miércoles, 27 de mayo de 2026
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La abdicación del esfuerzo: autora británica advierte sobre la IA, la escuela, y el fin del pensamiento real

Katherine Rundell es autora galardonada.

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Katherine Rundell – Foto: Penguin

(27/05/2026 12:43, Gaudium Press) En el marco del prestigioso Hay Festival, la reconocida escritora y académica de la Universidad de Oxford, Katherine Rundell, ha lanzado una severa advertencia que resuena con fuerza en el corazón de la crisis educativa contemporánea. En una columna en The Telegraph por Anita Singh, que recoge su pensamiento, se analiza cómo la adopción masiva de herramientas de Inteligencia Artificial podría llegar a despojar de sentido a los títulos universitarios de élite, promoviendo una cultura de la pasividad que amenaza las estructuras fundamentales del desarrollo humano, particularmente en las edades tempranas.

El núcleo de la denuncia de Rundell expone una realidad desoladora para el intelecto: la tecnología actual permite simular el conocimiento anulando el proceso de aprendizaje. En sus propias palabras, la académica señaló de forma contundente la desconexión entre el resultado y el esfuerzo:

“Ahora puedes escribir un ensayo sin haber leído el libro del cual haces el ensayo”, dice.

Rundell muestra que cuando se le pide a un chico de segundo grado, que por ejemplo escriba un ensayo sobre Macbeth, lo que menos importa es el resultado: ciertamente será imperfecto, hasta mediocre, pero lo importante es que el chico está aprendiendo a hacer lectura comprensiva, y a realizar análisis, síntesis, organización de ideas, para producir el escrito: está formando su cabeza. Esto lo anula un simple prompt, ‘bien hecho’, para que el profesor no se de cuenta que quien trabajó fue la máquina, no la mente.

La educación no es la simple manufactura de textos o la obtención de acreditaciones; es el cultivo de las potencias superiores del alma —la inteligencia y la voluntad— que Dios ha otorgado al ser humano. Al permitir que un algoritmo piense, estructure y redacte, se está empujando a los jóvenes a una situación de profunda pereza cognitiva. Las estructuras cerebrales, cognitivas y, por lo tanto, las facultades más esencialmente humanas, no se desarrollan en el vacío ni en la comodidad automatizada; requieren de la “fricción”, de la lectura atenta, de la lucha con las ideas y del esfuerzo personal.

Rundell arremetió también contra la actitud complaciente de las universidades que, en lugar de combatir esta erosión del pensamiento, optan por rendirse y normalizar el uso de estas herramientas. La académica calificó esta postura de las autoridades educativas como una claudicación inaceptable:

“…que las instituciones ondeen la bandera blanca es un ‘incumplimiento del deber’”, ha dicho. De hecho, los chicos, ya tendientes en esta sociedad de consumo y del clic, a la ley del menor esfuerzo, fácilmente se convertirán en espectadores de su propia formación, atrofiando su juicio crítico y su capacidad de buscar la Verdad. Al no ejercitar el entendimiento a través del trabajo intelectual riguroso, las estructuras cognitivas quedan congeladas en la inmadurez.

“Hemos puesto a jóvenes, que no se caracterizan por su control de impulsos, en una situación que los hace vulnerables a su propio deseo de tomar atajos”, afirma la autora, recordando cuando su hija de 14 años le contó que “todos sus compañeros de clase usan ChatGPT para escribir ensayos”.

E insiste: un profesor no está para meter conocimientos en la cabeza a un niño: “Un buen profesor no le enseña a tu hijo sobre Enrique VIII; le enseña a interpretar un rostro, a argumentar, a cautivar a una audiencia, a contar chistes, a transmitir conocimiento. Un profesor puede enseñar a tu hijo a ser humano. Un ordenador solo puede enseñarle a ser un ordenador”.

Para ella no hay duda: la escuela no debería mostrar a la IA como amiga de los chicos, y lo que son las IA accesibles a todos, no lo deberían ser para los niños:

“Creo que corre el riesgo de convertirse en una barrera infranqueable que se interpone entre los jóvenes y su potencial para pensar, experimentar, imaginar, superar la frustración, perseverar e inventar, y, por ende, entre ellos y su libertad. En la escuela, he visto cómo puede frenar el aprendizaje antes de que despegue”.

Incluso ella ve la posibilidad de una lucha de clases, dependiento del tipo de aprendizaje: la de muchos niños de escuelas privadas que son obligados a no tener tablets y similares en clase, y que deben usar el papel y el lápiz, y los niños de las escuelas públicas, que se verían “obligados a usar más y más ChatGPT”. (CCM)

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