A solo 30 kilómetros del frente, las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará decidieron permanecer junto a la población de Kramatorsk, pese a que su convento ha sido alcanzado dos veces por bombas rusas en las últimas semanas.
Redacción (04/08/2026 13:27, Gaudium Press) Las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, congregación misionera vinculada al Instituto del Verbo Encarnado, han vuelto a ser víctimas de la guerra en Ucrania. Su convento, ubicado en la ciudad de Kramatorsk, a unos 30 kilómetros de la línea del frente, sufrió graves daños tras ser alcanzado por bombardeos rusos en dos ocasiones durante las últimas tres semanas. Sin embargo, las religiosas aseguran que no abandonarán la misión que realizan junto a la población local y confían plenamente en la protección de la Santísima Virgen.
Las hermanas llegaron al Exarcado grecocatólico de Donetsk en 2018 para colaborar con los sacerdotes de su congregación. Tras el inicio de la invasión rusa a gran escala en 2022, establecieron su comunidad en Kramatorsk, donde desde entonces desarrollan una intensa labor pastoral centrada en la catequesis de niños y jóvenes, el acompañamiento a las familias y el apoyo a las parroquias de la región.
Hoy, Kramatorsk es una de las ciudades más castigadas del este de Ucrania. Antes de la guerra contaba con cerca de 200.000 habitantes; actualmente permanecen alrededor de 55.000 personas. La ciudad ha sido escenario de algunos de los ataques más devastadores del conflicto, entre ellos el bombardeo contra la estación ferroviaria en abril de 2022, el ataque con misiles al restaurante Ria Lounge en junio de 2023 y numerosos bombardeos contra edificios residenciales y el centro urbano en los últimos meses.
En ese contexto, el monasterio de las religiosas también ha sufrido las consecuencias de la violencia. A través de un comunicado difundido en varios idiomas, entre ellos el español, las misioneras explicaron que su decisión es permanecer junto a quienes más necesitan el consuelo de la fe. “Procuramos ser una presencia silenciosa de la Iglesia Madre allí donde tanto se necesitan la fe, la esperanza y la caridad. En las últimas tres semanas, el edificio de nuestro convento fue dañado en dos oportunidades.”
Las religiosas denunciaron que los ataques no distinguen entre objetivos militares y lugares dedicados a Dios. “La violencia del agresor no se detiene ni siquiera ante lo sagrado: ni ante el templo, ni ante el convento, ni ante la cruz, ni ante los iconos, ni ante los lugares de oración. Pero el sacrilegio más terrible es el desprecio por la vida humana, creada a imagen y semejanza de Dios.” En su mensaje también recordaron el sufrimiento cotidiano que viven miles de familias ucranianas. “Cuando se destruyen hogares, cuando mueren personas inocentes, cuando los niños se ven obligados a dormirse entre sirenas y explosiones, se abre una herida que no solamente le duele a Ucrania, sino que debería dolerle a toda la humanidad.”
Pese a la destrucción, las religiosas afirman que la esperanza sigue siendo el fundamento de su misión y pidieron la oración de todos los cristianos por la paz y por quienes permanecen sirviendo en medio del conflicto. “No queremos que la destrucción tenga la última palabra, porque la última palabra siempre le pertenece a Dios.”
Asimismo, invitaron a rezar especialmente por el Exarcado de Donetsk, por los sacerdotes, las personas consagradas, los soldados y todas las familias que continúan resistiendo en medio de la guerra. Uno de los mensajes más conmovedores del comunicado expresa la profunda confianza que las hermanas depositan en la protección maternal de la Virgen María. “No perdemos la esperanza, porque sabemos a Quién pertenece esta casa. Su verdadera Dueña es la Santísima Madre de Dios. Bajo su manto maternal fue fundado nuestro convento y bajo ese mismo manto permanece también hoy.”
Finalmente, concluyeron con un llamado que resume el anhelo de millones de ucranianos: “Oremos también por la paz. Por una paz justa. Por la victoria de la vida sobre la muerte, de la verdad sobre la mentira y del bien sobre el mal.”
La indignación del obispo de Donetsk
El exarca de Donetsk, el obispo salesiano Maksym Ryabukha, expresó su consternación por los ataques y cuestionó con dureza la destrucción de templos y el sufrimiento de la población civil. “Es triste que quienes proclaman al mundo entero ser auténticos cristianos torturen y asesinen incansablemente a prisioneros, destruyan iglesias y monasterios, y maten sin remordimiento alguno a cientos de civiles.” El prelado también elevó una oración por quienes permanecen en las zonas más expuestas al conflicto. “¡Oh, Dios, protege nuestras ciudades y pueblos en la primera línea del frente! No permitas que el enemigo insaciable y obsesionado aplaste el valor y la dignidad de la vida humana. ¡Dale a todos la fuerza para resistir y esperar tu victoria!”
El Obispado de Donetsk recordó que la guerra no solo destruye viviendas, escuelas y hospitales, sino también el patrimonio espiritual y los lugares donde las personas encuentran esperanza y consuelo. Aun así, destacó que sacerdotes, religiosos y religiosas continúan acompañando a su pueblo, convirtiéndose en un testimonio vivo de que la fe, el amor y la esperanza pueden mantenerse incluso en medio de la guerra.
Con información de Religión en Libertad






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