León XIV habló dirigió comunicación a la Asamblea “Convivium”, que tiene lugar hoy y mañana.

Foto: Vatican News
Redacción (09/02/2026 15:25, Gaudium Press) El Santo Padre León XIV enviado una carta de profunda reflexión pastoral al presbiterio de la Arquidiócesis de Madrid, con motivo de la Asamblea Presbiteral “Convivium” que se celebra los días 9 y 10 de febrero. En el documento, fechado el 28 de enero, fiesta de Santo Tomás de Aquino, el Pontífice analiza los desafíos de la evangelización en un contexto secularizado y ofrece orientaciones sobre el sacerdocio en el tiempo actual.
En su misiva, el Papa reconoce las dificultades del ministerio sacerdotal en las circunstancias contemporáneas: “Valoro el compromiso con el que vivís y ejercitáis vuestro sacerdocio en parroquias, servicios y realidades muy diversas; sé que muchas veces este ministerio se desarrolla en medio del cansancio, de situaciones complejas y de una entrega silenciosa de la que sólo Dios es testigo”, expresa León XIV.
El cambio cultural y la desaparición de referencias comunes
León XIV identifica un fenómeno crucial en la actualidad: “A ello se suma un cambio cultural profundo que no puede ignorarse: la progresiva desaparición de referencias comunes”, advirtiendo que “muchos de los presupuestos conceptuales que durante siglos facilitaron la transmisión del mensaje cristiano han dejado de ser evidentes y, en no pocos casos, incluso comprensibles”.
Sin embargo, el Pontífice detecta signos de esperanza: “Estoy convencido —y sé que muchos de vosotros lo percibís en el ejercicio cotidiano de vuestro ministerio— de que en el corazón de no pocas personas, especialmente de los jóvenes, se abre hoy una inquietud nueva”, expresa, indicando que “las propuestas dominantes” han dejado “una mayor sensación de hartazgo y vacío”.
El tipo de sacerdotes que necesita la Iglesia
León XIV es categórico al definir el perfil sacerdotal requerido: “Ciertamente no hombres definidos por la multiplicación de tareas o por la presión de los resultados, sino varones configurados con Cristo, capaces de sostener su ministerio desde una relación viva con Él, nutrida por la Eucaristía”.
El Papa subraya: “No se trata de inventar modelos nuevos ni de redefinir la identidad que hemos recibido, sino de volver a proponer, con renovada intensidad, el sacerdocio en su núcleo más auténtico —ser alter Christus”.
La catedral como metáfora del sacerdocio
En un pasaje de notable belleza teológica, el Santo Padre utiliza la Catedral de Madrid como imagen pedagógica del ministerio sacerdotal. “Permitidme que hoy os hable del sacerdocio sirviéndome de una imagen que conocéis bien: vuestra Catedral”, introduce.
Sobre la fachada, reflexiona: “Así también el sacerdote no vive para exhibirse, pero tampoco para esconderse. Su vida está llamada a ser visible, coherente y reconocible, aun cuando no siempre sea comprendida”.
El umbral le sirve para hablar de la separación del mundo: “En este cruce se sitúan el celibato, la pobreza y la obediencia; no como negación de la vida, sino como la forma concreta que permite al sacerdote pertenecer enteramente a Dios sin dejar de caminar entre los hombres”.
La fraternidad presbiteral y la vida sacramental
León XIV insiste en la necesidad de la fraternidad: “Hijos míos, nadie debería sentirse expuesto o solo en el ejercicio del ministerio: ¡resistid juntos al individualismo que empobrece el corazón y debilita la misión!”. Así como la catedral es un “hogar común”, “donde todos tienen lugar”, así la fraternidad en la Iglesia, especialmente para con sus sacerdotes.
Sobre los sacramentos, el Papa es especialmente enfático: “Celebrad los sacramentos con dignidad y fe, siendo conscientes de que lo que en ellos se produce es la verdadera fuerza que edifica la Iglesia y que son el fin último al que se ordena todo nuestro ministerio”. Y añade con paternidad: “Pero no olvidéis que vosotros no sois la fuente, sino el cauce, y que también necesitáis beber de esa agua. Por eso, no dejéis de confesaros”.
Llamado a la santidad
El documento concluye con una exhortación directa, citando a San Juan de Ávila: “Sed vosotros todo suyo. ¡Sed santos!”, encomendando a los sacerdotes madrileños a Santa María de la Almudena e impartiendo la Bendición Apostólica extensiva a los fieles confiados a su cuidado pastoral.
La carta representa una profunda reflexión del Papa León XIV sobre el sacerdocio en tiempos de secularización, ofreciendo una visión esperanzadora que no ignora los desafíos pero confía en la acción del Espíritu Santo.





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