Brigitte Stegemann, de 83 años, murió el 10 de julio por eutanasia en Canadá. Pero la familia está diciendo que todo fue irregular.

Foto: Facebook
Redacción (21/09/2026 11:25, Gaudium Press) Reporta el Daily Mail el caso de Brigitte Stegemann, de 83 años, conocida cariñosamente como ‘GG’ u ‘Oma’ por sus seres queridos, quien murió el 10 de julio pasado en el asilo The Pearl, en Cannifton, Canadá, tras recibir la llamada Asistencia Médica para Morir (MAiD, por sus siglas en inglés). Según el relato al Mail de su nieta, Brigitte Kranendonk, la anciana —cristiana devota de origen alemán— nunca dio un claro consentimiento final y todo el proceso estuvo marcado por irregularidades que la familia ya ha denunciado ante la policía y las autoridades sanitarias de Ontario.
El rechazo explícito a la eutanasia
Stegemann, diagnosticada en febrero con cáncer de estómago en etapa 4, había rechazado la MAiD de forma clara meses antes, alegando que iba en contra de su fe cristiana. Cuando su nieta —quien fue su cuidadora durante doce años y su apoderada médica durante seis— le explicó en qué consistía el procedimiento, la anciana respondió sin ambigüedades: “No, no quiero eso”.
Además, hay otro episodio que aún atormenta a Kranendonk ocurrido en febrero: cuenta que tuvo que convencer a su abuela de que aceptara un puerto médico, un pequeño dispositivo implantado bajo la piel que permite administrar medicamentos directamente en una vena. Pero una vez colocado, la anciana se lo arrancaba repetidamente mientras gritaba: “¡No quiero la inyección de la muerte!”.
La confusión antes del procedimiento
El 3 de julio, regresando de un viaje la nieta recibe una llamada que no esperaba.
Venía esta del asilo y le informaban de que iban a programar una evaluación de MAiD para su abuela, pues su salud se había deteriorado bastante.
Después Kranendonk preguntó con inquietud a una enfermera de la residencia quién había iniciado la conversación sobre la MAiD. “La enfermera se mostró muy brusca y a la defensiva”, recuerda Kranendonk. “Ella decía: ‘Bueno, solo intento defender sus intereses. Solo trato de hacer lo correcto para ella’”. “Nadie me llamó” para hablar del ofrecimiento de la MAiD, comenta, explicando cómo sintió que la mantuvieron al margen de todo el proceso desde el principio, a ella que había cuidado a su abuela durante los 12 años anteriores, y había sido su representante legal en los últimos 6.
Sobre el supuesto grave deterioro de la salud de su abuela, Kranendonk tiene otra versión: “En cuanto a su rápido deterioro, no soy médica, pero cuando volví ella seguía comiendo, iba al baño caminando, hablaba mucho y hacía muchas bromas”. “Nunca se quejó de dolor delante de mí, salvo cuando le presionaban el estómago insistentemente”.
Kranendonk se aseguró de estar presente durante la segunda evaluación para la MAiD; fue allí donde observó que el médico hablaba en “términos muy vagos, sin pronunciar nunca las palabras ‘muerte’ o ‘morir’”. “Le explica la MAiD [muerte asistida] a mi abuela diciendo: ‘Le vamos a administrar medicamentos y se sentirá en paz. Y solo quiero que sepa que no defecará’”.
“Lo dice en términos extraños, no literales”, comenta Kranendonk, y añade: “Mi abuela simplemente asiente. El inglés no es su lengua materna, tiene 83 años y una grave pérdida auditiva”. Kranendonk miró a la doctora y le dijo: “No entiende lo que está diciendo”.
Dos días antes de la fecha fijada para la eutanasia, Kranendonk le explicó a su abuela, en términos directos, que iba a morir el viernes. Stegemann reaccionó con incredulidad y lloró de forma inconsolable durante 45 minutos, exclamando: “He cometido un error”, es decir, la anciana recordaría algo como haber dado su consentimiento, pero estaría arrepintiéndose o simplemente no había claridad. Hay serias dudas de sus facultades mentales. En una prueba cognitiva realizada para verificar si estaba en condiciones de consentir el procedimiento, la anciana falló todas las preguntas, llegando a creer que sus dos hermanos —aún vivos— habían muerto.
La mañana de la muerte: el relato más dramático
Según el testimonio de la familia, la mañana del 10 de julio comenzó con un momento entrañable: comieron helado de fresa en el jardín mientras un pastor oraba junto a ellos. Pero la escena cambió drásticamente cuando, noventa minutos antes de lo previsto, una enfermera —sin guantes, según el relato— intentó canalizar una vía intravenosa. Tras fallar varias veces en el brazo derecho, pasó al izquierdo, dejando a la anciana con sangre en su camisón, la almohada y las sábanas, mientras entregaba a los familiares insumos para que los sostuvieran.
Cuando llegó la médica, preguntó a Stegemann si estaba de acuerdo en recibir “el medicamento”. Según los familiares presentes, la anciana no abrió los ojos, no asintió ni pronunció palabra alguna. Aun así, la profesional habría decidido proceder. En menos de diez minutos, Stegemann murió con las manos entrelazadas en actitud de oración, cubierta de su propia sangre.
“Vieron una oportunidad”: la acusación de la familia
Kranendonk sostiene que los profesionales de MAiD podrían haber actuado motivados ideológicamente, aprovechándose de la vulnerabilidad de su abuela. “Era un ser humano vulnerable, y vieron una oportunidad”, declaró al Daily Mail. Señaló además que era la primera vez que en The Pearl se realizaba un procedimiento de este tipo, lo que —según ella— pudo derivar en errores graves de protocolo.
Cómo pudo ocurrir: los vacíos que denuncia la familia
Falta de reacción legal a tiempo: Kranendonk lamenta no haber solicitado una medida cautelar judicial para detener el procedimiento, algo que desconocía que era posible.
Pese a sus sospechas, la familia no pudo trasladarla a otro lugar porque la anciana seguía necesitando atención médica constante, difícil de conseguir en el sistema canadiense. La familia asegura que se le ha negado reiteradamente el acceso a los registros médicos de su abuela, lo que dificulta esclarecer si realmente hubo consentimiento válido esa mañana.
La Policía de Belleville ha confirmado que el caso está abierto y bajo investigación de su División de Investigaciones Criminales, sin dar más detalles. La familia también presentó una queja ante la Oficina del Forense Jefe de Ontario, solicitando una revisión formal del caso bajo tres argumentos: que Stegemann carecía de capacidad para consentir, que se pasó por alto su poder notarial médico, y que no hubo consentimiento expreso final.
La versión oficial
Ni el asilo The Pearl ni los profesionales médicos involucrados han hecho declaraciones públicas, aunque se entiende que sostienen que Stegemann otorgó su consentimiento conforme a la ley. Es importante subrayar que, hasta el momento, ninguno de los detalles del relato familiar ha sido verificado de forma independiente; toda la reconstrucción de los hechos proviene del testimonio de los parientes presentes.
Con información de Daily Mail





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