La invitación argentina suscita una comparación inevitable: ¿muestra León XIV la misma cercanía hacia los encarcelados que Francisco? Un análisis de las agendas de ambos papas en períodos equivalentes ofrece una respuesta.

León XIV visita prisión de Bata en Guinea Equatorial Foto: Vatican Media
Redacción (14/09/2026 10:00, Gaudium Press) Más de 480 reclusos de la Unidad Penitenciaria n.º 17 de Urdampilleta, en la provincia argentina de Buenos Aires, han escrito al Papa León XIV invitándolo a visitar el penal durante su próximo viaje al país. Las cartas fueron recopiladas por iniciativa de la pastoral penitenciaria y enviadas al Vaticano. No se trata solo de una petición para encontrarse con una personalidad mundial. Para aquellos hombres privados de libertad, la posible presencia del Papa representaría la confirmación de que, a pesar de los delitos cometidos y las penas recibidas, no han dejado de pertenecer a la sociedad ni han sido abandonados por Dios.
La elección de Urdampilleta es significativa. Se trata de una pequeña localidad alejada de los grandes centros políticos y religiosos que normalmente integran el itinerario de un viaje pontificio. Si acepta la invitación, León XIV desviará la mirada del ceremonial oficial para adentrarse en una realidad que rara vez recibe atención, salvo cuando se produce un motín, una fuga o una tragedia. Es precisamente ese desplazamiento —del centro hacia una periferia olvidada— lo que convirtió las visitas de Francisco a las cárceles en una de las imágenes más características de su pontificado.
La invitación argentina suscita, por ello, una comparación inevitable: ¿muestra León XIV la misma cercanía hacia los encarcelados que Francisco? Un análisis de las agendas de ambos papas en períodos equivalentes ofrece una respuesta más equilibrada que las meras impresiones generales.
Las visitas de León XIV a las prisiones
León XIV fue elegido el 8 de mayo de 2025. Hasta hoy han transcurrido aproximadamente 16 meses de pontificado. En ese intervalo, realizó dos visitas propiamente dichas a establecimientos penitenciarios.
La primera tuvo lugar el 22 de abril de 2026, durante su viaje apostólico a África. En la prisión de Bata, en Guinea Ecuatorial, el Papa afirmó que nadie está excluido del amor de Dios y defendió una justicia que no se limite a castigar. Para él, la verdadera justicia debe reconstruir la vida de las víctimas, de los culpables y de las comunidades afectadas por el mal. León también pidió oportunidades de estudio y trabajo para los reclusos, elementos indispensables para una reinserción digna. Fue una intervención de gran profundidad, en la que la misericordia no apareció como una negación de la responsabilidad, sino como una apertura a la transformación personal. El discurso se encuentra registrado en el sitio web oficial de la Santa Sede.
La segunda visita tuvo lugar el 10 de junio de 2026, en el Centro Penitenciario Brians 1, cerca de Barcelona, durante el viaje de León XIV a España. Allí, el Papa escuchó el testimonio de dos mujeres reclusas, las abrazó y recordó que los errores cometidos no determinan definitivamente la identidad de una persona. Inspirándose en las Confesiones de San Agustín, explicó que el pasado no tiene por qué condenar el futuro, ya que puede convertirse en el punto de partida para nuevas decisiones. Su mensaje se sintetizó en una frase particularmente contundente: Dios ama a cada persona tal como es, pero la sueña mejor. La visita fue reseñada por Vatican News.
Las visitas de Francisco a las prisiones
En el mismo periodo de pontificado, contado a partir de su elección el 13 de marzo de 2013, Francisco había realizado tres visitas a prisiones. La primera tuvo lugar apenas quince días después del cónclave, el 28 de marzo de 2013. El Jueves Santo, el nuevo Papa se dirigió al centro de detención juvenil Casal del Marmo, en Roma, donde lavó los pies a doce jóvenes reclusos. El gesto causó impacto no solo por romper con la celebración pontificia tradicional en la Basílica de San Juan de Letrán, sino también por incluir a mujeres y jóvenes de otras religiones. Francisco explicó que se encontraba allí movido por una exigencia del corazón y por el deseo de servir, tal como recoge la homilía oficial.
