El torero le pidió al Papa una oración y bendición para todos aquellos que arriesgan su vida en el ruedo.

Foto: Vatican Media
Redacción (25/02/2026 14:41, Gaudium Press) Andrés Roca Rey que vive entre el campo y la plaza de toros, acaba de tener una experiencia que marca un punto de inflexión en su vida. El torero peruano famoso en todo el mundo, tuvo la oportunidad de saludar al Papa León XIV tras la audiencia general de la semana pasada.
Durante el saludo en la Plaza de San Pedro del Vaticano, al que acudió con su madre María Mercedes Valdez, el diestro limeño entregó al Santo Padre un capote de paseo, prenda ornamental que utilizan los toreros durante el paseíllo, el desfile inicial antes de la corrida.
El capote, bordado en oro, lleva una imagen de gran valor simbólico tanto para el torero como para el Papa: la del Señor de los Milagros, símbolo de la fe popular peruana y una de las devociones más veneradas del país, donde el Pontífice residió durante más de dos décadas.
Roca Rey explicó al Papa su deseo de que conservara un recuerdo del mundo de los toros y además le pidió una oración y bendición para todos los taurinos, especialmente para aquellos que arriesgan su vida en el ruedo.
Al compartir la misma nacionalidad, el torero también expresó que suponía un “honor y un orgullo” hacerle entrega de esta pieza como “símbolo de fe, tradición y unión entre culturas”.
Tener el “alma preparada para la vida eterna”
El torero ha hablado en más de una ocasión sobre su fe y afirmado sin tapujos que cree en Dios. Para Roca Rey, el riesgo que implica enfrentarse en cada faena a la bravura de un toro, exige tener el “alma preparada para vivir la vida eterna”.
Son varias las ocasiones en las que el Papa León XIV ha expresado que Perú ocupa “un lugar especial” en su corazón. Llegó a esa tierra en 1985, donde forjó una intensa labor pastoral que marcó profundamente su identidad eclesial y misionera, especialmente durante sus años de servicio en la diócesis de Chiclayo.
El origen de la devoción al Señor de los Milagros se remonta al siglo XVII, cuando un esclavo angoleño pintó una imagen de Cristo crucificado en una pared de adobe en Lima, que resistió milagrosamente los terremotos que devastaron la ciudad en 1655 y 1687.
Desde entonces, cada mes de octubre, miles de fieles en Perú acompañan la procesión de la imagen, ataviados con el tradicional hábito morado, en un testimonio de fe y unidad popular.
El pasado 19 de octubre, durante una procesión multitudinaria en Roma con la imagen del también llamado “Cristo morado”, León XIV saludó con afecto a todos sus devotos.
Con información de Aciprensa.





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