La primera nación del mundo en realizar este acto reafirma su devoción en una ceremonia presidida por el Arzobispo de Guayaquil, quien destacó que el acto no es solo una mirada al pasado, sino un compromiso diario de amar al prójimo y construir la esperanza.
Redacción (17/06/2026 10:41, Gaudium Press) La Iglesia Católica en Ecuador renovó la consagración del país al Sagrado Corazón de Jesús. La ceremonia, realizada el pasado viernes 12, fue presidida en la Catedral de Guayaquil por el Cardenal Luis Cabrera, Arzobispo local y presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE). Ecuador fue la primera nación del mundo en consagrarse al Sagrado Corazón. En el año 2024, con motivo del Congreso Eucarístico Internacional de Quito, el país renovó esta consagración.
En su homilía, ante más de mil fieles, el purpurado destacó que estaban allí una vez más renovando la consagración de Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús y recordando este histórico evento realizado hace 152 años. “Se trata de ratificar una decisión que brota del corazón: pertenecer a Cristo y vivir según su amor”, afirmó el Cardenal. “Estamos renovando la consagración de Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús porque queremos depositar nuestra confianza en Él una vez más. Queremos que Su amor inspire y motive a nuestras familias, nuestras comunidades, nuestras instituciones y nuestras decisiones personales”.
Una decisión que brota del corazón
A continuación, el celebrante resaltó que “Ecuador necesita corazones mansos y humildes, como el de Jesús. Necesita hombres y mujeres capaces de renovar la decisión de amar, la decisión de servir, la decisión de perdonar, la decisión de construir esperanza. Queridos hermanos, que nosotros, al renovar nuestra consagración, podamos decir con sinceridad: Señor, acoge mi vida, transforma mi corazón. Hazme testigo de tu amor ante el mundo”.
Al explicar el significado de esta consagración, el Arzobispo de Guayaquil enseñó que consiste en “presentar nuestra vida como una ofrenda a Dios, como hizo Jesús cuando se convirtió en el Cordero de Dios que se entrega por amor al Padre y que, al mismo tiempo, ofrece su vida por nosotros. Por eso existe el sacrificio de la comunión: Jesús se entrega al Padre y se entrega a nosotros. Es hermoso. Por eso en la Eucaristía dirá: ‘Tomad, comed mi cuerpo; tomad, bebed mi sangre’”.
Amor a Dios y al prójimo: una realidad inseparable
Al hablar sobre la verdad presentada por San Juan, quien decía que quien ama a Dios, ama a su prójimo, el purpurado cuestionó: “¿cómo pueden amar a Dios, a quien no ven, si no aman a su prójimo, a quien sí ven? Esa es la gran tentación del ser humano: separar el amor a Dios del amor al prójimo”, siendo esta una realidad inseparable. El Cardenal exhortó a todos a vivir con mansedumbre de corazón y humildad, como Jesús, a fin de asimilar “el modo de pensar de Jesús, su modo de sentir, su modo de amar, su modo de actuar, de soñar solo con cosas valiosas, de seguir a Jesús”.
Así como el cuerpo humano renueva muchas de sus células diariamente, de la misma forma “la renovación forma parte de la vida. No podemos quedarnos estancados, mirando solo hacia el pasado. Debemos mirar hacia el presente y hacia el futuro. Mirar hacia donde nos está llevando la renovación”, subrayó. Por último, el Cardenal Luis Cabrera alentó a los fieles a renovar sus decisiones de amar, servir, perdonar, trabajar y caminar en la esperanza, pues “por eso, todos los días estamos llamados a renovar la alianza con el Señor”. (EPC)






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