lunes, 11 de mayo de 2026
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Los 6 tipos de cerebro: Neuroanatomía con agua bendita

Un día un psiquiatra se preguntó: ¿por qué si todos los especialistas pueden observar el órgano de sus esfuerzos, nosotros no observamos el cerebro?

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Foto: Robina Weermeijer / Unplash

Redacción (10/05/2026 18:15, Gaudium Press) Recuerdo con añoranza y fácil sonrisa, el momento en el que aquel que luego sería el virtuoso padre Tejedor, decía a algunos de los que ya merodeábamos por la sala noble de la sede: “prenda esa chimenea ‘rapaz’ —que así les llamaba a los jóvenes—; está haciendo bastante frío”. Quería él ir ambientando la reunión que sería dada, en las primeras oscuridades de la noche, antes de la cena, encuentro siempre ameno e instructivo como los que él solía realizar.

Pero si la reunión iba a versar sobre los 4 temperamentos, el ambiente se ponía más picante y ya marcadamente interesante.

De eso ya son más de tres décadas.

Que la doctrina del P. Royo Marín y los 4 temperamentos; que si Santo Tomás era flemático, que si San Juan Evangelista era exponente del nervioso, que si San Ignacio evidentemente era colérico, que si San Pedro era un caso típico del temperamento sanguíneo. Que si el flemático era como el buey mudo y tranquilo, que si el colérico era como el tigre que camina acechando en la pradera, que si el sanguíneo era como esos canes fácilmente reactivos pero rápidamente tranquilos, que si el nervioso era algo así como un ave rapaz, tranquila, de mirada y sentimientos profundos y reflexiva.

Que ese Hipócrates, que fue el que primero que habló de estas 4 formas de ser básicas, 400 años antes de Cristo; que cómo había hecho para acertar tanto, basándose en algo realmente inexistente, como eran los tales ‘fluídos corporales’ o los ‘humores’.

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Esas recordadas reuniones con don Tejedor no solo eran ocasión de introspección propia, sino la oportunidad de las consabidas pullas a los vecinos, para reírse un tanto de sus defectos o caracterizaciones, reales o ficticios, ejemplificados en cada una de la descripciones de los 4 temperamentos. De tal manera esa teorización de Hipócrates perfeccionada con el tiempo, mostraba cierta base en la realidad.

Pero pasaron más de 3 décadas… y entonces un día, estando solo en una casa de campo, tuve algo a la manera de insight (momento ‘ajá’), combinado con lo que los americanos llaman impíamente de epiphany, que no es propiamente una manifestación celestial, pero sí una especie de ‘revelación’ de un gran hallazgo.

Ya preparándome para el descanso nocturno, sin tanto sueño, hurgué en la mesa de noche de mi hermana, en el cajón inferior, y encontré un libro aún sin desempacar, que ya había pasado por mis manos varias veces, del que incluso yo ya había obsequiado algunos ejemplares, pero que nunca había recorrido en su lectura. El libro tenía apartes que me entusiasmaron, pero particularmente lo hicieron ciertos trechos citados de un psiquiatra que dizque ya era famoso, autor #1 de best sellers del New York Times; esa noche me decidí adquirir alguna de sus obras, para conocerlo mejor.

Ya de regreso en la capital, el impacto de esos textos no se me había borrado, y su recuerdo me llevó pronto a una de las principales librerías de la ciudad.

s l960Ah, Daniel Amen, sí, creo que están en la sección de ‘superación’. Pero déjeme reviso antes en el sistema, dijo una de las dependientas. Vamos. Aquí está, este uno de los últimos…

La portada, me fue de todo menos entusiasmante: un globito amarillo sobre el que se estampaba una cara idiota de happy face, sobre un fondo azul celeste infantil, y un título cliché de esos libros de superación o autoayuda de medio pelo, que prometen las perlas y el oro de la Isla del Tesoro, pero que terminan decepcionando por su falta de contenido o promesas incumplidas, no sin antes haber esquilmado los bolsillos de los muchos compradores de fantasías: “Sé más feliz”, You happier, en su idioma original.

