lunes, 31 de agosto de 2026
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Fátima: La gran promesa del Corazón de María a los que practiquen los primeros sábados de mes

“Di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el Primer Sábado, se confiesen, y reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias
para la salvación de sus almas”.

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Redacción (31/08/2026 10:28, Gaudium Press) “Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”, decía la Santísima Virgen a los tres pastorcitos de Fátima en la aparición del 13 de julio de 1917; expresión considerada, por todos los estudiosos, como el núcleo de su Mensaje. En las comunicaciones – que comenzaron el 13 de mayo –, la Virgen fue mencionando esta devoción como remedio para la crisis que se vivía, y la que sobrevendría, al mundo contemporáneo.

Esta tercera aparición, que ocurrió un viernes, tuvo sus prolegómenos. Lucía, la mayor de los pastorcitos, estaba decidida a no ir a Cova da Iría, lugar de las apariciones. Estaba pasando, en su niñez (10 años), por duras pruebas. Su madre no le creía, le decía que era una mentirosa. El párroco del lugar, que la interrogó con mucha paz y amabilidad, pero “de forma muy minuciosa, y casi agobiante”, le hizo una advertencia: “No me parece una revelación del Cielo” – veredicto que la dejó perturbada –, “esto puede ser un engaño del demonio. Vamos a ver. El futuro nos dirá lo que tenemos que pensar” (Memorias de la Hermana Lucía, Segunda, II).

Ante eso, cercana la hora de partir a la cita, se sintió impulsada por una fuerza irresistible, fue a buscar a sus primos – que los encontró llorando y de rodillas rezando – y partieron. Al llegar, encontraron cerca de tres mil personas.

Precisamente, en esta aparición del 13 de julio, Nuestra Señora les revela la parte del Mensaje que contiene el llamado secreto – hoy revelado – compuesto de tres partes: la visión del infierno, la devoción al Inmaculado Corazón de María, la preocupante advertencia: “Dios va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre”, para evitarlo, “vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los primeros sábados”.

Hemos profundizado en otros artículos de opinión sobre el Mensaje en general y particular. Hoy quiero, ya que nos encontramos en el centenario del pedido de la Comunión Reparadora, profundizar en este tema.

Con el correr de los años, la joven Lucía, tuvo que hacer un largo y doloroso itinerario hasta convertirse en carmelita descalza en el Carmelo de Santa Teresa de Coímbra. Una de las etapas de ese camino transcurrió en la Congregación de las Hermanas de Santa Dorotea, en Tuy, municipio de Pontevedra, España. Allí recibió una de las revelaciones que completaban el Mensaje transmitido por la Madre de Dios en Cova de Iría: la gran promesa del Corazón de María.

Era un 10 de diciembre de 1925, relata, en que “se le apareció la Santísima Virgen y a su lado, suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole en el hombro la mano, le mostró un Corazón que tenía en la otra mano, cercado de espinas”. Al mismo tiempo, dijo el Niño: ‘Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre, que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas”. (Cuarta Memoria, II, 5, Apéndice 1).

Nuestra Señora ofrecía un don de valor inestimable al decir a la vidente a continuación: “Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el Primer Sábado, se confiesen, y reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas”.

Dios elige los pequeños para grandes cosas, y mostrar que todo es obra de sus manos. Fue así con la hermana Lucía, esta pastorcita de las apariciones de Fátima, viviendo su vida religiosa virtuosamente, tuvo un caminar lleno de dificultades. Meses después, un 15 de febrero de 1926, se le apareció de nuevo el Niño Jesús preguntándole si había difundido la devoción a su Santísima Madre. Le expuso los contratiempos que había tenido: su superiora dispuesta a ayudarle, pero el confesor le decía “que era necesario que esa visión se repitiese, que hubiese hechos para que fuera creíble, que poco podría hacer la superiora”. El Niño Jesús le respondió: “Es verdad que tu Superiora sola nada puede; pero con mi gracia lo puede todo”.

Lucía levanta otras objeciones de su confesor, que decía: “que esta devoción no hacía falta al mundo”. A eso el Niño le respondió: “Me agradan más las que hagan los Primeros Sábados con fervor y con el fin de desagraviar el Corazón de tu Madre del Cielo, que aquellas que hagan los quince (misterios del rosario) tibios e indiferentes” (Ídem, Memorias).

¡Los Primeros Sábados de mes! A los que atiendan este pedido, en las condiciones indicadas, la gran promesa hecha por la propia Madre de Dios: su ayuda en el momento de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación. Qué pedido de la Virgen tan fácil de cumplir, la Comunión Reparadora, cinco meses seguidos.

Contrarrestemos la indiferencia a esta invitación celeste. Los Heraldos del Evangelio, en diversas partes del mundo, atienden el pedido de la Virgen en sus propias iglesias o en parroquias diversas. En San Salvador, todos los Primeros Sábados de mes, en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima ubicada en el km 8 del Bulevar Constitución, comenzando a las 10 am, con el rezo del santo rosario y la meditación de un misterio, seguido de la santa Misa, habiendo confesiones durante toda la celebración.

Por el P. Fernando Gioia, EP

www.reflexionando.org

(Publicado originalmente en La Prensa Gráfica, 30 de agosto de 2026).

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