Benedicto XVI intentó, en vano, una reconciliación en 2009, «pero ahora está claro que son aún más duros y obstinados; es increíble, es verdaderamente terrible», destacó el arzobispo Georg Gänswein.
Foto: Vatican News
Redacción (07/07/2026 12:41, Gaudium Press) En una entrevista con el Corriere della Sera, el arzobispo Georg Gänswein, quien fue secretario privado de Benedicto XVI durante muchos años y actualmente es Nuncio Apostólico en los Países Bálticos, ofreció una valoración directa y sin rodeos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), el grupo tradicionalista fundado por el arzobispo Marcel Lefebvre. Según él, los sectores más radicales de la Fraternidad rechazaron las ofertas de reconciliación con Roma y se volvieron aún más cerrados que durante el pontificado de Benedicto XVI.
Mons. Gänswein expresó su decepción por el fracaso de los esfuerzos de Benedicto XVI por restaurar la plena comunión. El Papa alemán dedicó años a esta causa, convencido de que la unidad en el altar era vital para la vida de la Iglesia. Consideraba la división como una herida abierta que necesitaba ser sanada con paciencia pastoral.
Estas declaraciones cobraron fuerza tras la lectura pública, en el seminario de Écône (Suiza), de un texto que acusa a las autoridades eclesiásticas desde el Concilio Vaticano II de estar animadas por un espíritu contrario a la fe y de actuar en contra de la Sagrada Tradición. Para Mons. Gänswein, este tipo de postura revela una visión distorsionada de la Tradición católica. Muchos en la FSSPX, según él, parecen creer que la Tradición terminó con Pío XII (fallecido en 1958) e interpretan todo lo que vino después, especialmente el Concilio, como un error o una ruptura. Esta rigidez deja poco margen para la continuidad legítima del magisterio y la vida eclesial.
Los esfuerzos de Benedicto XVI
Benedicto XVI “quería ser Pontífice, literalmente: un constructor de puentes”, y un padre espiritual, buscando la paz en lugar de la división, “una mano tendida que, lamentablemente, no aceptaron”. “Son como los protestantes de hace cinco siglos; el cardenal Müller tiene razón”, enfatizó el arzobispo.
Un gesto significativo de Benedicto XVI fue la revocación, en 2009, de la excomunión de los cuatro obispos ordenados por Lefebvre en 1988. El objetivo era crear las condiciones para nuevos diálogos y la reconciliación. Sin embargo, Mons. Gänswein considera que las corrientes radicales dentro de la Fraternidad se resistieron desde el principio y que, con el tiempo, el grupo se distanció aún más de Roma. Si bien la gracia puede propiciar el cambio, los indicios actuales apuntan a un creciente distanciamiento de la unidad deseada tanto por Benedicto XVI como por el papa León XIV.
No se trata solo de liturgia
Mons. Gänswein insiste en que el problema con la FSSPX va mucho más allá de la forma de la Misa. Existen comunidades plenamente unidas a Roma que celebran la Misa Tridentina (forma extraordinaria del Rito Romano) sin conflicto, como la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP). Fundada en 1988 por sacerdotes que abandonaron la FSSPX, la FSSP sigue el Misal de 1962, forma seminaristas y opera en diversas diócesis, manteniendo la obediencia al Papa. Esto demuestra que la adhesión al antiguo rito no implica necesariamente el rechazo de la autoridad papal ni del Concilio.
Además, el Concilio Vaticano II no abolió el latín: la Constitución Sacrosanctum Concilium (firmada también por Mons. Lefebvre) preveía el uso de lenguas vernáculas, pero mantenía el latín como lengua oficial. El arzobispo francés participó en el Concilio como padre conciliar y firmó el documento litúrgico.
Crítica a Traditionis Custodes
Mons. Gänswein también criticó la política actual del Vaticano respecto a la Misa en latín. Aboga por un enfoque más flexible, generoso y paternal hacia los fieles y sacerdotes adscritos al Misal de 1962. Considera que tal medida no solo eliminaría un punto de controversia frecuente explotado por la FSSPX, sino que también contribuiría a una mayor armonía dentro de la Iglesia. En su opinión, las restricciones impuestas por el motu proprio Traditionis Custodes (2021) de Francisco fueron un error que puede y debe corregirse.
El documento de Francisco revocó gran parte de la libertad otorgada por Benedicto XVI en Summorum Pontificum (2007), que permitía la celebración de la forma extraordinaria sin autorización especial del obispo.
Mons. Gänswein rechazó el argumento de que la liberalización de la liturgia tradicional por parte de Benedicto XVI haya promovido principalmente la división dentro de la Iglesia. Gänswein sostiene que, a pesar de algunos abusos ocasionales, la experiencia de más de una década ha dado resultados positivos. Según él, muchos obispos prefirieron mantener las aperturas en lugar de imponer restricciones generales. Se aplica el principio clásico: abusus non tollit usum (el abuso no anula el uso legítimo).
Restaurar una mayor libertad para la celebración de la Misa tradicional en latín ayudaría a recuperar la «paz litúrgica» que se ha visto dañada, eliminando un argumento frecuentemente utilizado por los sectores más radicales de la FSSPX.
Mons. Gänswein, con su cercanía histórica a Benedicto XVI, nos recuerda que la unidad exige fidelidad a la autoridad de la Iglesia, pero también apertura pastoral a la legítima diversidad litúrgica. La reconciliación sigue siendo posible, pero depende de un diálogo honesto sobre la autoridad, la doctrina y la comunión, acompañado de un ambiente litúrgico más pacífico y acogedor dentro de la Iglesia una, santa, católica y apostólica.





Deje su Comentario