Otro flautista de Hamelín, pensé.

No obstante, recordé el primer buen impacto tenido días atrás, y lo adquirí, sin mucha esperanza.

El libro en seguida se reveló como de fácil lectura; se percibía rápidamente que el Dr. Amen ya tenía práctica en el manejo de la pluma, en un texto lleno de ejemplos, anécdotas personales, y otros recursos, que servían para tornar más que digerible un asunto que no dejaba de ser científico.

Pero cuando comenzó a tratar de los tipos de cerebro, el asunto se volvió ciertamente entusiasmante, insight.

Amen parecía de verdad estar destinado por Dios para esa misión, de mostrar al mundo que sí hay un espejo de la personalidad, una ventana del alma, y que más que los ojos era el cerebro.

Cuenta él que entre las muchas materias que debió cursar en su carrera de medicina, tuvo un especial entusiasmo y pasión por la neuroanatomía. De hecho había que tener una vocación específica y medio divina para perder el aliento y el sueño conociendo de lóbulos, vasos sanguíneos, neuronas y cortezas. ( Yo por mi parte, sigo prefiriendo los cuentos de Tintín, o las novelas tipo Dumas o Agatha Christie). De hecho, se volvió un experto en la materia.

Ya graduado, en la práctica terapéutica psiquiátrica, Amen un día se hizo una pregunta:

Todos los especialistas pueden observar directamente el órgano sobre el cual trabajan: el cardiólogo revisa e investiga el corazón, el endocrinólogo todas las glándulas necesarias, el gastroenterólogo las vías digestivas, y así por delante… pero el psiquiatra, ¿no debería observar el cerebro? ¿Por qué debe guiar su práctica solo analizando los síntomas externos, a veces tan cambiantes y tan poco definitivos?

Fue entonces que se decidió a profundizar en el análisis de ese órgano complejísimo, irremplazable, que representa solo el 2% del peso corporal pero que consume más del 20% de la energía del cuerpo, del cual depende todo el funcionamiento del organismo humano, desde sus actividades más simples y autónomas, como el respirar o el latir del corazón, hasta las más elaboradas y espirituales, como el razonamiento, la planeación, la creatividad, la atención y la concentración.

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Para esa tarea de análisis, el Dr. Amen confió en los escáneres SPECT, un tipo de medicina nuclear que genera imágenes 3D, la cual mide por medio de radiotrazador el flujo sanguíneo y la actividad metabólica cerebral. Sabría él así, qué zonas del cerebro se ‘apagaban’ y cuáles se ‘prendían’, o cuáles tendían más bien a estar apagadas, y cuáles intensamente prendidas, en cada persona revisada.

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Al momento en que leí You happier, habían pasado por la revisión del Dr. Amen más de 260,000 escáneres cerebrales (¡¡260,000!!), de personas de todas las condiciones, de toda la faz de la tierra, de más de 150 naciones.

Pero había sido mucho antes, cuando él ya había empezado a percibir patrones, entre lo que él veía en los escáneres y lo que le decían los test y la observación de la personalidad de su clientes y pacientes.

Para resumir la historia, que ya va larga, va aquí una exposición sintética de algunos de los principales puntos de esos hallazgos, que no solo evidencia la existencia de los 6 tipos básicos de cerebros y sus combinaciones, sino de sus ‘fallas’ y su ‘ventajas’, y de la real posibilidad que existe de que, con una buena terapéutica multicausal (de estilo de vida, nutricional, psicológica, y sobre todo la gracia de  Dios, digo yo), se vayan superando las carencias rumbo a la meta de lo que él llamó un ‘cerebro equilibrado’, ‘completo’, es decir el de aquellos con facilidad para la concentración, control de impulsos, meticulosidad, flexibilidad, positividad, resiliencia, estabilidad emocional, y con baja inclinación al déficit de atención, la impulsividad, la no fiabilidad, las preocupaciones excesivas, la negatividad que bloquea y la ansiedad. (1)

Antes, digamos por qué hemos titulado esta nota como Neuroanatomía con algo de agua bendita.

