En este pasaje, San Francisco de Sales nos recuerda las normas del decoro.

Foto: Aviv Rachmadian/ Unsplash
Redacción (30/07/2026 07:57, Gaudium Press) San Pablo desea que las mujeres cristianas (y también los hombres) se vistan con decoro, evitando todo exceso e inmodestia en sus adornos.
Ahora, el decoro de la ropa y los adornos depende del material, la forma y la limpieza.
La limpieza debe ser general y constante, para evitar cualquier mancha o cosa similar que pueda ofender la vista; esta limpieza externa se considera un indicio de la pureza del alma, hasta el punto de que Dios mismo exige a sus ministros del altar perfecta pureza y honestidad con respecto al cuerpo.
Observad las reglas de la sencillez y la modestia, que sin duda son el adorno más preciado de la belleza y la mejor excusa para la fealdad. Personalmente, yo deseaba que una persona devota siempre fuera la mejor vestida en una reunión, pero la menos pomposa y afectada, y que estuviera adornada, como se lee en Proverbios, con gracia, decencia y dignidad.
San Luis lo resume todo en una palabra: cada persona debe vestir según su condición; para que las personas prudentes y buenas no puedan encontrar excesos y los jóvenes no carezcan de adorno y decencia; y en caso de que los jóvenes no estén satisfechos, es necesario seguir el consejo de las personas prudentes.
SANTO FRANCISCO DE SALES. Filotea o Introducción a la vida devota. Río de Janeiro: Vozes, 1959, pp. 234-235.





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