domingo, 21 de junio de 2026
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El demonio, la dopamina y Pelé: ¿quien maneja nuestra imaginación?

Sí, hay hackers espirituales: un breve análisis de la acción del bicho malvado, en nuestra imaginación. ¿El naturalismo? Un absurdo.

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Foto: Sue Winston / Unplash

(21/06/2026 15:02, Gaudium Press) Sabemos por teología, que voluntad e inteligencia son santuario sagrado del hombre, palacio donde internamente solo puede actuar él y Dios, vedado por tanto a ángeles y demonios.

Pero también es cierto que estos, ángeles buenos y malos, sí pueden influirlas y mucho, particularmente por medio de la imaginación, sentido interno del hombre: el ángel solo puede mover entendimiento y voluntad “por persuasión”, es decir “puede inclinarla [la voluntad] en cuanto manifiesta a la voluntad algunos bienes creados que se ordenan a la bondad de Dios. Por eso puede despertar en ella amor de la criatura o de Dios, persuadiéndola” (Suma Teológica. Parte Ia q. 106. a. 2).

Entretanto, los ángeles también puede influir en esas potencias por medio de la “pasión del apetito sensitivo”, es decir “excitando las pasiones” (Suma Teológica. Parte Ia q. 111. a. 2), algo que consiguen por medio de la imaginación: “Los ángeles, tanto los buenos como los malos, son capaces de excitar con su virtud natural, la imaginación del hombre” (Suma Teológica. Parte Ia q. 111. a. 3), lo que consiguen creando figuras externas, pues sí tienen la capacidad de manipular la materia (cf. Suma Teológica. Parte Ia q. 110. a. 3), o tomando imágenes internas que ya hay en el hombre para recrearlas o combinarlas en ese sentido interno llamado imaginación.

El bicho sí tiene cierta entrada en nuestro interior

Efectivamente, decir que el demonio, por ejemplo, no puede saber lo que estamos pensando o queriendo, no es sinónimo de que él no pueda de alguna manera entrar en nosotros, vía imaginación:

El ángel altera la imaginación, no ciertamente imprimiendo en ella alguna forma imaginaria que de ningún modo ha pasado antes por los sentidos, pues el ángel no puede hacer, por ejemplo, que un ciego imagine los colores (…). La mezcla del espíritu angélico con la imaginación humana no se hace a modo de unión por esencia, sino por medio de efectos que puede causar el ángel en la imaginación al sugerir las cosas que él conoce; aunque no tal como él [ndr. el ángel] las conoce (…). Pero, otras veces, de la operación del ángel sólo se sigue la aparición de tales representaciones en la imaginación” (Suma Teológica. Parte Ia q. 111. a. 3): esto lo pueden hacer también ángeles malos. Y, claro, ellos pueden pintar estas imágenes de la forma más atractiva posible.

Es decir, vamos por el shopping y de repente recordamos ese rico helado que ahí comimos hace unos años… solo que en esos tiempos no teníamos el azúcar por las nubes. Ese recuerdo y la pasión que de ahí se despierta, puede ser perfectamente fruto de una operación natural, o estar influido por la acción angélica.

Vamos ya sacando algunas conclusiones, específicamente para la lucha contra el espíritu malvado angélico.

El demonio no puede meter conceptos, ideas, en mi cabeza; pero sí puede favorecer imágenes, que él propio hombre transforma en ideas, a veces con facilidad porque ya lo ha hecho él antes con esas imágenes u otras análogas.

El demonio no puede meter quereres en mi voluntad; pero sí puede sugerir esos deseos, ‘pintando’ en mi imaginación los objetos sensibles que comúnmente suscitan esos deseos.

Entonces, no es que el demonio se ‘quede afuera’, que solo pueda atacar al alma o creando imágenes externas, o ‘embelleciendo’ estas imágenes, sino que él tiene la posibilidad de ‘manipulación’ al interior de mi imaginación por medio de imágenes internas ya existentes en la memoria. Y cuando hablamos de imágenes, no estamos hablando de solo las visuales, sino de todo ‘registro sensible’, sea este visual, auditivo, sensitivo, olfativo, gustativos.

Entonces, esas escenas de películas, donde un pobre cristiano dubitativo tiene a su hombro izquierdo un diablo que le dice palabras de cosas malas y a su derecha un ángel que le dice las buenas, no es exacta: ellos, en nuestro interior, nos tienen que hablar por imágenes, pero es que justamente la imagen es el inicio de todo proceso cognoscitivo o apetitivo. No obstante insistimos, estas imágenes no tienen que pasar necesariamente por los sentidos externos, pues el bicho puede usar imágenes que ya tenemos en la memoria, y esto le da bastante poder.

