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En la Casa Santa Marta, el Papa habla sobre el destino de los hombres buenos y de los malvados
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8 de Octubre de 2015 / 0 Comentarios
 
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Ciudad del Vaticano (Jueves, 08-10-2015, Gaudium Press) En su homilía en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco reflexionó, basado en las lecturas del día, en el destino de los buenos y de los hombres malvados. A veces parece que el destino de los malos es mejor, por lo menos en esta tierra.

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"¿Qué ventaja hemos recibido -fue el grito que el Papa Francisco recogió de la lectura del Profeta Malaquías- por haber observado" los mandamientos de Dios, mientras los "soberbios" aun "haciendo el mal, se multiplican y, aun provocando a Dios, permanecen impunes?".

"¿Cuántas veces vemos esta realidad en gente mala - se pregunta el Papa, en gente que hace el mal y que parece que en la vida le vaya bien: son felices, tienen todo lo que quieren, a ellos no les falta nada? ¿Por qué Señor? Es uno de los tantos porqués... ¿Por qué a éste que es un descarado al que no le importa nada, ni de Dios ni de los demás, que es una persona injusta, incluso mala, le va bien todo en su vida, tiene todo lo que quiere y nosotros que queremos hacer el bien tenemos tantos problemas?".

Entretanto, afirmó el Pontífice, Dios jamás abandona a los justos, mientras quienes siembran el mal son como desconocidos, de los cuales el cielo no recuerda su nombre.

El Salmo habla del hombre "bienaventurado", aquel "que no entra en el consejo de los malvados", y que "encuentra su alegría" en el cumplimiento de la "ley del Señor". Dios se encargará de darle el gozo merecido. En cambio de los malvados, de aquellos que pareciera que todo les va bien, dice el salmista: "No así, no así los malvados, como cascarilla que el viento dispersa. Porque el Señor vela por el camino de los justos, mientras el camino de los malvados cae en ruina".

El Papa termina su meditación comentando el Evangelio, que narra la historia del pobre Lázaro que buscaba recoger las migajas que caían de la mesa del rico, para paliar su miseria.

"Es curioso que de aquel hombre no se dice su nombre. Es sólo un adjetivo: es un rico. De los malvados, en el Libro de la Memoria de Dios, no hay nombre: es un malvado, es un estafador, es un explotador... No tienen nombre, sólo tienen adjetivos. En cambio, todos aquellos que tratan de caminar por la senda del Señor, estarán con su Hijo, que tiene nombre: Jesús Salvador. Pero un nombre difícil de comprender, incluso inexplicable por la prueba de la cruz y por todo aquello que Él ha sufrido por nosotros".

Con información de Radio Vaticano

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En la Casa Santa Marta, el Papa habla sobre el destino de los hombres buenos y de los malvados

Ciudad del Vaticano (Jueves, 08-10-2015, Gaudium Press) En su homilía en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco reflexionó, basado en las lecturas del día, en el destino de los buenos y de los hombres malvados. A veces parece que el destino de los malos es mejor, por lo menos en esta tierra.

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"¿Qué ventaja hemos recibido -fue el grito que el Papa Francisco recogió de la lectura del Profeta Malaquías- por haber observado" los mandamientos de Dios, mientras los "soberbios" aun "haciendo el mal, se multiplican y, aun provocando a Dios, permanecen impunes?".

"¿Cuántas veces vemos esta realidad en gente mala - se pregunta el Papa, en gente que hace el mal y que parece que en la vida le vaya bien: son felices, tienen todo lo que quieren, a ellos no les falta nada? ¿Por qué Señor? Es uno de los tantos porqués... ¿Por qué a éste que es un descarado al que no le importa nada, ni de Dios ni de los demás, que es una persona injusta, incluso mala, le va bien todo en su vida, tiene todo lo que quiere y nosotros que queremos hacer el bien tenemos tantos problemas?".

Entretanto, afirmó el Pontífice, Dios jamás abandona a los justos, mientras quienes siembran el mal son como desconocidos, de los cuales el cielo no recuerda su nombre.

El Salmo habla del hombre "bienaventurado", aquel "que no entra en el consejo de los malvados", y que "encuentra su alegría" en el cumplimiento de la "ley del Señor". Dios se encargará de darle el gozo merecido. En cambio de los malvados, de aquellos que pareciera que todo les va bien, dice el salmista: "No así, no así los malvados, como cascarilla que el viento dispersa. Porque el Señor vela por el camino de los justos, mientras el camino de los malvados cae en ruina".

El Papa termina su meditación comentando el Evangelio, que narra la historia del pobre Lázaro que buscaba recoger las migajas que caían de la mesa del rico, para paliar su miseria.

"Es curioso que de aquel hombre no se dice su nombre. Es sólo un adjetivo: es un rico. De los malvados, en el Libro de la Memoria de Dios, no hay nombre: es un malvado, es un estafador, es un explotador... No tienen nombre, sólo tienen adjetivos. En cambio, todos aquellos que tratan de caminar por la senda del Señor, estarán con su Hijo, que tiene nombre: Jesús Salvador. Pero un nombre difícil de comprender, incluso inexplicable por la prueba de la cruz y por todo aquello que Él ha sufrido por nosotros".

Con información de Radio Vaticano


 

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