El 8 de junio León XIV realizará un discurso en el Congreso de los Diputados. Ese anuncio ya mueve las aguas políticas.
Foto: @Vatican Media
Redacción (02/03/2026 14:48, Gaudium Press) Como es ya de conocimiento general, el Papa León XIV realizará su viaje apostólico a España del 6 al 12 de junio próximos, visitando Madrid, Barcelona y las Islas Canarias (Tenerife y Gran Canaria), en un viaje que además de la importancia del vínculo de España con el catolicismo, agrega que fue un país no visitado en el anterior pontificado, lo que creó incluso suspicacias que hoy están completamente absorbidas ante la perspectiva del próximo viaje.
Pero además de estas y otras particularidades, tiene especial importancia la visita confirmada del Pontífice al Parlamento, el Congreso de los Diputados.
Efectivamente Vaticano y Congreso español han acordado convocar una sesión conjunta de ambas cámaras de las Cortes Generales para que el Papa pueda dirigirse a diputados y senadores, intervención que ya con su solo anuncio empieza a generar repercusiones en el ámbito político.
El 8 de junio (un lunes sin sesiones plenarias ordinarias), se realizará, pues, una sesión conjunta en el hemiciclo con dos discursos: el del Papa León XIV y otro de la presidenta del Congreso, sin debate parlamentario posterior. El Pontífice lo hará en su calidad de jefe de Estado vaticano.
El hecho es también inédito, pues ni Juan Pablo II ni Benedicto se dirigieron jamás directamente a los congresistas en su sede institucional. Pero este especial además se debe a una iniciativa de la Santa Sede dirigida a la Presidencia del Congreso y solicitada formalmente por escrito por los obispos españoles el 26 de febrero, por lo que es una clara iniciativa personal del Pontífice, quien como se ha visto es un hábil diplomático, y como buen canonista, siempre tiene una intención.
¿Cuál será la intención del Papa en dirigirse al mundo político de la que fue madre de muchas naciones aún católicas? Parece que el Pontífice no teme y hasta gusta de estos escenarios, pues se rumora que desea también hablar en el Parlamento europeo.
Es claro que el Pontífice conoce bien la actual crisis política que atraviesa el país ibérico, y son ya varios los analistas que empiezan a abordar los diferentes guiones que podría presentar ese discurso, junto con las ondas expansivas que genere, en una situación de gobierno bastante inestable.
A esta intervención sui generis, se le ha agregado, por estos días, la noticia emitida por un importante diario, de que el Pontífice habría advertido en reunión privada con la cúpula de la Conferencia Episcopal, de la instrumentalización que la ‘ultra-derecha’ estaría queriendo hacer del electorado católico, noticia más o menos desmentida en reciente comunicación.
Pero es indiscutible que todas y cada una de las palabras del Papa tendrán amplia repercusión, no solo religiosa. Y ya se manifiestan los augurios y temores de los diversos bandos, de los efectos de esas palabras.
Es cierto, entretanto, que para el Papa Prevost estos escenarios no son enteramente desconocidos, si se piensa que ya se ha reunido con grupos de políticos y diplomáticos en el Vaticano, así como en su visita a Turquía y Oriente Medio.
Entretanto, lo más probable es que ese discurso tendrá un tono mucho más de líder religioso y guardián de los derechos humanos que de jefe ‘político’ de un Estado, según lo que el Pontífice ya ha realizado. Y que, es cierto, su mera presencia en el hemiciclo parlamentario recordará a todos que España y Catolicismo tienen un pasado común que trascendió a continentes.
Además no es menor que el Pontífice sea ciudadano de un país hijo de España, y que sienta como propios muchos de los legados que la cultura ibérica dejó en hispanoamérica, comenzando por el catolicismo; no sería exagerado decir que en este sentido que Prevost si bien no es hijo de España sí puede decirse nieto de España.
Además este Papa, sin el tonus de profesor teológico del Papa Ratzinger, es alguien bien consciente de la frase evangélica de que “Mi Reino no es de este mundo”. No significa, es claro, que el Reino de Cristo no tenga repercusiones en este mundo, pero es claro que él quiere ser portavoz del Rey Cristo que está en los cielos, y no de los que esperaban un mesías político al gusto de Anás y Caifás o similares.
Entonces, será importante, mucho, ese discurso del Papa, pero sobre todo desde la óptica espiritual proyectada en el mundo político, y no desde la política de los jirones y los arañazos. El Papa por lo demás es ‘fanático’ de la unidad cristiana. (CCM)





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