lunes, 10 de agosto de 2026
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Ángelus del Papa: La presencia del Señor lo cambia todo

Antes de rezar el Ángelus, el Papa exhortó a los fieles a tener confianza en medio de las dificultades de la vida. «En cualquier circunstancia, Jesús no nos abandona si humildemente lo recibimos en la barca de nuestra vida».

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Foto: Vatican Media

Redacción (10/08/2026 10:19, Gaudium Press) Ayer domingo 9 de agosto de 2026, el Papa León XIV presidió el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, Roma, ante una multitud de fieles y peregrinos. En su meditación, centrada en el Evangelio del día (Mt 14,22-33), el Pontífice reflexionó sobre el milagro de Jesús caminando sobre las aguas durante una tormenta en el Mar de Galilea y extrajo profundas enseñanzas para la vida cristiana.

El Papa comenzó recordando la escena bíblica: tras el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús anima a los discípulos a embarcarse y avanzar, mientras Él se retira a solas para orar. Lejos de la orilla, los apóstoles se encuentran a merced del viento y tienen dificultades para avanzar. «Después de una experiencia exitosa, en la que habían sido protagonistas de un signo prodigioso, ahora se encuentran impotentes y atemorizados ante la amenaza de las olas y el viento contrario», afirmó León XIV.

Al final de la noche, Jesús sale a su encuentro caminando sobre las aguas turbulentas. Los discípulos, asustados, lo confunden con un fantasma. Pero el Maestro los tranquiliza: «¡Ánimo! ¡Soy yo! ¡No tengan miedo!» (Mt 14,27). «La presencia del Señor lo cambia todo», enfatizó el Papa: Pedro incluso logra dar unos pasos sobre las olas hacia Él; luego se asusta, comienza a hundirse y Jesús lo salva. Cuando el Señor entró en la barca, la tormenta amainó y los discípulos profesaron espontáneamente su fe: «¡Verdaderamente eres el Hijo de Dios!» (Mt 14,33).

León XIV enfatizó que, para llegar a esta profesión de fe, no bastaba con que los discípulos presenciaran un milagro o tuvieran éxito ante la multitud. «Tenían que experimentar su propia debilidad, reconociendo en ella la presencia de Dios. Solo así pudieron abrir verdaderamente sus ojos y corazones a su cercanía, redescubriendo la paz incluso en medio de la tempestad».

El Pontífice también recordó las palabras posteriores de Jesús: «Si tienen fe y no dudan […], si le dicen a esta montaña: ‘Quítate de ahí y lánzate al mar’, se hará» (Mt 21,21). «Y eso fue precisamente lo que experimentaron en el lago: la paz de Cristo, que había estado en la montaña orando, los alcanzó en medio de la furia de las aguas».

El milagro, según el Papa, nos enseña dos lecciones fundamentales. Primero, «no jactarnos del éxito ni considerarnos superiores a los demás». Segundo, «no perder la esperanza, ni siquiera en los momentos de oscuridad, cuando nos sentimos impotentes ante los problemas que, a pesar de nuestros esfuerzos, nos hacen pensar que retrocedemos en lugar de avanzar».

Y concluyó con un mensaje de confianza: «En cualquier circunstancia, Jesús no nos abandona, y si lo recibimos humildemente en la barca de nuestra vida —mediante la oración, los sacramentos y la escucha de la Palabra— en Él encontraremos paz, luz y fortaleza para nuestro camino». Invocó la intercesión de María: «Que María nos ayude a vivir así, con una confianza plena en Dios, ella que fue proclamada bienaventurada por su fe (cf. Lc 1,45)».

Tras el rezo del Ángelus, el Papa León XIV ofreció oraciones por la situación en Sudán, especialmente en El-Obeid, y por las víctimas inocentes en Ucrania y Rusia, reiterando su llamado al alto el fuego, al respeto del derecho humanitario y a la vía diplomática y del diálogo. Asimismo, saludó a varios grupos de jóvenes presentes, invitándolos a inspirarse en los santos del calendario litúrgico, como Santo Domingo, Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), San Lorenzo y Santa Clara de Asís.

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