Segunda visita de Mons. Schevchuk en pocos meses al Pontífice.

Foto: @Vatican Media
Redacción (16/02/2026 11:33, Gaudium Press) El que un Papa reciba dos veces a un Arzobispo, en un periodo de pocos meses, ya es signo de que algo importante existe ahí. Es cierto que si se habla del Arzobispo Mayor de los ucranianos, jefe de la Iglesia greco-católica de ese país, ya la cuestión no es solo de importancia, sino de apoyo a su labor y la de su Iglesia.
En el encuentro del 12 de febrero pasado entre León XIV y Mons. Sviatoslav Schevchuk, a cuya denominación pertenece el 14% de los ucranianos, este prelado le entregó al Papa una lista de los ucranianos que están prisioneros de los rusos. También le regaló una escultura de una paloma de cerámica que había sido alcanzada por un fragmento de metal de un misil ruso. Todo un símbolo.
En el encuentro, en que fue renovada por parte del Arzobispo la invitación a visitar Ucrania (algo que ya había hecho Zelensky en visita al Pontífice), Mons. Schevchuk agradeció al Pontífice el esfuerzo vaticano por salvar vidas, y el Papa elogió la labor de los varios ministerios pastorales en el país eslavo; particularmente se sorprendió gratamente con el plano pastoral de “cura de heridas de guerra”. Esa pastoral, de acuerdo al Secretariado de la Iglesia greco-católica ucraniana, “se ha convertido en un espacio de solidaridad y unidad, que une a los ucranianos en Ucrania con la comunidad ucraniana mundial”.
Análisis
Entretanto, esa atención de León a Ucrania, tiene hilos que la unen con la geopolítica mundial.
Aupada aún más por el “caso Epstein”, Rusia insiste en su discurso de que son ellos la reserva moral del cristianismo en el mundo. Occidente decadente, y con élites que coquetean, o más, directamente con el satanismo, debe inclinarse ante un país en donde perduran las verdaderas tradiciones cristianas, un país que contiene lo que sería algo como la Nueva Roma, en Oriente.
Sin embargo, este discurso choca con la realidad de que después de un tiempo, particularmente el del anterior pontificado, en el que serias grietas al interior del catolicismo se evidenciaron, este Papa, ciertamente con dificultades, no solo ha unificado la Iglesia, sino que la ha relanzado en prestigio a nivel mundial.
En días pasados Gaudium Press noticiaba que, de acuerdo a una tradicional encuesta anual de Gallup International (en la que se consultó a más de 60.000 personas en más de 60 países), León XIV era el “líder global con una valoración más positiva”, 19 puntos por encima del segundo, Donald Trump. Asimismo, de los líderes mundiales, León XIV era el que menor oposición suscitaba, con 25% de impresiones desfavorables, 12 puntos menos que Narendra Modi, primer ministro de la India.
Asimismo, hace pocos días el secretario general de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea, padre Manuel Barrios, hablaba de una “muy probable” vista de León al Parlamento Europeo, movimiento que registra el prestigio del Papa, y que ciertamente suscitará ondas espirituales concéntricas.
Es cierto que la situación espiritual de Europa no es la mejor, y que, p ej., políticas en contra de la vida y la familia como las concibe la Iglesia Católica, siguen avanzando, algo que parecería justificar el discurso cesaro-papista de Putin y subordinados.
Sin embargo, también es cierto que los analistas ya registran movimientos significativos de sectores inesperados en Europa que redescubren la fe, movimientos que se manifiestan v. gr. en el número creciente de adultos que piden el bautismo. Estos movimientos, dieron materia al reciente congreso New York Encounter, que abordó la pregunta si se está ante un giro católico, un reverdecer católico, un renacimiento espiritual… o simplemente ante una pausa en el avance del secularismo.
Entonces, la propia figura prestigiosa de este Papa anula el discurso de una Rusia bastión exclusivo de la tradición y el cristianismo. Y eso tiene repercusión directa en Ucrania, que evidentemente es mucho más que el punto candente de un conflicto local, cuanto la primera línea de un conflicto gigante entre Oriente y Occidente.
Así, el encuentro entre el Papa y Schevchuk, no es solo el de un jerarca religioso con otro local, cuanto la reunión entre el máximo líder espiritual global, con mucha influencia también global a nivel cultural y político, en apoyo al máximo jerarca de la Iglesia de ese líder en el sitio más candente del planeta.
Evidentemente de esto no puede no tomar nota Putin, subordinados y aliados, y también los demás líderes del planeta. (SCM)




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