El naturalismo es un absurdo, y nos deja títeres de la acción preternatural

Esas nociones, nos deben ayudar a quebrar el naturalismo y mover a la oración:

No todo lo que sentimos, pensamos o deseamos se genera por un proceso autónomo y libre, sino que en ello puede haber entrado bastante el bicho. Por eso toca rezar, pedir la misericordia de Dios para que mantenga al bicho alejado, pedir el auxilio del ángel de la guarda, para que no permita que se acerque el demonio de la perdición. Porque el poder natural del demonio es muy grande, y solo puede ser contrariado por la acción divina o angélica.

Profundicemos un paso más en el asunto, metiéndole algo de lo que nos dice hoy la neurociencia.

Hemos visto que el demonio puede ayudar a combinar imágenes que ya tenemos en nosotros. Pero es claro que él también puede ayudar a asociar una imagen que nos llega con otra que ya tenemos. Él puede hacer que un rostro de una persona que estamos observando se una con el de otra más o menos parecida con la que hayamos tenido una mala experiencia, y cuyo recuerdo guardemos en la memoria. Entonces, al mirar a este desconocido, podemos sentir una animadversión fuerte, que puede ser de origen natural, porque nuestra mente hizo la asociación, o puede ser de origen demoníaco porque el demonio ayudó a establecer la correlación. Sí, es tenaz la cosa; pero esas realidades nos debe mover aún más a la piedad.

Recuerdo en este momento, que algunas comunidades religiosas tienen entre sus costumbres que sus súbditos recen a todos los ángeles de la guarda de las personas que encontrarán en sus caminos: ¡claaaro!, para que sean objeto de la influencia de esos ángeles y no de los bichos.

Entonces, sin paranoia: debemos pedir a Dios que nos prevenga de cualquier acción diabólica; y que si él la permite para nuestro beneficio, nos dé gracia superabundante para resistirla.

Asimismo, debemos ‘usar la cabeza’ y no ser instintivos e impulsivos, sino meditativos, pues esto nos previene de ceder rápido a las sugerencias de satanás. Y meditar teniendo siempre como referencia la ley suprema de nuestra vida, que deben ser los 10 mandamientos: “Esto que estoy queriendo, está de acuerdo a los 10 mandamientos? ¿Esto que estoy pensando, es según los 10 mandamientos y el catecismo?”, eso es lo que debo hacer. Pero tampoco ceder a la indecisión larga: simplemente analizar mi conducta de acuerdo a mi formación moral, y actuar en consecuencia, siempre pidiendo el auxilio de la gracia de Dios, y teniendo confianza en Dios.

Porque sí, la agitación es caldo de cultivo para la tiranía del demonio, pues agitación es facilidad para una acción pasional en desconexión con el intelecto, y ya vimos que el demonio puede tener harta influencia sobre el apetito sensitivo vía imágenes.

Dopamina: pólvora que es mejor mojar para que no la encienda satanás

Dice la neurociencia hoy, que comúnmente el neurotransmisor más dinámico es la dopamina, mensajero químico que regula la motivación, el deseo, también el aprendizaje, entre otras funciones. Se activa particularmente ante las novedades, ante la posibilidad de recompensas y situaciones agradables, novedades, recompensas y agrados que comúnmente vienen en forma de imágenes. Vemos por ahí, que el demonio puede ser un director de orquesta de la dopamina, sugiriendo que corramos locamente detrás de todo tipo de ilusiones, que él presenta como imágenes atractivas. Por tanto, precavidos con esos, e ir pidiéndole a Dios y a la Virgen no ser como los niños o como los bárbaros que con cualquier baratija se encandilan y van detrás de ella.

Terminadas estas líneas, alguien puede entrar en terror, al descortinársele un panorama realmente asustador, y real.

Sin embargo, esta realidad nos debe mover es al recurso a Dios y a la gracia, según lo enseña la Iglesia, particularmente por medio de una oración constante, y una consideración mayor a los ángeles.

Después de estudiarnos con su agudo discernimiento, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira decía que los naturales de mi país teníamos una fácil propensión a ser influidos por ángeles, sea buenos o malos. Esto es enteramente posible, pues un individuo (o por extensión, un grupo de personas con un temperamento o biotipo común, debido al clima, la dieta o la genética) puede poseer una complexión física más propensa a la imaginación desbordada sin control de la razón, o a la melancolía o a la pasión sanguínea, y el demonio podría encontrar allí un terreno más fácil para actuar.

Es decir, hay pueblos y personas que tienen esta característica. A estos, es, por así decir, más necesario el recurso a lo sobrenatural, que tiene el beneficio de una mayor facilidad para percibir esos bienes sobrenaturales, que son los más valiosos.

Pero de hecho, el recurso a lo sobrenatural lo necesitamos todos. Porque si no, somos como tullidos enfrentando a Pelé. Entonces, tenemos que buscar a los ‘pelés’ buenos para que jueguen de nuestra parte.

Por Saúl Castiblanco

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