Según el cardenal Pizzaballa, la misión de la Jerusalén terrenal es convertirse en imagen y reflejo de la Jerusalén celestial, así como en profecía de la reconciliación y la paz que Dios desea para toda la familia humana.

Foto: latinpatriarchateofjerusalem
Redacción (11/09/2026 10:27, Gaudium Press) En una región donde incluso palabras como “paz”, “convivencia” y “diálogo” parecen haber perdido su significado, el cardenal Pierbattista Pizzaballa decidió comenzar con una pregunta previa a las negociaciones diplomáticas y a los proyectos políticos: al fin y al cabo, ¿cuál es la verdadera vocación de Jerusalén?
El Patriarca Latino de Jerusalén lanzó esta semana el foro Within Your Gates, expresión que puede traducirse como “A tus puertas”. Desarrollado en colaboración con el centro académico de la Universidad de Notre Dame en Jerusalén, el nuevo foro reunirá a teólogos, historiadores, politólogos, arquitectos, líderes religiosos y representantes de la sociedad civil. La propuesta consiste en estudiar la misión universal de la Ciudad Santa y buscar caminos concretos para el bien de todos sus habitantes.
La iniciativa surge tras años de guerra, violencia y deterioro de las relaciones entre israelíes y palestinos. Para Pizzaballa, el conflicto no solo ha destruido vidas, familias y edificios, sino que también ha contaminado el lenguaje utilizado para hablar de la región. Las palabras repetidas continuamente en declaraciones oficiales ya no parecen capaces de transmitir el sufrimiento cotidiano ni de ofrecer un horizonte de esperanza.
Cuando el lenguaje deja de comunicar la realidad —advirtió el Patriarca—, la violencia cobra mayor fuerza. Recuperar el significado de Jerusalén se convierte, por tanto, en una manera de recuperar también la posibilidad de imaginar un futuro diferente.
El sueño de Dios para Jerusalén
La propuesta del Cardenal Pizzaballa no consiste en presentar una nueva solución territorial para el conflicto, ni en defender los intereses de una de las partes. El punto de partida es esencialmente religioso: Jerusalén posee una vocación que trasciende sus muros, sus habitantes y las fronteras de los Estados que se disputan su control.
Según el Cardenal, la misión de la Jerusalén terrenal es convertirse en imagen y reflejo de la Jerusalén celestial, así como en profecía de la reconciliación y la paz que Dios desea para toda la familia humana. Es una afirmación audaz, sobre todo cuando se pronuncia en una ciudad marcada por divisiones políticas, religiosas y étnicas aparentemente irreconciliables.
Jerusalén no es solo el escenario de una disputa contemporánea. Ocupa un lugar central en la experiencia religiosa de judíos, cristianos y musulmanes. Para los cristianos, es la ciudad de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. En ella, la violencia humana alcanzó al Hijo de Dios, pero también fue vencida por la Resurrección.
Esta dimensión impide que los cristianos vean a Jerusalén únicamente como una cuestión geopolítica. La Ciudad Santa es también un signo espiritual. Sus divisiones revelan las heridas de la humanidad, mientras que su vocación recuerda que la reconciliación no es una ingenuidad diplomática, sino que forma parte del plan de Dios.
El nombre Within Your Gates se inspiró en el Salmo 121, cantado tradicionalmente por los peregrinos durante su subida a Jerusalén: “Nuestros pies ya se detienen ante tus puertas, Jerusalén”. La imagen de las puertas es particularmente significativa. Pueden servir para proteger y separar, pero también para acoger a quienes llegan.
Pizzaballa propone interpretar las puertas de Jerusalén como una apertura en todas las direcciones. La ciudad no debería ser monopolio de un pueblo, de una religión o de una ideología. Su identidad más profunda residiría precisamente en acoger a peregrinos y extranjeros, permitiendo que cada uno se acerque al misterio que ella representa.
Un foro sin agenda partidista
El nuevo foro pretende generar investigaciones interdisciplinarias aplicadas a la realidad de Jerusalén. Entre los temas previstos figuran el significado teológico de la ciudad, su vocación universal, el lenguaje empleado en los conflictos y las posibilidades de actuación de las personas que viven bajo severas limitaciones políticas y sociales.
La intención es evitar tanto las abstracciones académicas como las respuestas partidistas preestablecidas. Los participantes deberán abordar cuestiones concretas de la vida de los habitantes de Jerusalén y desarrollar estudios capaces de contribuir a proyectos reales de reconciliación, dignidad humana y convivencia.
