Pero el Papa León XIV aún no se ha pronunciado personalmente sobre el futuro de Traditionis Custodes.

Foto: Shalone Cason/ Unsplash
Redacción (31/07/2026 09:59, Gaudium Press) En una entrevista con el semanario británico The Tablet, el Cardenal Arthur Roche afirmó categóricamente que el Papa León XIV no tiene intención de revocar las restricciones impuestas por Traditionis Custodes ni de restaurar el régimen establecido por Benedicto XVI en Summorum Pontificum. Esta es la declaración pública más clara hasta la fecha sobre el tema, aunque provino del Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y no del propio Papa.
Roche fundamenta su postura en la necesidad de preservar la unidad de la Iglesia. Para él, la Eucaristía es el sacramento de la comunión y, cuando la liturgia se convierte en un factor de división, pierde precisamente su significado. En la entrevista, el cardenal también rechaza la narrativa de persecución presentada por algunos grupos vinculados al antiguo rito y recuerda que la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II representó un impulso misionero para la Iglesia, sin que esto significara que la liturgia anterior se considerara inadecuada.
Sin embargo, el argumento a favor de la unidad merece ser analizado a la luz de los acontecimientos recientes. A principios de julio, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) realizó nuevas consagraciones episcopales sin mandato papal en Ecône, un gesto que llevó al Dicasterio para la Doctrina de la Fe a declarar el acto cismático y aplicar las sanciones previstas por el derecho canónico. Este episodio alteró profundamente el contexto del debate litúrgico.
Durante años, muchos han advertido que restringir la Misa Tradicional podría fortalecer precisamente a los sectores más radicales del tradicionalismo. No por casualidad, importantes voces, como la del cardenal Gerhard Müller, ya habían afirmado que Traditionis Custodes tenía el efecto contrario al deseado, fortaleciendo a la FSSPX en lugar de debilitarla. El propio arzobispo Georg Gänswein declaró públicamente que consideraba un error la política adoptada contra la liturgia tradicional.
Es precisamente aquí donde reside el punto crítico de la cuestión litúrgica. Si la principal preocupación es preservar la unidad, quizás sea necesario distinguir con mayor claridad entre quienes han roto efectivamente la comunión eclesial y quienes, permaneciendo plenamente unidos a Roma, desean únicamente preservar una venerable forma litúrgica de la tradición latina. Agrupar a todos bajo el mismo paraguas corre el riesgo de alimentar un resentimiento innecesario y debilitar la confianza de las comunidades que nunca han cuestionado la autoridad del Papa.
Al mismo tiempo, sería igualmente erróneo ignorar que, en ciertos círculos vinculados al rito antiguo, han surgido discursos de abierta hostilidad hacia el Concilio Vaticano II, los papas recientes y las autoridades eclesiásticas. Las palabras de Roche sobre el tono de odio presente en parte de este debate no pueden simplemente desestimarse. La caridad y la comunión siguen siendo criterios indispensables para cualquier renovación litúrgica auténtica.
Sin embargo, en la actualidad, existe un elemento que invita a la cautela. El Papa León XIV aún no se ha pronunciado personalmente sobre el futuro de Traditionis Custodes. La entrevista con The Tablet revela la convicción del prefecto responsable de la liturgia, pero carece del peso de un acto magisterial o disciplinario del propio Pontífice.
Tras el nuevo cisma provocado por las consagraciones de la FSSPX, la cuestión ha dejado de ser meramente litúrgica. Se ha convertido en un desafío eminentemente pastoral: ¿cómo defender la unidad sin alienar a quienes permanecen fieles a la Iglesia? La respuesta requerirá más que normas disciplinarias. Exigirá discernimiento para separar a quienes han roto la comunión de quienes, aun celebrando según el antiguo misal, siguen profesando la misma fe católica y reconocen la autoridad del Sucesor de Pedro. Solo así la verdadera unidad dejará de ser un mero principio legal y volverá a ser una realidad vivida en el seno de la Iglesia. (Rafael Ribeiro)




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