martes, 24 de marzo de 2026
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Vaticano: Velo de la Verónica es expuesto en la Basílica de San Pedro

La “Santa Faz” fue venerada por los devotos, quienes en silencio elevaron sus miradas hacia el precioso velo en el cual está impresa la fisionomía de sufrimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Vaticano Veu de Veronica e exposto na Basilica de Sao Pedro 1

Redacción (24/03/2026 12:01, Gaudium Press) Al final de la tarde del pasado domingo 22, numerosos fieles se reunieron en oración alrededor del Baldaquino del Altar de la Confesión, en la Basílica de San Pedro, para presenciar la exposición del “Velo de la Verónica” y participar en la Santa Misa presidida por el Cardenal Mauro Gambetti.

La “Santa Faz” fue venerada por los devotos, quienes en silencio elevaron sus miradas hacia el velo precioso en el cual está impresa la fisionomía de sufrimiento de Nuestro Señor Jesucristo, que, sobre todo en este tiempo litúrgico de la Cuaresma, nos recuerda la sangre por Él derramada manifestando Su profunda compasión por cada uno de nosotros.

Contraste entre la vida de Nuestro Señor y la muerte de Lázaro

En su homilía, el Cardenal Gambetti resaltó el profundo contraste entre la vida que Nuestro Señor Jesucristo trajo y la muerte de Lázaro. La promesa de Jesús anuncia la “victoria definitiva sobre los exilios a los cuales estamos condenados: los abandonos, las esclavitudes, las enfermedades, las difamaciones, las ofensas, las persecuciones, la muerte”.

Citando a San Francisco, el purpurado explicó que la muerte evocada en el Velo de la Verónica puede convertirse en hermana, “cuando abre las puertas para el encuentro con Jesucristo, como sucedió con Lázaro. El morir físico, pero también nuestra caducidad, sobre todo la del corazón, mortifica la vida. La muerte del alma puede tornarse hermana cuando rezamos profundamente”.

El hombre fue hecho para la vida

Vaticano Veu de Veronica e exposto na Basilica de Sao Pedro 3

Explicó además que la clave para la transformación que lleva de la muerte a la nueva vida es el amor. “El Evangelio de hoy recuerda que Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. El amor es lo que lo lleva a atravesar con sus amigos el dolor de la pérdida”. De ese amor nace la compasión de Cristo, de la cual surge la necesidad de proximidad.

El llanto de Jesús ante la tumba de Lázaro es el signo de la compasión divina porque “el hombre no fue hecho para la muerte, no fue hecho para el aislamiento ni para placeres egoístas, no fue hecho para estar encadenado o triste. El hombre fue hecho para la vida, para compartir dones con los otros, para vivir en relación, para ser libre y alegre”, continuó Gambetti.

Experimentar la alegría de la resurrección

“Que la mujer que enjugó el rostro de Jesús con el velo que veneramos nos enseñe los sentimientos con que debemos seguir a Jesús. Y María, que llevó en sí el germen de la vida aun mientras su Hijo moría y una espada le traspasaba el alma, nos acompañe hasta el pie de la Cruz para experimentar con ella, entre lágrimas, la alegría de la resurrección en toda situación, en todo momento y en todo tiempo”, concluyó el Cardenal. (EPC)

 

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