Todas las diócesis de Estados Unidos recibirán una réplica fiel de la tilma de San Juan Diego para entronizarla en su catedral. Después, la imagen peregrinará dos años por las parroquias hasta el V centenario de 2031.
Redacción (10/09/2026 09:37, Gaudium Press) Todas las diócesis de Estados Unidos recibirán una réplica fiel de la tilma de San Juan Diego para entronizarla en su catedral y hacerla peregrinar después por las parroquias durante dos años. El plan pastoral, publicado por los obispos estadounidenses, quiere preparar el 500 aniversario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, que se cumplirá en 2031.
La propuesta se recoge en el documento «One Tilma, One Heart: Walking with Our Lady of Guadalupe in the Footsteps of Saint Juan Diego» (Una tilma, un corazón: caminando con Nuestra Señora de Guadalupe tras las huellas de San Juan Diego) y se integra en el plan estratégico 2025-2028 de la Novena Guadalupana Intercontinental, cuyo objetivo declarado es «una profunda renovación espiritual y unidad bajo la protección de Nuestra Señora de Guadalupe».
Obispos de México, Estados Unidos y Canadá se llevaron ya consigo sendas réplicas tras el encuentro celebrado la semana pasada en el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de Ciudad de México. Participaron en la reunión el obispo Daniel E. Flores, de Brownsville (Texas) y vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB); el obispo Óscar Cantú, de San José (California); el obispo Eugenio Lira Rugarcía, de Matamoros (México), y el obispo Pierre Goudreault, de Sainte-Anne-de-la-Pocatière (Canadá) y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá.
De objeto de devoción a «testigo catequético vivo»
La tilma original, el ayate de fibra de maguey en el que se imprimió milagrosamente la imagen de María en el cerro del Tepeyac en 1531, permanece en la basílica de Guadalupe de Ciudad de México. Las réplicas se imprimen sobre un tejido similar al original y las que hayan sido puestas en contacto con la tilma serán tratadas como reliquias de tercera clase.
El plan pastoral presenta la imagen no solo como objeto de devoción, sino como «un testigo vivo y catequético» destinado a convertir a los católicos en mensajeros de la esperanza, a imitación de San Juan Diego. El documento razona esa pedagogía a partir del propio relato guadalupano: en el encuentro con la Virgen, el indígena descubre que su dignidad y su valor no proceden de los hombres, sino del «Dios por quien se vive», del que María de Guadalupe es portadora.
El obispo Robert Brennan, de Brooklyn (Nueva York), explicó en la asamblea plenaria de junio que la tilma para cada diócesis podía encargarse a bajo coste y que las imágenes se entregarían a los ordinarios en Baltimore, en noviembre, para su veneración en las catedrales o en los lugares que designe cada obispo.
Peregrinación por los «Tepeyacs contemporáneos»
Tras la entronización, la imagen recorrerá parroquias, comunidades y lo que los organizadores llaman «Tepeyacs contemporáneos»: lugares marcados por el sufrimiento, la exclusión, la migración y la violencia. Los acompañarán misioneros locales, los Juandieguitos, encargados de escuchar las inquietudes de cada comunidad y de impulsar las «casitas sagradas», espacios de acogida, reconciliación y formación guadalupana que el plan quiere dejar establecidos de forma permanente.
El itinerario se articula en cuatro etapas sucesivas: ver (análisis participativo de la realidad de cada comunidad e identificación de esos Tepeyacs contemporáneos), iluminar (catequesis sobre el mensaje teológico de la imagen y estudio de la vida y las virtudes de San Juan Diego), actuar (entronización diocesana y peregrinación de la tilma) y celebrar (recogida de testimonios y compromisos concretos).
La USCCB ha publicado además un Rito de Entronización de la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, bilingüe, preparado originalmente por la comisión de liturgia del episcopado mexicano. El rito prevé una misa diocesana solemne con procesión, oración de consagración y bendición de la comunidad «bajo el manto de María».
Horizonte: 2031 y el Jubileo de 2033
Los obispos han subrayado que la iniciativa prepara tanto el aniversario de las apariciones del Tepeyac en 2031 como el Gran Jubileo de 2033, el año santo extraordinario con el que la Iglesia prevé conmemorar los dos mil años de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
Entre los frutos esperados, el plan cita la homilía del Papa Francisco del 12 de diciembre de 2022, con la que se abrió la novena guadalupana, y enumera la renovación de una fe cristocéntrica mediante la mediación mariana, la reconciliación de comunidades polarizadas, el fortalecimiento de la identidad cultural hispana y la consolidación de una red de santuarios marianos como «espacios privilegiados para el renacimiento de la esperanza».
El calendario propuesto prevé el nombramiento de los embajadores guadalupanos diocesanos a finales de 2026, una formación inicial en enero de 2027 y las entronizaciones diocesanas entre febrero y diciembre de ese mismo año, con un acompañamiento pastoral que se prolongará hasta 2031.
Con información de Infocatólica.






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