El Dr. Amen habla desde el plano científico, y plantea escenarios y caminos desde la mera y natural ciencia. Es normal. Pero puede ocurrir a algún lector, que adentrarse en estas veredas le haga olvidar lo esencial, y es que no fuimos creados para la mera naturaleza, sino que fuimos creados para que en nosotros habite la gracia de Dios, la gracia de Cristo. Cualquier proceso de mejora, es ridículo, si no se considera que el principal actor debe ser la gracia divina, la cual se implora con la oración, y se adquiere principalmente con los sacramentos de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

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Foto: Unplash / Katherine Hanlon

Entonces, el agua bendita que aquí rociamos, es para exorcizar ese peligro naturalista. Dicho esto, miremos un resumen de los mapas que encontró en su investigación el Dr. Amen, que ciertamente es bueno conocer los terrenos en los cuáles nos movemos, esos mismo terrenos en los que incluso se mueve la gracia. Ciertamente la generalidad de los lectores se sentirá en cierto momento ‘atrapado’.

Vayamos pues, a esta versión actualizada y neurocientífica, no exhaustiva sino a lo vuelo de pájaro, de la teoría de los 4 temperamentos:

Los seis tipos de cerebro según el Dr. Daniel Amen

1. El Cerebro Equilibrado

Este es el tipo de cerebro que tal vez todos desearían tener.

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Fotos: Tomadas del libro citado del Dr. Amen

En el modelo de Daniel Amen, el cerebro equilibrado es aquel que muestra una actividad cerebral uniforme y bien distribuida en todas sus regiones: corteza, zona límbica, cerebro reptiliano. Las personas con este tipo de cerebro generalmente toman buenas decisiones, tienen control sobre sus impulsos, son fiables y emocionalmente balanceadas.

Las diversas zonas cerebrales funcionan en armonía perfecta, así como los neurotransmisores se encuentran en niveles adecuados. Este equilibrio neurológico se traduce en estabilidad emocional y claridad mental en la vida cotidiana. Tener un cerebro equilibrado es como tener un buen auto que el conductor gestiona bien.

Características del Cerebro Equilibrado

Facilidad de concentración: Mantienen la atención en tareas importantes sin distraerse fácilmente.

Control de impulsos: Gestionan razonablemente sus impulsos y toman decisiones reflexivas.

Meticulosidad balanceada: Son cuidadosos con los detalles sin caer en la obsesión.

Flexibilidad mental: Se adaptan a cambios y nuevas situaciones con naturalidad y apertura.

Positividad consistente: Mantienen una actitud optimista ante los desafíos cotidianos.

Resiliencia emocional: Se recuperan efectivamente de situaciones estresantes o adversas.

Las personas con cerebro equilibrado están lejos de tener déficit de atención, no caen en preocupaciones excesivas, ni en patrones de negatividad persistente o ansiedad crónica. Representan el funcionamiento cerebral óptimo que favorece el bienestar integral.

2. El Cerebro Persistente

Las personas con cerebro persistente se caracterizan por una voluntad firme y una determinación prácticamente inquebrantable. Gustan de las rutinas y protocolos establecidos, son excelentes para detectar errores y problemas potenciales, y se puede confiar plenamente en que cumplirán las metas propuestas. Son meticulosos y cuidadosos en su trabajo.

Sin embargo, también tienen sus áreas de desafío: tienden a ser poco adaptables ante cambios, les cuesta ver lo positivo de las situaciones, pueden quedarse atrapados en bucles de pensamiento repetitivo, tienen tendencia a la oposición y al resentimiento, y el trabajo en equipo puede resultarles desafiante. Les caracteriza además una escasa autocrítica hacia sus propias limitaciones.

Bases neurológicas del Cerebro Persistente

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A nivel estructural, este tipo de cerebro presenta alta actividad en el giro cingulado anterior, que funciona como la palanca de cambios del cerebro. Esta estructura se encuentra detrás de la corteza prefrontal y es responsable de la flexibilidad cognitiva, entre otras funciones. Cuando esta área está hiperactiva, la persona puede quedarse “atascada” en pensamientos o comportamientos, lo que explica su persistencia tanto en aspectos positivos como negativos.

