lunes, 31 de agosto de 2026
Gaudium news > El peligro de las apariencias

El peligro de las apariencias

Dios no crea nada imperfecto en la naturaleza, e incluso las contradicciones del tucán nos enseñan una profunda lección sobre la humildad y el peligro de las apariencias.

Tucanobicolaranja 700x466 1

Foto: Wikipedia

Redacción (31/08/2026 10:48, Gaudium Press) De vez en cuando, la naturaleza nos presenta espectáculos que desafían nuestra imaginación. El tucán es, sin duda, una de las aves más bellas e inconfundibles que conocemos. Con su imponente plumaje negro, sus llamativos ojos y ese pico monumental en vibrantes tonos de rojo, naranja y amarillo —cuyos colores se repiten sutilmente cerca de las plumas de la cola— siempre ha sido admirado. En el ajetreo de la gran ciudad, era raro verlo. Pero, desde que me mudé a esta nueva vida en el campo, se han vuelto más frecuentes, y recientemente, dos de ellos decidieron instalarse en el aguacatero de nuestro jardín.

Se sienten tan a gusto en el huerto que ya no se limitan a las ramas. Cuando cae un aguacate, bajan a comerlo al suelo, encontrando en la gran fruta el alimento ideal para su tamaño. Al principio, lo confieso, tenía muchas ganas de fotografiarlos, pero nuestro acercamiento los ahuyentó con aquel vuelo ruidoso y pesado. Entonces decidimos hacer un pacto: conservar su imagen solo en nuestros ojos, acordando que nadie tomaría la cámara para no asustarlos. Mantuvimos una distancia respetuosa y los observamos con discreción, a veces posando en lo alto del árbol de aguacate, a veces caminando por el suelo. No tardaron en recibir nombres cariñosos: los bautizamos como Arcángel y Miguel.

La sombra tras el glamour

Sin embargo, la visión romántica que albergaba sobre los tucanes sufrió un revés cuando un vecino nos reveló una faceta insospechada del animal. El tucán, explicó, tiene fama de ser un depredador despiadado: destruye los nidos de otras aves para devorar huevos y polluelos, y suele atacar los nidos de horneros y los refugios de aves más pequeñas. Jamás imaginé que esta ave de aspecto tan noble cargara con el estigma de ser “malhumorada” en la dinámica de la fauna.

Reflexioné sobre la razón de tal comportamiento. Para el tucán, la carne fácil de los polluelos representa una presa nutritiva y accesible que puede engullir con su enorme pico. Porque el pico del tucán, aunque deslumbrante y atractivo por su belleza, es también su mayor desventaja.

Este aparato que atrae la admiración de los hombres —y quizás la envidia secreta de otros animales, constituyendo su ‘encanto’— es, al mismo tiempo, su tortura. Un pico de ese tamaño convierte la alimentación diaria en un tormento: si la fruta es demasiado pequeña, tiene muchísima dificultad para sujetarla; si la comida está en un rincón estrecho, le falta precisión. Pensé en el hambre que debe soportar un tucán. Sin duda, la Divina Providencia dotó a la especie de resistencia orgánica para compensar tal carga, pero lo cierto es que su mayor adorno es también su mayor obstáculo.

La soledad de lo extraordinario

Al contemplar al Arcángel y a Miguel, empecé a pensar en cuántas personas andan por este mundo vestidas como “tucanes”. Son personas dotadas de grandes cualidades, talentos llamativos o personalidades impactantes que atraen la atención desde lejos: un verdadero “pico vistoso” social. Sin embargo, esta misma evidencia ventajosa termina obstaculizando sus acciones más simples, impidiendo apreciar las pequeñas bellezas de la vida y acceder al alimento espiritual de la vida cotidiana.

Más aún: el tucán es un ave visiblemente solitaria. Mientras que otras especies de aves caminan en bandadas, comparten espacio y armonizan en el jardín, el tucán siempre está al margen, aislado, rodeado de su propia grandeza ostentosa que ahuyenta a los demás animales. Por suerte, nuestros vecinos Arcángel y Miguel al menos encontraron compañía el uno en el otro.

Lecciones del Huerto

¿Con qué frecuencia nos volvemos vanidosos por lo que nos expone, buscando aplausos fáciles, una visibilidad excesiva y una prominencia que nos aleja de la simple compañía de nuestros semejantes? Nos convertimos en blancos fáciles, excesivamente exhibidos, incapaces de disfrutar de lo que verdaderamente nutre el alma.

Dios no crea nada imperfecto en la naturaleza, e incluso las contradicciones del tucán nos enseñan una profunda lección sobre la humildad y el peligro de las apariencias. Al contemplar ese árbol de aguacate, me doy cuenta de que la verdadera felicidad no reside en ostentar grandes trofeos, sino en saber encontrar, en la sencillez y en la compañía de quienes nos comprenden, el verdadero sustento para el camino, un sustento que comienza en Dios y nos conduce a Él.

Por Alfonso Pessoa

Deje su Comentario

Noticias Relacionadas