viernes, 10 de julio de 2026
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Los nueve coros angélicos: mapa invisible al que debe irse ajustando la sociedad humana

Invoquemos al cielo: una pequeña guía para comerciar con los ángeles

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Redacción (10/07/2026 09:47, Gaudium Press) Los Ángeles, qué cosa maravillosa, y desconocida…

Son el primer reflejo y perfecto, de la bondad divina, formando un conjunto magnífico, que no pudo ser afeado por la caída de los ángeles malos, y que alcanzará su perfección máxima cuando al final de los tiempos los hombres benditos hayan ocupado los tronos que esos dejaron vacíos.

Son muchísimos, muchísimos más los ángeles que los hombres, según lo afirma la tradición de la Iglesia. Siendo desiguales, cada uno es un auge de perfección, relacionándose de forma ordenada y armónica entre sí, sea con los de su mismo coro o de otros coros.

Nueve coros, cada uno con sus distinciones y misión

Sabemos, según la tradición del Pseudo Dionisio y también la tradición tomista, que los serafines son fuego encendido del amor de Dios, son los que más conocen de la Escritura; que los querubines son plenitud de ciencia, particularmente del simbolismo divino del orden creado; que los tronos son estabilidad en la contemplación de Dios y su obra, y sede de la justicia divina. Del siguiente orden, la jerarquía media angélica, sabemos que en las Dominaciones brilla especialmente la potencia intelectiva de gobierno; que en las Virtudes se hace particularmente presente la consideración del orden natural divino y las excepciones a ese orden llamados milagros; que las Potestades tienen la misión especial de contener la acción de los demonios, para que no dañen a las criaturas más de lo permitido por el Creador. Y del último orden, que es aquel que se relaciona directamente con el hombre, tenemos a los Principados, que presiden pueblos, naciones y civilizaciones; los Arcángeles, mensajeros de las comunicaciones más especiales; y los Ángeles, más cercanos a los hombres, nuestros custodios, poderosísimos también.

¡Qué maravilla!

Que los hombres tengamos un comercio directo con los ángeles del menor coro, no significa que no podamos dirigir comunicación a los más elevados, o que los más altos no se comuniquen con nosotros, algo que normalmente ocurre a través de esas vías magnificas de comunicación que tienen los ángeles entre ellos. Es decir, también somos beneficiarios de las iluminaciones de los serafines, quienes van enseñando con sus luces a los demás coros, pues todos los ángeles se relacionan entre ellos en armonía perfecta: allá, ni asumieron el manifiesto comunista, ni existe la lucha de clases, no: es una colaboración mutua perfecta, realizada vía la admiración que unos tienen de otros, todos entre sí, porque no solo los de los coros más bajos admiran y aman a los superiores, sino que también los elevados ven con ojos de admiración a los inferiores, porque ven en ellos el reflejo divino, y saben que sin integrar conjunto con ellos, la gloria de Dios sería imperfecta.

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Como decía el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, los ángeles están destinados y ordenados para que sus predicados divinos representen un solo todo; así, uno refleja el “conocimiento amoroso de los Serafines”, otro la “inteligencia rutilante de los Querubines”, otro el “poder firme de los Tronos”, etc.

A partir de lo sabido, rumbo a esperanzadoras consideraciones

Pero lancemos hipótesis, basados en la angeología ortodoxa y en disquisiciones del profesor Plinio, acerca de la ‘cosmología’ de los ángeles y la acción de los ángeles.

Sustenta Santo Tomás que el Cielo empíreo fue creado al tiempo que los ángeles, antes que el hombre. Varios aducen que la razón es sencilla: no convenía que existiesen gobernantes sin gobernado. Con esa creación simultánea se solucionaba ese problema. Entretanto, creemos que lo más importante era esa conciencia angélica de ser un símbolo perfecto de Dios, perfecto e individual, pues la diferencia entre un ángel y otro es mucho mayor que la diferencia entre el rey de Persia y el rey de Israel, según lo recuerda Santo Tomás, pues son diferencias de especie. Diferencias individuales que por lo demás no separan, sino que se unen en una complementariedad magnífica en el Reino de los Ángeles. De tal manera que el ángel superior ya tenía gobernado (en el sentido de iluminación y perfeccionamiento) en los inferiores, un gobierno amoroso, donde el vínculo que une es sobre todo el de la caridad encendida, fuego de amor divino, y ellos saben que cumplen su misión no tanto individualmente sino en esa unión de inteligencias, voluntades y fuerzas.

