Un reciente hallazgo documental revela cómo el Papa recurrió incluso a un obispo cercano al régimen nazi para detener las redadas en Roma durante la Segunda Guerra Mundial.

Foto: InfoCatólica
Redacción (21/05/2026 17:54, Gaudium Press) El 16 de octubre de 1943 marcó uno de los días más dramáticos para la comunidad judía de Roma. Según un estudio reciente de Dominiek Oversteyner, en la capital italiana vivían entonces 12.428 judíos. Esa misma tarde, la Secretaría de Estado del Vaticano recibió la noticia de que 1.007 de ellos habían sido deportados en tren hacia el campo de concentración de Auschwitz.
Ante la gravedad de la situación, el papa Pío XII presentó una protesta formal ante el embajador alemán ante el Vaticano. Sin embargo, consciente de que esa gestión no bastaría para detener las deportaciones, el Pontífice puso en marcha una operación paralela para intentar salvar a los más de 11.000 judíos restantes sobre los que también pesaba una orden de arresto.
La historia fue reconstruida gracias a documentos hallados por el historiador Michael Hesemann en la iglesia de Santa María del Alma, templo de referencia para los católicos alemanes en Roma. Los archivos fueron dados a conocer por la organización Pave the Way Foundation, fundada por el judío estadounidense Gary Krupp para investigar a fondo la actuación de la Iglesia durante la guerra.
Según los documentos, Pío XII recurrió a su sobrino, el príncipe Carlo Pacelli, para contactar al obispo austríaco Alois Hudal, rector de Santa María del Alma y conocido por sus vínculos y simpatías con algunos sectores del régimen nazi. El Papa entendía que una intervención de Hudal podría resultar más eficaz ante las autoridades alemanas que una protesta diplomática directa del Vaticano.
Una carta urgente para detener las redadas
Carlo Pacelli transmitió entonces al obispo la petición del Papa, escribir de inmediato al general alemán Reiner Stahel para exigir la suspensión de las deportaciones.
La carta, encontrada por Hesemann, decía textualmente:
“Una alta fuente vaticana acaba de informarme de que esta mañana ha comenzado el arresto de judíos de nacionalidad italiana. En interés del diálogo pacífico entre el Vaticano y la autoridad militar alemana, le ruego urgentemente que detenga estas detenciones en Roma y su área metropolitana. Lo exigen la reputación de Alemania ante países extranjeros, y también el peligro de que el Papa proteste abiertamente contra ello”.
La última frase del documento ha sido considerada especialmente significativa por los investigadores, pues mostraría que el silencio público de Pío XII —tan cuestionado durante décadas— habría formado parte de una estrategia diplomática destinada a evitar represalias y salvar vidas concretas. La carta fue entregada personalmente al general Stahel por el sacerdote alemán Pancratius Pfeiffer, cercano colaborador del Papa y con acceso directo a las autoridades militares alemanas. Al día siguiente llegó la respuesta. Según el testimonio recogido posteriormente, Stahel informó: “Trasladé este asunto inmediatamente a la Gestapo local y a Himmler personalmente, y Himmler ordenó que, dado el estatus especial de Roma, se interrumpiesen en el acto las detenciones”.
La veracidad de esta gestión fue respaldada además por el testimonio del general Dietrich Beelitz, oficial de enlace entre las tropas alemanas en Italia y el cuartel general de Hitler. Beelitz aseguró haber presenciado la conversación entre Stahel y Heinrich Himmler, en la que el militar alemán insistió de manera imperiosa hasta conseguir la orden de detener las redadas.
Los descubrimientos también revelan que las gestiones permitieron que cerca de 550 colegios e instituciones religiosas quedaran exentos de inspecciones nazis. Gracias a ello, numerosos conventos y casas religiosas pudieron servir de refugio clandestino para cientos de judíos perseguidos.
Entre los documentos hallados aparece además una orden original de las SS que contemplaba el arresto de ocho mil judíos romanos para ser enviados al campo de Holocausto de Mauthausen, inicialmente como rehenes y no para su exterminio inmediato. Para Hesemann, este dato podría ayudar a comprender la prudencia pública mantenida por algunos sectores de la Iglesia, ante la posibilidad de futuras negociaciones para liberar prisioneros.
Las nuevas evidencias se suman al creciente debate histórico sobre el papel de Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras sus críticos continúan señalando su discreción pública frente al nazismo, los documentos recientemente descubiertos muestran una intensa red de intervenciones diplomáticas y secretas destinadas a salvar miles de vidas en uno de los momentos más turbios del siglo XX.
Con información de Religión en Libertad





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