viernes, 11 de septiembre de 2026
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San Juan Gabriel Perboyre, clandestino en China, traicionado por un Judas, muere un viernes a las 3 de la tarde

San Juan Gabriel Perboyre y San Francisco Regis Clet son sacerdotes franceses. Su celo los llevó hasta el otro lado del mundo a difundir la fe en Cristo.

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Redacción (11/09/2026, Gaudium Press) San Juan Gabriel Perboyre (1802-1840) –cuya fiesta celebramos hoy, junto a la de otros santos– y San Francisco Regis Clet (1748-1820), son sacerdotes misioneros franceses, de la Congregación de la Misión o Lazaristas, que dieron su vida en la persecución de la Dinastía Qing en la China. Fueron canonizados en el año 200o junto a 33 misioneros y 87 seglares por San Juan Pablo II.

Misioneros y Mártires

Vamos a la historia.

El P. Clet fue destinado a China en medio de la agitación de la Revolución Francesa y pudo servir en ese país treinta años hasta su martirio. Llegó a China en 1791 y pudo servir clandestinamente ahí durante casi 30 años. Muere en Wuchang, en el mismo lugar donde 20 años después moriría el P. Perboyre.

El P. Perboyre siguió los pasos de un hermano de sangre suyo que, siendo sacerdote, falleció en su camino a China. Resulta que él solo había acompañado a su hermano menor al seminario vicentino, con la única intención de ayudarlo a adaptarse. Pero ahí descubre su vocación y se queda con los lazaristas, que también se les conoce como vicentinos.

Es ordenado sacerdote en París, en 1826, y por sus capacidades, se le destina como profesor de teología y director del seminario; pero su sueño era misionar en China. Ocurrió que su hermano se le había adelantado en el viaje al Oriente, pero muere este en el barco, por lo que pide ocupar su lugar rumbo a China. Llega a Macao en 1835.

Desde ahí, y también de forma clandestina, se adenta en el continente. Aprende idioma, tarea no fácil, asume la vestimenta local, y va a fortalecer a las comunidades cristianas perseguidas, enraizadas en las provincias de Honan y Hupeh. En estas labores apostólicas trascurren sólo cinco años. La insurrección de una secta motivó una fuerte reacción de las autoridades que acusaron de igual modo a los creyentes cristianos, quienes resultaron víctimas de ambos bandos.

Morir por Cristo, morir como Cristo

San Juan Gabriel Perboyre, padeció “una intensa angustia del alma” durante la persecución, según afirma el estudioso Dr. Clark; él encuentra consuelo en el perdón ofrecido por Cristo al Apóstol Santo Tomás.

Tras celebrar una Eucaristía en septiembre de 1839, fue alertado de la proximidad de las autoridades, pero no huyó para poder consumir la Sagrada Eucaristía y resguardar los vasos sagrados y así evitar profanaciones. Pudo salir en el último momento, hutendo a un espeso bosque de bambú.

En medio de la Primera Guerra del Opio, la tensión era extrema, y las autoridades imperiales ofrecían apetecibles recompensas  para capturar a los extranjeros sospechosos. Fue entonces que un catecumeno, y probablemente hijo de un catequista, a cambio de una recompensa de 30 taeles, que eran monedas de plata, vendió al Santo. Kouan-Lao-San, a la manera de Judas, incluso guió a los soldados hasta la ubicación del P. Perboyre.

Pasó un año en prisiones, saltando de tribunal en tribunal.

San Juan Gabriel 2 250x391 1Entre las penalidades impuestas se registra el tener que arrodillarse sobre cadenas y ser colgado de los pulgares. Durante su cautiverio perdió parte de un pie y una mano porque sus cadenas eran apretadas hasta el extremo. Su martirio se consumó un día viernes a las tres de la tarde, como Cristo, cuando el sacerdote fue atado a una cruz y estrangulado. Esto ocurrió el 11 de septiembre de 1840, en Wuchang.

El Santo había expresado su voluntad de aceptar el martirio y el sufrimiento: “Así como Dios quería morir por nosotros, nunca debemos temer morir por Él”.

Los creyentes chinos aún conservan viva la memoria de estos primeros mártires y los seminaristas actuales de Huayuanshan están encargados de cuidar las lápidas que se encontraban sobre las tumbas de los Santos y que tuvieron que ser ocultadas durante la persecución de la llamada Revolución Cultural de las autoridades comunistas a mediados del siglo XX.

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