Mucho antes de ser Papa, León XIV ya destacaba por su cercanía y humildad. M. Prado revela anécdotas que muestran el rostro más humano del Pontífice.

Foto: declausura.org
Redacción (06/06/2026 14:32, Gaudium Press) «España lo conquistó». Así resume Madre Prado, priora del Monasterio de la Conversión, en Sotillo de la Adrada, Ávila, el vínculo que une al Papa León XIV con la tierra española. Más allá de los actos oficiales y de la solemnidad propia del ministerio petrino, quienes han compartido momentos cercanos con el Pontífice descubren a un hombre sencillo y alegre, un hombre de cantar canciones de tuna a pleno pulmón, zapatear entre amigos y emocionarse ante las expresiones más auténticas de la fe popular.
La religiosa, que mantiene una relación cercana con el Santo Padre desde hace más de dos décadas, compartió diversos recuerdos que ayudan a comprender mejor la personalidad y el carisma del sucesor de Pedro, cuya próxima visita a España despierta gran expectativa entre los fieles.
Un encuentro providencial junto al Vaticano
La historia comenzó en el año 2001, cuando el entonces recién elegido Superior General de la Orden de San Agustín caminaba por la Avenida Pablo VI, cerca del Vaticano. «Íbamos Madre Carolina y yo cuando lo reconocimos. Nos sorprendió verlo allí y lo saludamos con alegría. Él nos respondió con una sonrisa inmensa», recuerda Madre Prado.
Aquel encuentro casual fue el inicio de una amistad marcada por el diálogo, la confianza y la comunión espiritual. Por esos años, la comunidad del Monasterio de la Conversión daba sus primeros pasos dentro de la familia agustiniana, y el entonces padre Robert Prevost desempeñó un papel fundamental acompañando el proyecto y presentándolo ante las autoridades eclesiales correspondientes.
Según relata la religiosa, fueron años de intenso intercambio sobre la espiritualidad agustiniana, la vida contemplativa y los desafíos de la nueva fundación. De ese proceso surgió una profunda relación de confianza que permanece hasta hoy. Madre Prado afirma que «Es muy inteligente, trabajador, constante, bondadoso, humilde, cercano y profundamente fraterno».
Pero por encima de cualquier cargo o responsabilidad, destaca una característica esencia la cual es su identidad agustiniana, “Es un religioso agustino total; un hombre de oración, de interioridad y de comunión con Dios y con los demás», señala.
Esa espiritualidad se refleja también en su forma de asumir las responsabilidades. Madre Prado recuerda una conversación mantenida en Roma cuando Prevost acababa de ser nombrado prefecto del Dicasterio para los Obispos. Le preguntó entonces cuánto tiempo duraría aquel servicio y si después regresaría a la misión. La respuesta fue, «Cuando termine este encargo, volveré a donde la obediencia me envíe». Nadie imaginaba entonces que aquel religioso terminaría siendo elegido Papa.
El día que cantó y zapateó como uno más
Entre las anécdotas más entrañables destaca una ocurrida durante una visita al Monasterio Agustino de El Escorial. En medio de un ambiente festivo, varios jóvenes profesos comenzaron a interpretar canciones tradicionales españolas y temas propios de las tunas universitarias. «Las conocía todas», recuerda Madre Prado entre sonrisas. «Las cantaba a pleno pulmón, palmeando y zapateando como uno más».
La escena muestra una faceta poco conocida del Pontífice, su capacidad para integrarse con naturalidad en la vida cotidiana de las personas, participando con alegría en momentos sencillos y familiares.
En Perú
La alegría del futuro Papa también quedó patente en otra ocasión, durante un encuentro en Becerril de Campos. Mientras varias religiosas peruanas bailaban huaynos y marineras norteñas, León XIV no pudo contener el entusiasmo. Su experiencia misionera en Perú, especialmente en la región de Piura, afloró inmediatamente. Se unió a los cantos y compartió con las hermanas la alegría propia de las tradiciones peruanas que tan bien conocía.
Aquellos momentos revelan el profundo cariño que conserva por América Latina y por los pueblos a los que dedicó gran parte de su ministerio sacerdotal.
Para Madre Prado, la próxima visita del Papa a España tiene raíces significativas, «Tiene vínculos reales con nuestro país. Nos conoce, nos ha tratado durante años y hay algo de España que le conquista», afirma.
La religiosa menciona la alegría de la gente, la capacidad de acogida, el sentido de responsabilidad y la profunda espiritualidad mariana como algunos de los aspectos que más aprecia León XIV. Además, mantiene una estrecha relación con numerosos religiosos agustinos españoles, muchos de ellos amigos personales desde hace décadas, «España le quiere y él siempre ha trabajado por fortalecer la comunión entre nosotros», asegura.
A su juicio, León XIV ofrecerá una llamada a vivir una fe más auténtica, más centrada en el Evangelio y menos reducida a aspectos meramente culturales. Inspirado por la espiritualidad de San Agustín, el Pontífice insistirá probablemente en valores como la interioridad, la unidad, la reconciliación y la búsqueda de Dios en medio de las dificultades contemporáneas.
«Una humanidad iluminada por la fe, la comunión como don y tarea, el amor al pobre y la interioridad como lugar donde Dios habita», son algunas de las ideas que, según recuerda la religiosa, han marcado siempre la predicación del actual Papa.
El Papa de los olvidados
Entre todos los actos previstos durante sus viajes, hay uno que conmueve especialmente a Madre Prado, las visitas a cárceles, centros de acogida para migrantes y lugares donde viven los más pobres. «Ahí no hay espectáculo», afirma. «Solo consuelo para quienes más lo necesitan».
Para ella, esa cercanía con los descartados refleja con claridad el corazón pastoral de León XIV y la misión que desea imprimir a su pontificado. Por ello espera que su visita deje frutos espirituales duraderos, como lo son el amor, alegría, paz, paciencia, bondad, fidelidad y esperanza. «El fruto más necesario hoy es una fe luminosa, clara y firme», concluye.
Y mientras España se prepara para recibir al primer Papa agustino de la historia contemporánea, quienes lo conocen de cerca recuerdan que detrás de la figura del Pontífice permanece aquel religioso sencillo que un día, entre canciones de tuna y palmas en El Escorial, se dejó conquistar por el alma española.
Con información de Religión en Libertad





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