La segunda visita ocurrió el 21 de junio de 2014, en la prisión de Castrovillari, en Calabria. Francisco advirtió que una pena sin un verdadero esfuerzo de reinserción degenera en un instrumento de venganza social. La sociedad, sostuvo, no puede simplemente aislar al condenado y considerar resuelto el problema. El perdón de Dios no abandona a la persona en el lugar donde cayó, sino que la acompaña en el camino de regreso. El encuentro está documentado por la Santa Sede.
Dos semanas después, el 5 de julio de 2014, Francisco visitó la prisión de Isernia. Allí pronunció una de sus reflexiones más conocidas sobre los encarcelados: ante un preso, se preguntaba por qué aquella persona estaba allí y él no. No se trataba de minimizar el delito, sino de reconocer la fragilidad común a todos los seres humanos. El Papa volvió a insistir en que el simple endurecimiento de las penas no resuelve el problema de la criminalidad y que la reinserción debe comenzar tanto en la conciencia del recluso como en las condiciones ofrecidas por la sociedad. El texto también puede consultarse en el archivo oficial del Vaticano.
Análisis
La comparación, por tanto, arroja un resultado objetivo: en sus primeros 16 meses, León XIV visitó dos prisiones, mientras que Francisco visitó tres. No se contabilizaron las misas celebradas en el Vaticano con la participación de reclusos, las audiencias con grupos de presos, las llamadas telefónicas, los mensajes ni los encuentros realizados fuera de los centros penitenciarios. El criterio adoptado fue la presencia física del Papa en una prisión para encontrarse con sus internos.
La diferencia numérica existe, pero es pequeña y no permite concluir que León XIV haya relegado la pastoral penitenciaria a un plano secundario. Francisco la convirtió en un signo distintivo de su pontificado, al visitar un centro de detención apenas quince días después de su elección. León tardó casi un año en realizar su primera visita, pero llegó a estar en dos prisiones de países diferentes e incorporó el tema a sus viajes apostólicos. Más importante aún, su lenguaje demuestra una continuidad sustancial con el de su predecesor.
Francisco insistía en la misericordia, en la cercanía y en la pregunta personal: «¿Por qué él y no yo?». León XIV añade una formulación más sistemática sobre la justicia restaurativa. El castigo puede ser necesario para proteger a la sociedad y reconocer la gravedad del mal, pero no puede borrar la dignidad del culpable. Una justicia incapaz de ofrecer reconstrucción convierte la prisión en un depósito de seres humanos, generando más resentimiento y violencia. La eventual visita a Urdampilleta podría igualar el número alcanzado por Francisco en el mismo período y, sobre todo, conferir un carácter profundamente argentino a la primera visita de León XIV al país. Francisco, aunque ha visitado repetidamente prisiones en diferentes partes del mundo, nunca regresó como Papa a su tierra natal. León tendría ahora la posibilidad de brindar a los reclusos argentinos una cercanía que aguardaron durante todo el pontificado de su compatriota.
La Iglesia no entra en una prisión para declarar inocente a quien ha sido condenado ni para ignorar el dolor de las víctimas. Entra porque Cristo se identificó con el prisionero y porque ninguna sentencia humana tiene autoridad para declarar a una persona irremediablemente perdida. Las 480 cartas de Urdampilleta recuerdan al Papa y a toda la Iglesia que, tras las rejas, todavía existen conciencias capaces de arrepentimiento, familias que esperan y hombres que desean ser vistos nuevamente como hombres.
Si León XIV acepta la invitación, su visita no borrará los crímenes ni abrirá automáticamente las puertas de las celdas. Podrá, sin embargo, abrir una puerta más difícil: la posibilidad de que una vida condenada por el pasado vuelva a creer en el futuro. (Rafael Ribeiro)




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