El príncipe toma la decision desde su condición de católico. Sostiene que la protección del niño no depende de la edad.

Luis de Liechtenstein – Foto: fuerstenhaus.li
Redacción (23/06/2026 14:28, Gaudium Press) Liechtenstein es uno de los países más pequeños de Europa y del mundo. Tiene unos 160 kilómetros cuadrados de territorio, menos de cincuenta mil habitantes y está localizado entre Austria y Suiza.
El príncipe regente y heredero de este pequeño principado, Luis de Liechtenstein, ha anunciado su veto a una posible ley de plazos para el aborto, dando una nueva lección a los monarcas y presidentes europeos, especialmente a los nominalmente católicos.
Nada hay más molesto para los que se han rendido al mal, que la existencia de otros que no lo han hecho y, por ello, dejan en evidencia su caída. Aunque Liechtenstein es un país minúsculo e insignificante desde el punto de vista político y económico, lleva muchas décadas sometido a fuertes presiones para que se pliegue a la aceptación generalizada del aborto propia de la Europa moderna.
En efecto, el principado tiene una de las leyes más restrictivas del aborto de Europa y solo está despenalizado (prohibido, pero sin pena) en caso de peligro para la vida de la madre o violación.
Los súbditos aprueban los poderes del monarca en un referéndum
En 2011, se presentó una propuesta en el parlamento para legalizar el aborto en las primeras 12 semanas o en caso de que se previese que el niño iba a nacer con una discapacidad. Ya entonces, la oposición del príncipe, que anunció que vetaría la ley si se aprobaba, fue fundamental para que el referéndum correspondiente rechazase la propuesta (con un 52% de los votos).
Como consecuencia de aquel acto de desafío del príncipe contra la ideología dominante en Europa, se desató una fuerte campaña contra la monarquía de Liechtenstein. Los liechtensteinianos, sin embargo, mantuvieron los poderes del monarca en un referéndum celebrado en 2012, con una mayoría del 72%. Por lo tanto, el veto del príncipe pone fin en Liechtenstein a cualquier procedimiento legislativo.
En febrero de este año, el gobierno presentó una nueva propuesta en el mismo sentido, denominada Fristenlösung für Liechtenstein (es decir, solución basada en plazos para Liechtenstein). La idea es otra vez la misma: legalizar cualquier aborto antes de las 12 semanas de gestación.
Proteger la vida de los no nacidos
A pesar de las continuadas presiones de los políticos, los países circundantes y diversos organismos que pretenden promover los “derechos” humanos, el príncipe ha permanecido firme y, en una entrevista con el principal periódico del país, ha indicado que vetará la ley en caso de que llegue a aprobarse.
El regente ha señalado algo que debería ser obvio: la protección del niño no puede depender de su edad. A pesar de la obviedad de esta consideración, la mayoría de los países europeos vinculan la protección del no nacido al tiempo de gestación (y, cuando no lo hacen, es para mal, permitiendo el aborto en cualquier momento del embarazo).
El príncipe Luis señaló que la protección de la vida del no nacido debería ser siempre “claramente visible” y que las leyes de plazo son solo una forma de que el Estado eluda su responsabilidad de proteger la vida de todos los habitantes del país.
Ejemplo paradigmático de gobernante católico
Aún es pronto para saber si la postura del soberano desatará una nueva campaña para intentar acabar con su papel en el principado, como sucedió en 2011, pero el príncipe heredero ha decidido correr ese riesgo.
Liechtenstein es un país oficialmente católico según su constitución y, en cuanto a su oposición al aborto, el príncipe Luis constituye un ejemplo paradigmático de lo que debería ser un gobernante católico. El caso del pequeño país alpino también plantea la incómoda posibilidad de que, quizá, la idea de abandonar los estados confesionales católicos no fuera tan buena como se pensó en su momento.
Con información de Infocatólica.





Deje su Comentario