Recomendaciones para cerebros persistentes

Centrarse más en lo que les gusta que en lo que no: la investigación demuestra que el lugar al que se dirige la atención determina cómo uno se siente y el nivel de serotonina que produce el cerebro, siendo la serotonina una especie de neurotransmisor de la felicidad tranquila y plena. Es fundamental para estos cerebros generar flexibilidad cognitiva cultivando la meditación y momentos de silencio, así como suplementos como vitamina D, B6, B12 y curcumina. El objetivo último es que la producción de serotonina ayude a engrasar el “cambio de marchas” del cerebro y calmar el giro cingulado anterior.

3. El Cerebro Espontáneo

Las personas con cerebro espontáneo actúan de forma natural y auténtica, sin planificación excesiva. Les gusta explorar territorios desconocidos, tienen pensamiento divergente y soluciones innovadoras, y una curiosidad que los lleva a un amplio rango de intereses. Pueden tener déficit de atención, son impulsivos —lo cual les permite actuar rápidamente—, les encantan las sorpresas y tienen una energía y entusiasmo contagiosos.

Sus áreas de mejora incluyen que las rutinas pueden cansarlos y aburrirlos rápidamente, pueden carecer de sentido práctico, tienden a cierta desorganización en su vida personal y profesional, y no valoran la estabilidad tanto como otros tipos. La vida con una persona de cerebro espontáneo puede ser una constante aventura, pero no todos gustan de estar en una montaña rusa a toda hora.

Bases neurológicas del Cerebro Espontáneo

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El cerebro espontáneo presenta bajo nivel de actividad en la corteza prefrontal, la región ejecutiva del cerebro responsable de la planificación, el control de impulsos y la toma de decisiones reflexivas. Esta menor actividad explica por qué estas personas tienden a ser más impulsivas, creativas y menos atadas a las convenciones sociales. Su cerebro está configurado para la acción inmediata y la exploración constante del entorno.

Recomendaciones para cerebros espontáneos

Es importante ayudar a la persona con cerebro espontáneo a organizarse, acompañarla en el cumplimiento de plazos específicos para tareas y proyectos, y fortalecer su capacidad de concentración. Hay que tener en cuenta que su corteza prefrontal está relativamente “dormida”, y que su impulsividad puede generar problemas en el trabajo y en casa, pues su expresividad no tiene mucho freno. Su actitud despreocupada ante horarios y rutinas puede ser percibida por otros como falta de respeto.

En entornos laborales pueden aportar creatividad e innovación, y su capacidad de crear un ambiente alegre puede favorecer la sociabilidad y las ventas. Si la persona tiene síntomas de TDAH, vale la pena visitar a un especialista sin ningún prejuicio. En general, se recomienda practicar ejercicio, tomar el sol, marcarse objetivos concretos y dormir bien: el sueño ayuda al cerebro a eliminar toxinas acumuladas durante el día y a mantener las conexiones neuronales activas.

4. El Cerebro Sensible

Son personas que no gustan de la hiperestimulación —por ejemplo cuando se encuentran en multitudes—, y que viven intensamente los sentimientos de los demás. Sus rasgos distintivos son la alta sensibilidad, los sentimientos profundos y una marcada empatía.

Como áreas de desafío, decimos que tienen un ánimo variable, tienden al pesimismo y a la depresión, albergan muchos pensamientos automáticos negativos (ANT, por sus siglas en inglés) y tienden al aislamiento. Su felicidad no es constante y son volubles. No son personas superficiales, pero les cuesta mantener pensamientos positivos de manera sostenida.

Bases neurológicas del Cerebro Sensible

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Este tipo de cerebro no se deja impulsar fácilmente. Su corteza frontal ventromedial está más activa, lo que los hace más empáticos y capaces de “sentir” los sentimientos ajenos (característica excelente para personal de la salud, religiosos y quienes atienden a otros). Es un cerebro que procesa más información del mundo exterior, pero sobre todo a nivel emocional. Tiene un nivel elevado de actividad en el cerebro límbico, lo que puede favorecer la depresión. Su cerebelo trabaja más de lo habitual.

