En su reflexión, centrada en el Evangelio de Mateo 18, 21-35, el Santo Padre destacó el perdón como un valor fundamental de la vida cristiana, esencial para la paz interior y para la convivencia humana.
Foto: Vatican Media/ Vatican News
Redacción (14/09/2026 10:58, Gaudium Press) Este domingo, 13 de septiembre, el Papa León XIV se dirigió a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, en Roma, antes del rezo del Ángelus.
El Pontífice comenzó recordando que Jesús no solo enseñó el perdón, sino que dio testimonio de él hasta la cruz, cuando rezó al Padre por sus perseguidores: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34).
A partir de la pregunta de Pedro: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». (Mt 18, 21) —, León XIV explicó que el número siete, en la Biblia, simboliza la plenitud. Perdonar siete veces, por tanto, ya sería un acto de gran generosidad. Sin embargo, la respuesta de Jesús va mucho más allá: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mt 18, 22). Es decir, el perdón debe ofrecerse sin límites y sin medida.
Para ilustrar esta exigencia, el Papa retomó la parábola del siervo despiadado. Un hombre, cuya inmensa deuda fue perdonada por misericordia del señor, se negó a perdonar la pequeña deuda de un compañero. Jesús, con ello, recuerda que el don y el perdón están en la base de nuestra existencia. Todo nos es dado por Dios en un acto de puro amor, y ninguno de nosotros puede considerarse perfecto en la respuesta a tanta bondad. Por eso, la gratuidad —fuente de nuestra propia vida— debe ser también la regla de la convivencia comunitaria.
«El perdón es indispensable y, si falta, no se puede vivir en paz: tarde o temprano, en el corazón y entre las personas, surgen conflictos, acusaciones, rencores y venganzas que destruyen las relaciones, dividen a las familias y desencadenan guerras».
Solo el perdón, según el Santo Padre, es capaz de liberar y de devolver la luz, incluso allí donde la pobreza material y moral del ser humano ha oscurecido el horizonte. Comparándolo con un viento favorable, León XIV destacó que el perdón «aleja hasta las nubes más densas, hasta que el sol vuelve a brillar».
El propio San Pedro experimentó esta misericordia. Después de haber negado y abandonado a Jesús durante la Pasión, lo encontró resucitado a orillas del lago y escuchó solo la pregunta: «Simón […], ¿me amas?». (Jn 21, 15), seguida de la invitación: «¡Sígueme!». Fue como si casi nada hubiera sucedido: el amor que olvida y sana confirmó la misión del primero de los Apóstoles.
Al concluir, el Papa León XIV pidió la intercesión de la Virgen María, Madre de la Misericordia, para que los fieles crezcan en la capacidad de perdonar, «incluso cuando es difícil dar el primer paso», y puedan difundir, con valentía y perseverancia, «la luz serena y sanadora del amor que vence el odio y desarma todo rencor».





Deje su Comentario