El tiempo es comparable a las aguas de las cascadas que, con vertiginosa rapidez, remolinean, burbujean y se precipitan de despeñadero en despeñadero…

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Redacción (26/02/2026 15:00, Gaudium Press) En esta vida, no se debe contar con el presente, sino con el pasado y el futuro; pues el tiempo es comparable a las aguas de las cascadas que, con vertiginosa rapidez, remolinean, burbujean y se precipitan de despeñadero en despeñadero… Todos los seres vivos que habitan la tierra pasan como las aguas, pues más impetuoso que las cascadas es el tiempo en que vivimos; porque, en el momento en que hables del presente, este ya se transforma en pasado.
Considera, ahora, cuán mezquinamente pequeño es el tiempo que posees, dado que no es sino un instante, un puntito; pues no puedes disponer del pasado y, en cuanto al futuro, tampoco puedes disponer de él, porque es incierto. Solo en la eternidad existe un presente verdadero, duradero, que jamás tendrá fin.
Considera qué gran locura es querer gozar de unos destellos de placeres pasajeros en esta vida para, después, tener que sufrir para siempre en la otra, en la eternidad; piensa si no es mejor sufrir un poco en esta vida, para luego alegrarse para siempre en la eternidad, que nunca ha de acabar. “Y así ved, hermanos —amonesta el Apóstol— cómo andáis con cuidado; no como imprudentes, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo” (Ef 5, 15-16).
(STIX, Leopoldo, CSSR. Meditaciones adaptadas a todos los días del año para uso de las comunidades religiosas. Trad. Fray Sebastián de S. Neiva, OFM. 4.ª ed. Petrópolis: Vozes, 1961.)




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