Recomendaciones para cerebros sensibles

Como viven intensamente las realidades externas, especialmente en su repercusión emocional, deben aprender a fijar el tono emocional de la mente: saber que tienden a la desesperanza y la negatividad, y procurar activamente la positividad y la esperanza. Filtran los acontecimientos a través del “tinte emocional” de sus estados internos, que frecuentemente son tristes, por lo que deben estar precavidos: la realidad puede ser menos oscura de lo que perciben.

Este tipo de cerebro almacena recuerdos con alta carga emocional que evocan fuertes reacciones. Por eso conviene una reelaboración de los recuerdos emocionales negativos. Dado que a veces sienten desesperanza y viven mucho en su mundo interior, pueden no sentirse motivados a la acción o a perseguir sus sueños. Deben cultivar activamente la motivación y el contacto social, ya que la relación con otros mejora el estado de ánimo. Su tendencia al aislamiento debe ser contrarrestada, pues el contacto con otras personas produce efectos positivos mensurables en su bienestar.

5. El Cerebro Prudente

Los cerebros prudentes se preparan bastante, son precavidos y no gustan de los riesgos. No necesitan ser motivados externamente, pero tienen dificultad para relajarse y sufren de bastante “ajetreo mental”. La ansiedad es su compañera frecuente.

Sus principales desafíos son buscar la calma, asumir riesgos a pesar de su automotivación, encontrar la paz mental y procurar la seguridad interior. Presentan con frecuencia pensamientos automáticos negativos (ANT).

Bases neurológicas del Cerebro Prudente

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Neurológicamente, este tipo de cerebro presenta un giro cingulado anterior demasiado activo, también bastante actividad en el sistema límbico, y una marcada actividad en los ganglios basales, lo que indica la ansiedad característica de este perfil. Los altos niveles de actividad en el GCA se relacionan con preocupación; en el sistema límbico, con el estado de ánimo y la emotividad; y en los ganglios basales, con la ansiedad.

Recomendaciones para el cerebro prudente

Este tipo de cerebro se beneficia mucho de tratamientos cognitivo-conductuales contra la ansiedad y el estrés, que hoy en día han alcanzado un alto nivel de eficacia. Se recomienda suprimir los “ladrones” de bienestar neuroquímico como la cafeína, la nicotina, el alcohol y el estrés crónico. Es importante incorporar alimentos con propiedades calmantes, probióticos y vitamina B6—abundante en espinacas, brócoli, coles de Bruselas y plátanos—, así como infusiones de té verde o negro. El cortisol, generado por el estrés crónico, atenta contra el equilibrio neuroquímico general y debe reducirse activamente.

Las combinaciones entre tipos de cerebro

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Las personas tendrán un tipo de cerebro dominante, pero comúnmente comparten características de los otros tipos. El cerebro humano es demasiado complejo y único para ser encasillado en una sola categoría. Lo que estos seis perfiles ofrecen son tendencias fundamentales, patrones observables, no etiquetas absolutas.

Llegados a este punto, es importante recordar la afirmación del padre de la neurociencia moderna, Santiago Ramón y Cajal, quien por lo demás, educado en ambientes católicos, nunca abandonó sus convicciones sobre la existencia de Dios y del alma inmortal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”, refiriéndose a la plasticidad cerebral. A cada momento, estamos forjando nuestro cerebro, y con ello nuestra personalidad. Cada tipo de cerebro, con sus fortalezas y sus carencias, es terreno fértil para el crecimiento, la virtud y, para quien lo desee, la acción de la gracia.

Pero no olvidemos la principal recomendación, para todo tipo de cerebro: Rezar…

Por Saúl Castiblanco

(Psicólogo – Esp. Neurociencia del Liderazgo)

(1) Cf. Amen, Daniel. Sé más feliz – Los 7 secretos de la neurociencia para sentirte bien, según tu tipo de cerebro. REMlife . Editorial Reverté, S. A. 2025. Barcelona. pp. 57-58.

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