El profesor de un seminario chino intenta defender el Acuerdo entre China y el Vaticano para el nombramiento de obispos, aunque sea a costa de aguar el catolicismo hasta hacerlo irreconocible. Propone reinterpretar la fe a la luz del budismo, el confucionismo y el taoísmo.
Redacción (15/09/2026 09:37, Gaudium Press) La agencia Fides ha publicado un largo y curioso artículo firmado por un sacerdote chino, lleno de elogios al acuerdo entre China y el Vaticano para el nombramiento de obispos. La propia agencia ha querido distanciarse diplomáticamente del artículo añadiendo una nota en que indica que se ha publicado «como una contribución a la reflexión y al estudio».
El artículo hace referencia al aniversario de la consagración de los primeros obispos chinos. El 28 de octubre de 1926, Pío XI ordenó en San Pedro a seis sacerdotes chinos, algo que supuso un hito histórico y una señal de cierta madurez de la Iglesia en China, que ya no dependía únicamente de obispos europeos.
Asombrosamente, el sacerdote chino Paul Han, misionero del Verbo Divino y profesor de Historia de la Iglesia en el Seminario Mayor de Hebei, pretende equiparar en su artículo dicho aniversario con el polémico Acuerdo Provisional firmado entre la Santa Sede y Pekín en 2018, como si fueran dos pasos en el mismo camino de crecimiento de la Iglesia en China.
Este Acuerdo, cuyos términos siguen siendo secretos, regula el nombramiento de obispos católicos en China. Su primer efecto fue la regularización eclesial de los obispos pertenecientes a la Asociación Patriótica, un órgano creado por el Estado chino y completamente dominado por el poder político y los dictados del Partido Comunista. En cuanto al nombramiento de nuevos obispos, aunque no conocemos bien el mecanismo contemplado por el Acuerdo, parece haber cedido en la práctica la decisión sobre las ordenaciones a las autoridades chinas, aunque manteniendo una cierta intervención más o menos teórica o formal del Vaticano.
Aun así, para el P. Han, el Acuerdo «ha contribuido a superar divisiones de larga duración dentro de la Iglesia, vinculadas a la contraposición entre lo ‘legal’ y lo ‘ilegal’ y entre lo ‘público’ y lo ‘clandestino’». Se trata de una nueva vía para reconocer «una realidad fundamental: en la China contemporánea, la cuestión del nombramiento de los obispos no puede desligarse de la estructura política del Estado».
Se hace omisión del sufrimiento de la Iglesia del Silencio
En ningún lugar del artículo se mencionan los terribles sufrimientos que esta superación de las divisiones ha causado a los católicos clandestinos o a los obispos que, contra viento y marea, permanecieron fieles al Papa y por ello sufrieron encarcelamientos y torturas. En ese sentido, el cardenal Zen denunció ya en 2020 que «para salvar el acuerdo, la Santa Sede está cerrando los ojos a todas las injusticias que el Partido Comunista inflige al pueblo chino». En ningún momento se menciona tampoco que la práctica de la llamada «Iglesia patriótica» consiste en supeditar sistemáticamente la fe católica a la ideología peculiar del comunismo chino y a las órdenes del Partido.
Budismo, taoísmo y confucionismo, como un nuevo ‘magisterio’ interpretativo
Llevando más lejos sus especulaciones y de forma aún más asombrosa, el P. Han asegura que, en China, el cristianismo debe entenderse desde el confucionismo, el taoísmo y el budismo: «El ‘renai’ (benevolencia) y el ‘xiushen’ (cultivo de uno mismo) del confucianismo; el principio taoísta de vivir en armonía con la naturaleza y el ‘wuwei wubuwei’ (alcanzar todos los resultados posibles mediante la práctica del no actuar); así como la idea budista de la ‘śūnyatā’ (vacío) y la práctica de la compasión, entre otras tradiciones, pueden ofrecer nuevas claves para interpretar el cristianismo». A pesar de ser un sacerdote católico, no propone entender las religiones meramente humanas a la luz del cristianismo y la Revelación divina, sino lo contrario.
Para el sacerdote, el catolicismo parece reducirse a la mera apertura de mente y nos explica que la misión de la Iglesia no «consiste simplemente en preservar las estructuras heredadas», sino en «encarnar la universalidad, la apertura y la capacidad creadora que encierra la propia palabra ‘católica’».
Asimismo, nos dice que «la aportación más significativa que la Iglesia en China podría hacer en el futuro no estaría tanto en su desarrollo institucional -aunque este sea necesario e importante- como en ofrecer al mundo una nueva perspectiva humanista capaz de integrar el espíritu cristiano, la sabiduría china y la conciencia científica moderna».
Una nueva comprensión del cosmos y del hombre, surgida del ‘diálogo’
A fin de cuentas, la «verdadera sinicización del cristianismo» para el P. Han exige «descubrir nuevas formas de comprender los misterios del cosmos y de la existencia humana mediante un diálogo constante y un enriquecimiento mutuo entre las grandes tradiciones espirituales del mundo».
Aparte de la gran confusión mostrada por las especulaciones del P. Han, que mezclan sin orden ni concierto al psicoanalista Jung con el físico Wolfgang Pauli, Theilard de Chardin, la sinodalidad, el Concilio Vaticano II o el Papa Francisco, lo más importante es, sin duda, que cualquier parecido de sus opiniones con el catolicismo parece ser pura coincidencia. Cuando un sacerdote pone al mismo nivel las distintas «tradiciones espirituales del mundo», inmediatamente se coloca fuera de la fe de la Iglesia.
No resulta fácil entender que la agencia de las Obras Misionales Pontificias haya publicado, aunque sea distanciándose del mismo, este artículo sincretista y obsecuente con el comunismo chino. Quizá sea un signo de lo difícil que resulta encontrar defensas razonables para un acuerdo con China que tan malos resultados ha dado hasta el momento para la Iglesia.
Con información de Infocatólica.






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