Tras años de éxito deportivo y profesional, Goran Tomašević emprendió solo el Camino de Santiago. Allí, entre el silencio, los encuentros y la oración, volvió a encontrar la fe y decidió entregar su vida a Cristo.

Foto: YouTube
Redacción (07/08/2026 17:00, Gaudium Press) El Camino de Santiago, con más de doce siglos de historia, continúa siendo mucho más que una ruta de peregrinación. Cada año, miles de personas llegan hasta sus senderos impulsadas por motivos muy distintos: algunos buscan aventura, otros silencio, respuestas o un nuevo comienzo. Entre ellos se encuentra Goran Tomašević, un exwaterpolista olímpico que, después de alcanzar el éxito profesional y deportivo, descubrió que ninguna de sus conquistas había logrado llenar el vacío que llevaba dentro.
Con 36 años, Tomašević había construido una trayectoria que muchos considerarían ejemplar. Nacido en Croacia y posteriormente establecido en Australia, representó a ese país en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 en la disciplina de waterpolo masculino. Además de su carrera deportiva, estudió en Estados Unidos y llegó a ocupar el cargo de vicepresidente de un importante grupo financiero internacional con sede en Sídney.
Según relata National Catholic Register, una relación sentimental de diez años terminó de manera inesperada. Poco tiempo después también decidió abandonar el trabajo al que dedicaba prácticamente toda su vida. “Era como un divorcio”, confesó al recordar aquel momento.
La ruptura afectiva y el desgaste laboral lo dejaron frente a una realidad que durante años había intentado evitar. El deporte de alto rendimiento y las responsabilidades profesionales habían ocupado casi todo su tiempo, pero también se habían convertido en una forma de no enfrentar las heridas que llevaba en el corazón.
Un testimonio familiar que cambió su rumbo
En medio de esa búsqueda interior escuchó el testimonio de una de sus sobrinas, quien le contó cómo el Camino de Santiago había sido decisivo para superar un momento difícil de su vida. Aquella experiencia despertó en él el deseo de emprender la peregrinación. Así decidió recorrer completamente solo los cerca de 800 kilómetros que separan Saint-Jean-Pied-de-Port, en Francia, de Santiago de Compostela, en España. Durante cinco semanas caminó atravesando pueblos, montañas y extensas llanuras, con el único propósito de encontrarse consigo mismo.
Los primeros días de peregrinación estuvieron llenos por largos momentos de silencio, especialmente durante el paso por la Meseta castellana. “Me encontraba solo durante tres o cuatro horas en medio de la nada”, recordó. Fue precisamente en esos momentos cuando comenzó a experimentar algo que cambiaría completamente su vida. “Solo estábamos Dios y yo”, explicó.
Aunque había sido criado en la fe católica en Croacia, con el paso de los años se había distanciado de la Iglesia porque la veía como una práctica impuesta por la tradición cultural más que como una experiencia personal. Sin embargo, el Camino comenzó a transformar esa percepción. Las pequeñas iglesias abiertas a los peregrinos, las cruces que encontraba a lo largo de la ruta, los sacerdotes que lo acogían y el ambiente de oración despertaron nuevamente en él una fe que creía perdida.
A lo largo del recorrido, distintas personas aparecieron en momentos decisivos, recuerda especialmente a una niña que, mientras corría, le gritó inesperadamente, “Jesús te ama”.
También permaneció grabado en su memoria el gesto de una mujer que tomó su rostro entre las manos y le dijo con serenidad, “Solo tienes que confiar”.
A esas experiencias se sumaron las conversaciones con otros peregrinos que compartían sus propias historias de sufrimiento, enfermedad, pérdidas familiares y luchas interiores. Aquellos testimonios le hicieron comprender que todos cargaban una cruz y que el Camino se convertía para muchos en un espacio de sanación.
“Estoy listo; estoy a tu servicio”
El momento decisivo llegó durante la subida a O Cebreiro, una de las etapas más exigentes del Camino Francés. Mientras afrontaba los últimos kilómetros de ascenso sintió que había llegado el instante de entregar completamente su vida a Dios. “Sabía que los últimos 7 kilómetros eran una subida empinada, y cuando llegó el momento, aceleré el paso. Hablé con Dios y le dije: ‘Estoy listo; estoy a tu servicio’“. Aquella oración representó para él una verdadera rendición interior. Después de años buscando reconocimiento en las competencias, los logros académicos y la vida profesional, comprendió que necesitaba algo más.
La experiencia culminó al llegar a la Plaza del Obradoiro, frente a la Catedral de Santiago de Compostela. Mientras contemplaba el templo ocurrió un momento que nunca ha olvidado. “Sentí que Dios me reconocía”.
Luego describió lo que vivió en aquel instante, “El sol se abrió paso entre las nubes, justo entre las dos torres, brillando directamente en mis ojos, y sentí como si me dijera: ‘Te veo. De ahora en adelante, estamos juntos’“. Ese momento estuvo acompañado de lágrimas y temblores. Para Tomašević significó la certeza de haber encontrado aquello que llevaba años buscando y selló su decisión de entregar su vida a Cristo.
Del éxito deportivo al encuentro con Dios
La historia de Goran Tomašević refleja que el éxito profesional o deportivo no siempre responde a las preguntas del corazón. Durante años creyó que el rendimiento, la disciplina y los logros podían darle plenitud, pero descubrió que seguía existiendo un vacío imposible de llenar únicamente con reconocimientos.
El Camino de Santiago le permitió detenerse, escuchar el silencio, afrontar sus heridas y reencontrarse con la fe que había dejado atrás. Hoy participa regularmente en la Eucaristía y comparte su testimonio para animar a otras personas a abrirse a Dios.
Para él, la peregrinación no fue únicamente un recorrido físico hasta Santiago de Compostela. Cada paso representó un acto de entrega, cada encuentro una oportunidad para descubrir el amor de Dios y cada iglesia un recordatorio de que la fe sigue siendo un camino abierto para quienes están dispuestos a dejarse encontrar.
Con información de Religión en Libertad




Deje su Comentario