Una cifra récord de 13.000 peregrinos visitó el Santuario, para honrar al santo patrono de los pescadores.
Redacción (05/03/2026 15:02, Gaudium Press) Fieles procedentes de la India y de Sri Lanka celebraron el 26 de febrero la fiesta de San Antonio de Padua en la Isla de Katchatheevu.
La fiesta de este año registró una cifra récord de 13.000 peregrinos, incluidos unos 4.000 del estado Tamil Nadu en la India, que convergieron en la isla, normalmente desierta, situada entre ambos países. Las autoridades, que esperaban alrededor de 5.000 devotos basándose en años anteriores, se vieron sorprendidas.
Los peregrinos llegaron también desde Sri Lanka —de Negombo, Thalai Mannar y Kalpitiya— mientras que cientos más cruzaron el estrecho de Palk en barco para asistir a la celebración anual del santo patrón de los pescadores. La multitud era tan grande que algunos devotos esperaron interminablemente en el embarcadero de Kurikkaatuvan en Jaffna, sin encontrar un ferry.
El Vicario General de la Diócesis de Jaffna, Padre P. J. Jebaratnam, quien ofició la Santa Misa, admitió que la asistencia sin precedentes los había tomado por sorpresa. “San Antonio me preguntó: ‘¿Cómo es que no esperabas que viniera tanta gente a verme?’”, relató con una sonrisa. “Tenemos que tomar las medidas necesarias en el futuro para acomodar a todos los peregrinos”.
Símbolo de unidad y reconciliación
La magnitud de la devoción fue especialmente impactante, dado el complejo pasado político de la isla. Katchatheevu, cedida a Sri Lanka por la India en 1974, sigue siendo objeto de disputa entre los dos vecinos. El festival del año pasado se desarrolló bajo la sombra de estas tensiones territoriales, lo que llevó al presidente de Sri Lanka, Anura Kumara Dissanayake, a visitar el santuario en una muestra de solidaridad nacional.
Los políticos de Tamil Nadu han seguido pidiendo a la India que reclame la isla, citando repetidos enfrentamientos entre pescadores y arrestos por violaciones territoriales. Sin embargo, el 1º. de marzo, la fe trascendió la política.
Durante la misa, el padre Jebaratnam reconoció la soberanía de Sri Lanka, al tiempo que enfatizó la unidad espiritual. “Aunque pertenece a Sri Lanka geográficamente, sacramental y espiritualmente nos pertenece a todos”, dijo a la congregación. Su sermón se centró en la unidad, la paz y la reconciliación, valores que reflejan el legado perdurable del santo portugués.
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Un viaje de fe cumplido
Para S. Devasagayam, un trabajador de 80 años, jubilado de una plantación de té de Passara, en la provincia de Uva, Sri Lanka, la Fiesta de San Antonio en la isla de Katchatheevu fue más que una peregrinación: fue el cumplimiento de un sueño de seis décadas.
Cuando joven, en las colinas de té de la Provincia Central, Devasagayam había oído a menudo historias sobre la diminuta isla deshabitada del estrecho de Palk, un lugar de milagros y devoción compartido por srilanqueses e indios. Tras años de espera, finalmente emprendió el viaje este año, recorriendo más de 400 kilómetros en autobús hasta Jaffna, y luego esperando durante horas un ferry que lo llevaría al lugar sagrado el 27 de febrero.
“Creo firmemente que necesitas una invitación de San Antonio para visitarlo en este lugar de peregrinación”, dijo Devasagayam. Mientras se preparaba para la Santa Misa del 1 de marzo, el octogenario se emocionó profundamente: “Me alegro. Me siento bendecido”, murmuró.
Para el anciano Devasagayam, el largo y arduo viaje fue más que físico: fue una culminación espiritual. “Fue una gran experiencia espiritual para alguien como yo, que pasó décadas trabajando arduamente en plantaciones de té y caucho en lo alto de las montañas”, reflexionó.
Mientras miles de personas partían de Katchatheevu después de la misa, el recuerdo de la isla, suspendida entre dos naciones pero unida por una misma fe, perduraba. Para peregrinos como Devasagayam, la festividad de San Antonio fue una prueba de que la devoción aún une las aguas que las fronteras no pueden separar.
Raju Hasmukh con información de UCA News.






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