martes, 21 de abril de 2026
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La herida del crucifijo al sur del Líbano: una ofensa “que no cicatriza fácilmente”

La Asamblea de los Ordinarios Católicos de Tierra Santa (ACOHL) emitió ayer una declaración de condena sin reservas ante la profanación de esta imagen.

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Redacción (21/04/2026 15:49, Gaudium Press) Es cierto que no solo el ministro de exteriores israelí se disculpó, sino que también lo hizo el primer ministro Netanyahu. Es también verdad que el crucifijo ya fue restaurado y puesto en su lugar. Pero la herida que quedó entre los cristianos, por la foto que circuló en el mundo entero de un soldado israelí destrozando un gran Crucificado en la localidad libanesa de Debel no cicatriza fácilmente.

La Asamblea de los Ordinarios Católicos de Tierra Santa (ACOHL) emitió ayer una declaración de condena sin reservas ante la profanación de esta imagen. El documento, firmado por el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén y presidente de la Asamblea, no deja lugar a medias tintas: se trata de “una grave afrenta a la fe cristiana”.

Pero más allá de las palabras formales del comunicado, lo que emerge entre líneas es una realidad incómoda: esta herida no va a sanar pronto, y hay razones concretas para pensarlo así.

Un patrón, no un incidente aislado

La declaración no habla de un hecho único.

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Señala explícitamente que este acto “se suma a otros incidentes reportados de profanación de símbolos cristianos por parte de soldados israelíes en el sur del Líbano”.

Cuando una institución de la talla de la ACOHL usa el plural —y lo hace con cuidado— no lo hace por accidente. Hay un contexto, hay una acumulación, y eso cambia radicalmente la naturaleza del daño. Una ofensa puede perdonarse; un patrón exige otra respuesta.

La desconfianza institucional como telón de fondo

La Asamblea no se limita a condenar: exige “acción disciplinaria inmediata y decisiva, un proceso creíble de rendición de cuentas y garantías claras de que tal conducta no volverá a tolerarse ni a repetirse”. El lenguaje —especialmente la palabra creíble— habla de una confianza ya deteriorada. La herida requiere hechos, no gestos.
El dolor de ver lo sagrado pisoteado

Para las comunidades cristianas de Tierra Santa el crucifijo no es una decoración religiosa: es el símbolo del corazón mismo de la fe. Ver esa imagen profanada en tierra que consideran sagrada, en medio de un conflicto que ya los ha golpeado de múltiples formas, reactiva memorias largas y dolores que van mucho más allá del incidente puntual.

Una paz que aún no llega

La declaración cierra con una cita del Papa León XIV sobre una paz “desarmada… que llama a volver la espada a su vaina”, y renueva el llamado urgente a poner fin a la guerra que “ha atormentado esta región por demasiado tiempo”. Ese final no es retórico: es el contexto en el que ocurre todo. Mientras el conflicto continúe, cada ofensa cae sobre tierra removida, sobre una herida que no tiene posibilidad real de cerrarse.

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