En ese sentido, los ángeles en su conjunto, quieren que no sean ellos solos sino todo el universo el que dé gloria a Dios, y por eso tienen ese puro deseo de unirse y actuar junto a la creación entera, particularmente la creación humana, para que esa gloria se dé de la mejor manera. Es decir, los ángeles están ‘ansiosos’ de que los hombres se vuelvan virtuosos, están ‘sedientos’ de expulsar a los demonios que obstaculizan esa realidad. Pero como decía el fundador de los Heraldos del Evangelio, Mons. Juan Clá, ellos son bien educados, se educaron en París en el Antiguo Régimen, y respetan nuestra autonomía y libertad, no como los demonios que son unos maldadosos entrometidos y groseros; por eso tenemos que invocarlos sin cesar, porque no solo quieren ayudarnos, sino, más importante, quieren que el espejo de Dios que es la Creación, sea el más reluciente posible. Es decir, al invocarlos, podríamos pensar en una buena Estética del Universo, que afirma la belleza creciente del orden creado.

La misión ya establecida: que la sociedad humana sea como la sociedad angélica

Establece el Pseudo Dionisio que la sociedad humana debe asemejarse a la sociedad angélica; que la sociedad angélica es el modelo en el cual debe inspirarse la sociedad humana, una sociedad angélica que fue establecida como tal directamente por Dios. Dios ya estableció esas relaciones, particularmente destinando uno de sus ángeles a cada uno de los hombres que ha creado y creará, en una relación que debe ser armónica, y que permite hipotetizar una cierta semejanza entre custodio y custodiado.

Pero creemos que, como a los ángeles les gusta asociarse con otros ángeles (ellos están muy lejos de sufrir del absurdo individualismo liberal…), en el momento en que el hombre deba practicar ciertas virtudes, simbolizadas especialmente por otros ángeles, esos otros ángeles puedan ser invocados específicamente, sea por los ángeles custodios o por los hombres: recordemos, en el cielo no hay lucha de clases, y mi ángel custodio no queda resentido cuando yo invoco a San Miguel arcángel.

Es cierto que la Iglesia solo ha determinado los nombres de tres ángeles, ese triduo magnífico de Miguel, Rafael y Gabriel, mencionados específicamente en la Sagrada Escritura (Directorio para la piedad popular, Congregación para el Culto Divino, 2001). Pero no creemos que la Iglesia haya impedido que, de acuerdo a la angeología más pura, se nos haya prohibido considerar a cada uno de las miríadas de los ángeles bajo cualidades específicas por las cuales ellos mismos se puedan reconocer. Es decir, el vocabulario humano es rico en designar cualidades, de tal manera que, por ejemplo, a la cualidad ‘serenidad’, le caben mil derivaciones, como por ejemplo, ‘serenidad expectante’, ‘serenidad dulce’, ‘serenidad contemplativa’, etc., y que a cada una de esas situaciones, corresponda más a un ángel que más la simboliza. Dicho de otra manera, y pensando en una visión cósmica que ve a la Creación como un todo interrelacionado, sería posible pensar en relaciones especiales con los ángeles, de acuerdo a necesidades específicas, deseos específicos, teniendo siempre cuidado con cierta tendencia a la superstición que existe en el género humano cuando no se está sujeto a la doctrina católica.

En fin, no es mucho lo que conocemos sobre ese maravilloso mundo angélico y sus interrelaciones. Creo entretanto, que la teología va a progresar bastante en ese aspecto, por la simple razón de que todo indica que la realización del Reino de Dios es sinónimo de una angelización de esta tierra.

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Pero en medio de esta ignorancia en la que aún subsistimos con relación a ese mundo gigante y superior, hay un dato maravilloso, sabido, que siempre debemos tener en vista: la Reina de los Ángeles es… una mujer. Creada por Dios en el más elevado orden de la Creación, que es el hipostático, Ella también es el culmen de la Creación porque es la Plena de Gracia.

Es decir, la gracia es capaz de elevar al ser humano a la altura de los ángeles.

Y la potencia de la gracia está al alcance de… cualquier sencilla oración, de un sacramento.

Sea pues la oración, constante, la encargada de abrirnos la puerta del mundo angélico.

Por Saúl Castiblanco

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