La pregunta de Jesús sigue abierta: «¿Pero quién decís vosotros que soy yo?». Todos estamos llamados a responderla, no solo una vez, sino cada día.

Foto: Vatican Media
Redacción (24/08/2026 08:30, Gaudium Press) En el Ángelus de ayer domingo 23 de agosto, el Papa León XIV invitó a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro a reflexionar sobre una pregunta esencial para la vida de fe: «Para mí, ¿quién es Jesús realmente? ¿Y qué sentido tiene su presencia en mi vida?». La reflexión surgió del Evangelio de Mateo (Mt 16,13-20), propuesto para el 21.º domingo del Tiempo Ordinario, en el que Cristo pregunta a sus discípulos sobre su identidad.
El Papa subrayó que el relato evangélico muestra la importancia crucial de esta pregunta para la experiencia del discipulado. Aunque los Doce ya habían compartido gran parte de la vida y el ministerio del Maestro, «Jesús no quería dar por sentado que lo conocían verdaderamente ni que habían comprendido el misterio del Reino de Dios». Tras escuchar las opiniones de la gente, Jesús se dirige directamente a ellos: «Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16,15).
Según León XIV, este momento constituye «un paso fundamental para los discípulos de todos los tiempos, para cada uno de nosotros». La fe, enfatizó, «no se nos da una vez y para siempre». Al contrario, «necesitamos constantemente redescubrir el rostro de Cristo y su Evangelio, profundizar en su mensaje y renovar las decisiones de nuestra vida, para que sean coherentes con lo que profesamos, superando la tentación de pensar que ya lo sabemos todo y de convertir la fe en un hábito».
Una pregunta que sigue vigente
La pregunta planteada a los apóstoles sigue siendo válida para todo cristiano. El Papa León XIV recordó a la congregación que el corazón de la fe es dinámico y necesita renovación constante, reafirmando la adhesión a Cristo, quien nos introduce al amor del Padre y transforma nuestra existencia. En la vida cotidiana, es posible discernir si el Señor Jesús es simplemente «una figura importante en la historia que dijo e hizo cosas trascendentales, o si es el Cristo de Dios, el enviado para presentarnos al amor del Padre y transformar nuestras vidas y el mundo en que vivimos».
León XIV advirtió sobre el riesgo de encerrarnos en nuestras propias convicciones y certezas religiosas. «Aprendamos a no encerrarnos en nuestras convicciones y certezas religiosas, para que podamos permanecer abiertos a una relación auténtica con Cristo». A menudo, observó, nos conformamos con «lo que hemos “oído”, con lugares comunes, con lo que se nos ha transmitido, quizás incluso con buenas intenciones». Jesús, sin embargo, nos llama a una respuesta personal: a conocerlo íntimamente, a dejarnos transformar por la amistad con Él, en un encuentro siempre nuevo «que puede requerir que recorramos nuevos caminos y tomemos decisiones distintas a las que habíamos imaginado».
Al concluir su meditación, el Papa invocó a la Virgen María, «que en su corazón buscó la voluntad de Dios por medio de su Hijo», para que guíe siempre a los fieles por el camino de la fe.



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