jueves, 25 de junio de 2026
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“Diosito, sos lo mejor de mi vida”: la joven argentina que murió a los 16 años y podría ser una nueva santa

Alegre, sencilla y con una fe que vivía en silencio, Clarita Segura acudía a misa casi todos los días sin decirlo a nadie. Treinta años después de su muerte, su camino hacia los altares da un nuevo paso.

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Foto: Instagram

 

Redacción (25/06/2026 16:28, Gaudium Press) Clarita Segura, tenía una sonrisa amplia, una hermosa mirada y una personalidad tan alegre que la hacía destacar entre quienes la conocían. De cabello oscuro y semblante siempre amable, era una adolescente como tantas otras de su generación, le gustaba bailar, salir con sus amigas, hacer planes y soñar con el futuro. Sin embargo, detrás de esa apariencia se escondía su vida espiritual que vivía con discreción y naturalidad. Treinta años después de su muerte, aquella joven argentina que acudía a misa entre semana sin decírselo a nadie podría convertirse en una nueva santa para la Iglesia.

La vida de Clara María Segura fue corta, pero su testimonio continúa despertando admiración dentro y fuera de Argentina. La joven, fallecida a los 16 años en 1995, acaba de dar un nuevo paso hacia los altares después de que el Obispo Castrense de Argentina, monseñor Santiago Olivera, entregara en Roma la documentación de su causa al Dicasterio para las Causas de los Santos. Con ello se abre oficialmente la fase pontificia del proceso de canonización.

Conocida cariñosamente por todos como Clarita, nació en Buenos Aires el 15 de mayo de 1978. Era la menor y única hija mujer de una familia de seis hermanos. Quienes la trataron la recuerdan como una joven espontánea, divertida y con una fuerte personalidad. Disfrutaba de las cosas propias de su edad. Entre sus sueños estaban estudiar, casarse y formar una familia católica.

Entre 1992 y 1995 estudió en el Colegio Los Robles, donde sobresalió por su capacidad de liderazgo y por la coherencia con la que vivía sus convicciones. Nunca escondió su fe y sabía defenderla con respeto y firmeza. También participó en largas peregrinaciones a los santuarios de Luján y San Nicolás, llegando a recorrer cerca de 200 kilómetros a pie.

¿una nueva Carlo Acutis?

Con el paso de los años, muchos han encontrado similitudes entre la joven argentina y el beato Carlo Acutis. Ambos compartieron una fe vivida con naturalidad, una vida ordinaria y una gran madurez espiritual. Por eso, algunos ya la llaman la Carlo Acutis argentina.

Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la investigación de su causa fue descubrir que, cuando tenía apenas 15 y 16 años, asistía casi diariamente a la misa entre semana, pero sin hacer comentarios ni buscar reconocimiento. “No decía nada, pero se la encontraba allí”, recordaba el postulador de la causa, Juan Reynoso.

Los cuadernos personales de Clarita revelan una relación cercana y confiada con el Señor. En una de sus anotaciones escribió “Gracias, Dios, por hacerme tan feliz. Diosito, sos lo mejor de mi vida”.

En otro de sus escritos dejó una súplica que refleja el deseo que guiaba su vida, “Enséñame, yo estoy dispuesta a aprender y luchar por mis principios”. Meses antes de su muerte, después de una peregrinación al santuario de San Nicolás, escribió unas palabras con la que parecen anticipar el sufrimiento que vendría, “Sé que me están preparando para algo enorme y muy duro”.

En febrero de 1995 comenzó a sentirse mal. Los médicos descubrieron que una bacteria se había alojado en su corazón. La enfermedad avanzó rápidamente y, apenas quince días después, el 7 de marzo de 1995, Clarita falleció. Quienes estuvieron a su lado quedaron impresionados por la paz con la que afrontó aquellos últimos días. El doctor Gerardo Lorenzino recordaría años más tarde que nunca vio en ella desesperación ni rebeldía, sino la serenidad que sorprendía incluso a quienes la atendían.

Con información de Religión en Libertad

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