miércoles, 04 de marzo de 2026
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Papa en la audiencia general: la Iglesia no es solo Cuerpo místico de Cristo sino comunidad terrena

La Iglesia es un organismo bien articulado, en el que las dimensiones humana y divina coexisten, sin separación ni confusión”, destacó el Papa hoy en su catequesis.

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Redacción (04/03/2026 11:35, Gaudium Press) Dirigiéndose a diversos grupos de peregrinos en la Plaza de San Pedro, León XIV continuó sus reflexiones sobre la Constitución Dogmática Lumen Gentium acerca de la Iglesia, en este primer miércoles de marzo.

“En el primer capítulo, donde se intenta responder sobre todo a la pregunta de qué es la Iglesia, esta es descrita como ‘una realidad compleja’», invitó León XIV a penetrar en esa complejidad. “¿En qué consiste?” Las respuestas pueden variar de persona a persona: “Alguien podría responder que la Iglesia es compleja porque es ‘complicada’ y, por tanto, difícil de explicar”; otros, continuó el Papa, “podrían pensar que su complejidad se deriva del hecho de ser una institución con dos mil años de historia, con características distintas a las de cualquier otra agrupación social o religiosa”. En latín, sin embargo, explicó León XIV, la palabra “complejo” alude más a la “unión ordenada de distintos aspectos o dimensiones dentro de una única realidad”. Por eso la Lumen Gentium afirma que “la Iglesia es un organismo bien articulado, en el que coexisten la dimensión humana y la dimensión divina, sin separación ni confusión”.

Dimensión humana y divina

La Iglesia es “una comunidad de hombres y mujeres que comparten la alegría y el esfuerzo de ser cristianos, con sus cualidades y sus defectos, anunciando el Evangelio y convirtiéndose en signo de la presencia de Cristo que nos acompaña a lo largo del camino de la vida”. Esta es una dimensión humana que involucra “personas concretas”, entre las cuales algunas pueden “luchar o errar como cualquier otra persona”.

Sin embargo, el Santo Padre subrayó que esto no describe “la verdadera naturaleza de la Iglesia, dado que también posee una dimensión divina”. En efecto, la “Iglesia es engendrada por el designio de amor de Dios para la humanidad, realizado en Cristo. Por eso, la Iglesia es comunidad terrena y al mismo tiempo cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo peregrino en camino hacia el cielo”.

De este modo, la “dimensión humana y la dimensión divina se integran armoniosamente […]; es una realidad humana y al mismo tiempo divina que acoge al hombre pecador, conduciéndolo hacia Dios”.

León XIV ilustró con la vida de Nuestro Señor: “Quienes encontraban a Jesús a lo largo de los caminos de Palestina, experimentaban su humanidad, sus ojos, sus manos, el sonido de su voz”; y decidían seguirle, abriéndose al encuentro con Dios. “Sí, la carne de Cristo, su rostro, sus gestos y sus palabras manifiestan de modo visible al Dios invisible”.

A través de esta comparación, el Papa volvió a la Iglesia: “es precisamente a través de sus miembros y de sus limitados aspectos terrenos que se manifiestan la presencia de Cristo y su acción salvífica”. Como dijo Benedicto XVI, “no hay oposición entre el Evangelio y la institución; es más, las estructuras de la Iglesia sirven precisamente para la realización y la concreción del Evangelio en nuestro tiempo” (Discurso a los Obispos de Suiza, 9 de noviembre de 2006). “No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino únicamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia.”

En síntesis, el Papa explicó que la santidad de la Iglesia reside “en el hecho de que Cristo habita en ella y continúa donándose a través de la pequeñez y fragilidad de sus miembros”. Dios “se hace visible a través de la debilidad de las criaturas, continuando a manifestarse y a actuar”, declaró León XIV, exhortando a todos a construir “el edificio espiritual que es el Cuerpo de Cristo, a través de la comunión y la caridad entre nosotros”.

“La caridad, en efecto, genera constantemente la presencia del Señor Resucitado. ‘Ojalá, afirmaba San Agustín, todos presten atención únicamente a la caridad: sí, solo ella lo vence todo, y sin ella, todas las cosas no valen nada; donde quiera que esté, atrae todo hacia sí’.”

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