierno
Al analizar el fondo de las conclusiones del Grupo 5, el sacerdote plantea un escenario hipotético que ilustra sus preocupaciones: si el sacerdote no puede predicar la homilía, si no puede supervisar la catequesis y si tampoco puede gobernar la parroquia, ¿cuál sería su función real? “¿Qué sucedería en una parroquia si el sacerdote no pudiera hacer la homilía, que la homilía la tuviera que hacer, la pudiera hacer, la hiciera un laico y sobre todo una laica?”
“¿Qué sucedería si eh él no puede tener un control sobre los catequistas? ¿Quién es catequista? ¿En qué condiciones? ¿Qué condiciones tiene que cumplir esa persona para ser catequista? ¿Y qué está enseñando ese catequista a los niños?”, se pregunta también el P. Martín.
Y continúa preguntándose: “Es un grupo de laicos, de laicas, eh, las que van a decidir, esto se hace así, esto se hace de otra forma, la liturgia se hace así, se hace de aquella manera y los que van a decidir también cómo tiene que celebrar la misa el sacerdote. Si el sacerdote va a celebrar la misa. Pero, ¿cómo tiene que celebrar misa el sacerdote? ¿Cuánto tiene que durar? ¿Cuánto tienen que durar los cantos? ¿Qué tipo de cantos? Todo eso lo va a decidir los laicos, las sacerdote no puede decidir nada”.
Sería “un empleado que llega, celebra la misa con las condiciones que le ponen, y se marcha. Un empleado mal pagado que no puede hacer nada más”, señaló con afirmatividad, añadiendo que esto difícilmente resultará atractivo para los jóvenes que consideren el sacerdocio.
El Papa León y el “Alter Cristus”
En contraste con esta tendencia, el P. Martín evoca el reciente mensaje del Papa León a los sacerdotes de la diócesis de Madrid, en el que el Pontífice subrayó: “No se trata de inventar modelos nuevos, ni de redefinir la identidad que hemos recibido, sino de volver a proponer con renovada intensidad el sacerdocio en su núcleo más auténtico: ser alter Christus.”
Estas palabras generaron críticas en algunos sectores, lo que el padre Martín lamenta: “¿Quién era Cristo? Era el Maestro que enseñaba, el que gobernaba enviando a sus discípulos, el que instituyó los sacramentos. No podemos ser un alter Christus si suprimimos cosas esenciales de lo que hizo Cristo, sumo y eterno sacerdote.”
Una dvertencia Final
El P. Martín concluye con una advertencia de fondo: cambiar el modelo de sacerdote implica cambiar la Iglesia. “Ya no será en ese caso la Iglesia de Jesucristo, ya no será la Iglesia Católica; será otra cosa, la llamen como la llamen.” Invita a sacerdotes y laicos a mirar a Cristo como único modelo, no para competir por el poder, sino para preguntarse quién ama y sirve más, imitándole a Él.





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