domingo, 01 de febrero de 2026
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“Sálvame, María”: el canto que acompañó a los mártires de Jaén hacia la eternidad

Sus voces se escucharon entre los olivares antes de los disparos. La Iglesia honra su memoria con una nueva beatificación celebrada el 13 de diciembre en España.

Maximiliano María Kolbe

Redacción (15/12/2025 10:29, Gaudium Press) Con la beatificación celebrada el pasado sábado 13 de diciembre en Jaén, España, la Iglesia honra la memoria de más de 120 mártires de la persecución religiosa durante la Guerra Civil española, hombres y mujeres que dieron su vida por Cristo. Entre ellos destaca la figura de Francisco de Paula Padilla Gutiérrez, conocido como el San Maximiliano Maria Kolbe español, y la de otros sacerdotes fusilados junto al cementerio de Mancha Real.

La ceremonia, celebrada en la catedral de Jaén —el mismo lugar que fue prisión durante la guerra civil española—, marca un gesto de reconciliación y memoria el justo homenaje a quienes sufrieron y ofrecieron su vida en aquellos días de dolor.

El fusilamiento junto al cementerio de Mancha Real

El 3 de abril de 1937, 35 prisioneros fueron llevados desde la catedral de Jaén hasta Mancha Real, donde fueron fusilados junto a la tapia del cementerio. Ninguno de ellos era militar; eran sacerdotes, seminaristas y fieles laicos. La ejecución fue una represalia por el bombardeo que el bando nacional había realizado sobre Jaén el 1 de abril.

Entre los detenidos se encontraba Francisco Solís, párroco de Mancha Real, quien —según los testigos— dirigía los cánticos marianos en el camión y en el mismo paredón. Antes de morir, absolvió a todos sus compañeros.

Solís era recordado por su intensa labor social, había impulsado sindicatos cristianos, comedores y escuelas familiares, obras que hoy son vistas como un reflejo de su caridad. Fue beatificado en 2013 junto a otros 122 mártires en la gran ceremonia celebrada en Tarragona, España.

“Sálvame, María”: los testigos de aquella noche

Un testimonio conmovedor de lo ocurrido proviene de Carmen Ruiz Cano, quien escuchó los camiones llegar y las detonaciones desde la casa de una pariente cercana al cementerio.

“Oímos ruido de camiones, por lo menos dos”, relató. “En el silencio de la noche oímos el canto de una canción mariana, conocida por ‘Sálvame, María’, que procedía de los que iban en los camiones”.

Su padre y su hermano, que observaban escondidos entre los olivares, confirmaron que los presos iban custodiados por milicianos armados. “Instantes después, escuchamos unas detonaciones muy seguidas, como descargas de ametralladoras”, añadió Carmen.

Según su testimonio, el padre Solís fue el último en morir. “Solís fue absolviendo a todos. Cuando llegó el momento de matarlo a él, nadie se atrevía a hacerlo; por fin, un pobre lisiado llamado ‘el jibaillo’, que tenía fama de ser muy malo, disparó sobre él”.

El “Kolbe español”: el sacerdote que se ofreció por otro preso

Entre los fusilados aquel 3 de abril se encontraba Francisco de Paula Padilla Gutiérrez, párroco de San Martín de Arjona. Su acto heroico, en la cárcel de Jaén, hizo que se le conociera como el Kolbe español, en referencia a San Maximiliano Kolbe, el mártir polaco que también se ofreció por otro prisionero.

Según el testimonio de su compañero de celda, Fernando de la Haza Vizcaíno, una noche los milicianos comenzaron a llamar por lista a los prisioneros: “Un jefecillo, puesto en el centro de la galería, comenzó a llamar por lista ordenando se pusieran en fila; otros milicianos les iban atando las manos con alambre. La mayoría de los presos fueron al martirio en camisa, no les daban más tiempo para terminar de vestirse”.

Cuando llamaron a un hombre llamado José, padre de seis hijos, este comenzó a llorar y resistirse. Entonces, el sacerdote Padilla Gutiérrez dio un paso al frente: “Soy Francisco Padilla Gutiérrez, sacerdote. No tengo esposa ni hijos, por lo que suplico me llevéis a mí y no a este pobre hombre”.

Fue su último gesto. Poco después, los milicianos abrieron fuego. Algunos testigos aseguraron haber escuchado en la noche los gritos: “¡Viva Cristo Rey!”, seguidos de disparos.

La escena quedó recogida en el libro Relatos de la historia de un pueblo (Marmolejo), de Diego González Chincolla (1994).

El párroco del comedor social

Otro de los sacerdotes fusilados fue José Herrera Cano, párroco de Villacarrillo, España. Tenía 40 años y se había destacado por su entrega a los más pobres. En su parroquia había fundado un comedor social donde diariamente daba de comer a 250 parados en situación de miseria.

Su sobrina relató que no hacía distinción entre pobres de derechas o izquierdas, algo que, paradójicamente, fue considerado un agravante en su juicio. Se consideró probado que en su comedor asistía a todos los pobres, eso se consideraba un agravante porque dificultaba la revolución.

Lo fusilaron la noche anterior al beato Solís. Su cuerpo, como el de los demás, fue arrojado a la fosa común del cementerio.

El profesor que enseñaba fortaleza espiritual

Entre los mártires también se encontraba Francisco de Asís Morales, sacerdote de 65 años, profesor de ascética y mística en el seminario de Jaén y confesor de varias comunidades de religiosas. Les enseñaba: “No os quiero monjitas de dulce, sino fuertes como la mujer del Evangelio”.

Fue detenido en septiembre de 1936 y fusilado en la misma tapia del cementerio de Mancha Real el 3 de abril de 1937, tras haber celebrado clandestinamente la misa de Jueves Santo en prisión.

Otros sacerdotes que dieron su vida

Ese mismo día fueron asesinados también Ildefonso García Martínez, coadjutor de Begíjar, y Miguel Barberán Juan, compañero de Padilla Gutiérrez en Arjona. De ambos se sabe poco más que su fe inquebrantable hasta el final.

Antes de aquella matanza, otros tres sacerdotes habían sido ejecutados en Mancha Real durante 1936: Ildefonso Ortega González, de 63 años, conocido como “el cura Alfonsón”, fusilado el 30 de octubre de 1936. También estuvo José Ortega Carrillo, capellán de las agustinas de Jaén, denunciado por una lechera y asesinado en noviembre del mismo año. Y por último Juan Olid, joven sacerdote de 30 años, nacido en Mancha Real y coadjutor del pueblo, ejecutado el 29 de agosto de 1936 tras rechazar proposiciones indecentes de milicianas.

La memoria de los mártires de Jaén

Todos ellos forman parte del grupo de los mártires de Jaén, hombres de fe  y caridad, que hoy la Iglesia recuerda con gratitud.

El historiador y postulador Rafael Higueras —autor de los tomos Proceso sobre el martirio de los siervos de Dios Manuel Izquierdo Izquierdo y 129 compañeros— insiste en la importancia de rescatar sus nombres: “Creo que habría que ir a cada pueblo donde nació, murió o fue cura el mártir, hablar con la parroquia de allí, presentarles su figura y que lo conozcan”.

Hoy, tras su beatificación, sus historias vuelven a brillar como testimonio de perdón y amor, y sus nombres quedan grabados no solo en los altares, sino también en la memoria viva de los pueblos de Jaén.

Con información de Religión en Libertad

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