El carácter plural de la iniciativa se refleja en su composición. Junto a Pizzaballa figuran personalidades procedentes de diversas tradiciones religiosas y ámbitos intelectuales. Participan el filósofo palestino Sari Nusseibeh, conocido por su defensa de la no violencia; Sarah Stroumsa, exrectora de la Universidad Hebrea de Jerusalén; y Margaret Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares y cristiana árabe nacida en Haifa.
En los trabajos también participan investigadores cristianos, judíos y musulmanes, además de especialistas en política, historia, arquitectura y relaciones interreligiosas. La diversidad no se presenta como un obstáculo que deba tolerarse, sino como una condición necesaria para comprender Jerusalén en toda su complejidad.
El foro no pertenece formalmente al Patriarcado Latino, aunque fue creado a petición del Cardenal Pizzaballa y cuenta con su participación directa. La estructura busca preservar la independencia necesaria para que sus integrantes aborden verdades difíciles, incluidas aquellas capaces de desafiar a las propias comunidades a las que pertenecen.
La presencia cristiana como servicio
La creación de Within Your Gates también revela la visión de Pizzaballa sobre el papel de los cristianos en Tierra Santa. Al ser una minoría numérica, no poseen la fuerza política o militar para determinar el rumbo de la región. Su contribución específica debe provenir de otro ámbito.
La presencia cristiana no puede limitarse a la conservación de los santuarios o a la administración de instituciones. Debe ofrecer una manera diferente de mirar la ciudad y a las personas que en ella habitan. En lugar de preguntarse quién puede poseer Jerusalén en exclusiva, el cristianismo recuerda que la Ciudad Santa recibió una misión en beneficio de toda la humanidad.
Esto no significa ignorar las injusticias concretas ni equiparar todas las responsabilidades implicadas en el conflicto. La búsqueda de la reconciliación exige verdad y no puede construirse sobre el olvido de las víctimas. Al mismo tiempo, la verdad cristiana no permite convertir a ningún pueblo en enemigo absoluto ni negar la dignidad de quienes se encuentran al otro lado de las divisiones políticas.
Pizzaballa ha insistido en que la Iglesia de Tierra Santa no debe abandonar su identidad para adherirse a una narrativa nacionalista. Está compuesta por comunidades diversas y ejerce su misión entre israelíes, palestinos, jordanos, migrantes y peregrinos. Su libertad reside precisamente en no reducir el Evangelio a los intereses de una de las partes.
El foro representa un intento de traducir esa vocación en una presencia intelectual y social. La Iglesia no ofrece un tratado de paz, sino que crea un espacio en el que las diferentes comunidades puedan recuperar un lenguaje que no esté determinado por el miedo, el resentimiento o la propaganda.
Cuando el diálogo parece imposible
En tiempos de guerra, las iniciativas académicas pueden parecer insuficientes ante la urgencia del sufrimiento. Ningún seminario devolverá la vida a los muertos, reconstruirá inmediatamente las casas destruidas ni eliminará las desconfianzas acumuladas a lo largo de generaciones.
Pizzaballa no presenta el proyecto como una solución inmediata para el conflicto. Su propuesta es más modesta y, al mismo tiempo, más profunda. Antes de reconstruir acuerdos políticos, será necesario reconstruir la capacidad de reconocer al otro y de hablar sobre la realidad sin transformar cada palabra en un instrumento de combate.
El Patriarca parte de la convicción de que las fracturas, cuando se afrontan con honestidad, pueden convertirse en el fundamento de algo nuevo. El diálogo que evita la verdad produce solo declaraciones vacías. Pero la verdad sin apertura al encuentro puede convertirse en una arma más contra el adversario.
Jerusalén concentra esta paradoja. Es la ciudad llamada a dar testimonio de la paz, pero continuamente atravesada por la violencia. Es venerada como santa, pero disputada como propiedad exclusiva. Atrae a peregrinos de todo el mundo, mientras muchos de sus propios habitantes viven separados por barreras, sospechas y recuerdos dolorosos.
Preguntarse a quién pertenece Jerusalén tal vez sea empezar por la pregunta equivocada. Para Pizzaballa, la verdadera cuestión es saber a quién está llamada a servir Jerusalén. Si su vocación es ser profecía de la reconciliación universal, no podrá pertenecer plenamente a nadie mientras no haya lugar, dentro de sus puertas, para todos.
Por Rafael Ribeiro




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