La primera reforma de la Orden de Malta impulsada por el Papa León XIV fortalece la gobernanza interna, señalando un retorno al equilibrio constitucional tras años de supervisión vaticana.

Foto: Vatican media
Redacción (07/07/2026 13:38, Gaudium Press) El Papa León XIV realizó su primera intervención legislativa significativa relacionada con la Orden Soberana y Militar de Malta (OSMM), al aprobar un conjunto de ajustes constitucionales y legales que priorizan el fortalecimiento de la administración interna de la institución, en lugar de ampliar el control directo de la Santa Sede. Este enfoque representa un cambio de tono tras casi una década de intervenciones más directas del Vaticano en una de las órdenes más antiguas y singulares de la Iglesia Católica.
De acuerdo con información publicada por la agencia Zenit, el pontífice aprobó, en abril de 2026, un Rescriptum ex Audientia Sanctissimi, firmado por el Cardenal Gianfranco Ghirlanda. El documento revisa 14 disposiciones: cinco artículos de la Carta Constitucional y nueve del Código Melitense, textos promulgados durante el pontificado de Francisco tras un período de inestabilidad. En lugar de reescribir por completo el marco de 2022, los cambios refinan aspectos específicos de gobernanza, rendición de cuentas y formación religiosa, buscando consolidar la estabilidad sin alterar la estructura fundamental.
Límites de mandato y mayor equilibrio de poderes
Una de las novedades más relevantes es la introducción de límites de mandato para los principales cargos de liderazgo. Los puestos más altos tendrán ahora mandatos de seis años, con posibilidad de una sola reelección consecutiva. La misma regla se aplica a los representantes de la segunda y tercera clase en los consejos de gobierno. El objetivo es promover la renovación periódica y evitar la concentración prolongada de autoridad.
Además, decisiones importantes —como la creación de Priorazgos, Subpriorazgos y Asociaciones, o la aprobación de sus estatutos— dejan de ser prerrogativa exclusiva del Gran Maestre. Ahora exigirán el consentimiento conjunto del Consejo de los Profesos y del Consejo Soberano. Sin acuerdo entre estos órganos, la medida no avanza, lo que refuerza un sistema de frenos y contrapesos internos.
Formación e ingreso de miembros
Las reformas también actualizan el proceso de admisión en la fase de Aspirantado, que ahora exige la aprobación conjunta del Gran Maestre y del Consejo de los Profesos. Otro punto es la flexibilización de los retiros espirituales y ejercicios religiosos: la duración varía de tres a ocho días, según las responsabilidades y vocaciones de los miembros. Estas adaptaciones reconocen la diversidad de la Orden, que une la vida religiosa a una vasta labor humanitaria en más de 120 países.
Contexto de una crisis que duró años
Para entender el peso de estos cambios, es necesario recordar la turbulenta historia reciente de la Orden. El conflicto estalló a finales de 2016 con la destitución del Gran Canciller Albrecht von Boeselager, vinculada a controversias sobre la distribución de preservativos en proyectos humanitarios. Lo que comenzó como una cuestión interna se convirtió en una disputa de soberanía cuando el Gran Maestre Fra’ Matthew Festing se resistió a una investigación vaticana.
En enero de 2017, Festing renunció a pedido del Papa Francisco. La Santa Sede nombró delegados especiales con poderes extraordinarios —primero el Cardenal Angelo Becciu, luego Silvano Maria Tomasi—, con Ghirlanda como asesor clave. El punto culminante llegó en septiembre de 2022, cuando Francisco promulgó la nueva Carta Constitucional y el Código Melitense, disolvió el Consejo Soberano y nombró una estructura provisional.
Estas acciones reafirmaron un principio de derecho canónico: pese a su personalidad jurídica internacional y sus relaciones diplomáticas con más de 100 países, la Orden de Malta es, ante todo, una orden religiosa sujeta a la autoridad espiritual de la Santa Sede. El Vaticano se basó en el dictamen de un tribunal cardenalicio de 1953, que considera la soberanía de la Orden como funcional, no equivalente a la de un Estado-nación.
Retorno a la normalidad
La elección de Fra’ John Dunlap, abogado canadiense y primer Gran Maestre profeso de las Américas, en mayo de 2023, inició una fase de mayor estabilidad. El mandato del Delegado Especial concluyó, y el Cardenal Ghirlanda asumió como Cardenal Patrono. Las reformas de León XIV se producen precisamente en este contexto de normalización.
Cabe destacar que las 14 modificaciones no amplían los poderes del Papa, de la Santa Sede ni del Cardenal Patrono sobre la administración cotidiana. Redistribuyen responsabilidades entre los órganos internos de la propia Orden, reforzando la colegialidad. El proceso también siguió las vías regulares: surgió de una solicitud del Gran Maestre, pasó por el análisis del Patrono y fue ratificado por el Pontífice, a diferencia de las intervenciones de emergencia de la década anterior.
Una orden con casi mil años de historia
Fundada hacia el siglo XI en Jerusalén para atender a los peregrinos enfermos (inicialmente como Orden Hospitalaria de San Juan), la institución evolucionó hasta convertirse en una orden militar durante las Cruzadas, estableciéndose en Rodas y después en Malta. Expulsada de Malta por Napoleón en 1798, sobrevivió sin territorio, conservando su soberanía funcional. Hoy opera una de las mayores redes humanitarias del mundo, con decenas de miles de voluntarios y colaboradores que actúan en emergencias, salud, ayuda a refugiados y proyectos sociales en más de 130 países.
León XIV, con su trayectoria como obispo en Perú y su experiencia en derecho canónico, demuestra con estas reformas un estilo que valora la continuidad con prudencia. Al aprobar los cambios in forma specifica, preserva el marco de Francisco, pero señala su confianza en la capacidad de la Orden para gestionar mejor sus propios asuntos internos, con énfasis en la renovación espiritual y la fidelidad al carisma original de servicio a los pobres y a los enfermos.
Esta intervención marca, por tanto, un paso cauteloso hacia la normalidad: equilibra la autonomía operativa de la Orden con su sumisión religiosa a la Iglesia, permitiendo que una institución casi milenaria continúe su misión humanitaria y espiritual con mayor estabilidad y responsabilidad interna.
Con información de Zenit




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