miércoles, 25 de febrero de 2026
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Papa a Congreso guadalupano: No es la cultura la que define al Evangelio, sino el Evangelio el que ilumina a la cultura

En un mensaje al Congreso Guadalupano en Ciudad de México, el Papa afirmó que toda cultura debe ser iluminada y transformada por la gracia de Cristo.

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Foto: VaticanNews

Redacción (25/02/2026 11:29, Gaudium Press) En un mensaje dirigido a los participantes del Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano, que se celebra del 24 al 26 de febrero en Casa Lago, Ciudad de México, el Papa León XIV reflexionó sobre un tema central para la misión de la Iglesia,  la inculturación del Evangelio. El documento, fechado el 5 de febrero y dado a conocer este martes, ofrece precisiones claras sobre cómo la Iglesia entiende y debe vivir este proceso, evitando desvíos que lo desnaturalicen.

Este congreso, organizado en el marco de los preparativos hacia el quinto centenario de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, tiene por título Nuestra Señora de Guadalupe, el Acontecimiento y sus enseñanzas para los procesos de Evangelización. El Papa tomó este espacio para retomar y enriquecer el concepto de inculturación, considerado por él mismo como una “exigencia intrínseca de la misión de la Iglesia”, y no una opción menor en la labor evangelizadora.

¿Qué es verdaderamente la inculturación?

Desde el inicio de su mensaje, el Pontífice plantea una verdad fundamental: Jesucristo no se revela como una idea abstracta ni como algo impuesto desde fuera de la historia, sino que entra en diálogo con las culturas y con la libertad de las personas. En este sentido, afirma que el anuncio de la Buena Nueva acontece siempre dentro de una experiencia concreta.

Partiendo de ese principio, el Papa insiste en que la inculturación no es una estrategia secundaria ni un recurso pastoral meramente pragmático, sino una dimensión exigente de la misión evangelizadora. La Iglesia no puede ignorar la realidad cultural de quienes acoge en el anuncio de la fe, porque el Evangelio se hace presente en las lenguas, en los símbolos y en las formas de pensar y de sentir de cada pueblo.

Según el Pontífice, esto no significa sólo utilizar elementos culturales de forma externa. La inculturación implica asumir las lenguas, los símbolos, las formas de pensar, de sentir y de expresarse de cada pueblo como espacios donde la gracia de Dios desea habitar y obrar. Es, en definitiva, un encuentro profundo entre la fe cristiana y los valores culturales de los pueblos.

No es relativismo ni sacralización cultural

Sin embargo, el Papa advierte que inculturación no equivale a sacralizar las culturas ni a adoptarlas como marco interpretativo definitivo del Evangelio. En este punto, el Pontífice ofrece una enseñanza que pretende disipar confusiones, no se puede reducir la expresión de la fe a un simple sincretismo o a una acomodación que relativice la verdad revelada.

Con claridad categórica señala que “ninguna cultura, por valiosa que sea, puede identificarse sin más con la Revelación ni convertirse en criterio último de la fe”. Asimismo, añade que aceptar sin crítica todo lo que proviene de una tradición cultural y justificar prácticas o visiones del mundo que contradicen el mensaje de Cristo equivaldría a negar que toda cultura debe ser iluminada y transformada por la gracia que brota del misterio pascual de Cristo.

Así pues, para el Papa, la inculturación auténtica no es complaciente ni pasiva ante elementos culturales que pueden distorsionar la verdad. Es, por el contrario, un proceso exigente de discernimiento y purificación, en el que se reconoce lo bueno y valioso sin renunciar jamás a la integridad del Evangelio.

Un proceso transformador, no meramente adaptativo

En su mensaje, el Pontífice explica que la inculturación verdadera es un proceso exigente y purificador, mediante el cual la Iglesia, manteniendo íntegra la verdad del Evangelio, reconoce y asume las semilla Verbi presentes en cada cultura. El término hace referencia a aquellos valores y elementos culturales que anticipan o resuenan con la verdad cristiana, y que pueden ser cultivados y elevados por la gracia divina.

Al mismo tiempo, señala que lo que oscurece o deforma la dignidad humana debe ser purificado y transformado. Esta dimensión implica, según el Papa, un acto de amor hacia las culturas, no preservarlas en su estado actual, sino permitir que sean transformadas desde adentro por Cristo, en su misterio de muerte y resurrección.

Una de las frases más contundentes del mensaje pone al centro la figura de Jesucristo como la única referencia segura: “Jesucristo es, pues, el único criterio de autenticidad y plenitud”. Todo proceso de inculturación debe orientarse hacia Él, y no al revés. No es la cultura la que define al Evangelio, sino el Evangelio el que ilumina, purifica y sana a la cultura.

Desde esta perspectiva, el Papa ve en Santa María de Guadalupe un ejemplo de inculturación de la verdad salvífica. La Morenita, con su presencia maternal y su tilma, expresa una pedagogía divina que enseña cómo la fe cristiana puede hacerse presencia en un contexto cultural específico sin perder su identidad.

Una fe en contexto urbano y plural

El Pontífice también reflexiona sobre los desafíos contemporáneos. Hoy, dice, la transmisión de la fe ya no puede darse por supuesta, especialmente en contextos urbanos y plurales donde las visiones del hombre y de la vida muchas veces relegan a Dios a lo privado o lo prescindible.

En este marco, refuerza que fortalecer la evangelización exige una inculturación capaz de dialogar con la complejidad cultural y antropológica actual, pero sin asumir acríticamente las corrientes dominantes. El objetivo, afirma, “es suscitar una fe adulta y madura, sostenida en contextos exigentes y a menudo adversos”.

Finalmente, el Papa hace un llamado explícito a revalorizar la catequesis como una prioridad insustituible en la acción pastoral. Subraya que este proceso formativo no puede quedar en un segundo plano, aunque suponga ir a contracorriente de los discursos culturales dominantes. Para que la inculturación sea fecunda, la Iglesia necesita una catequesis sólida que permita arraigar la fe en la vida de las personas, especialmente en medio de sociedades complejas y cambiantes.

Con información de Religión en Libertad

 

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