Un funeral, una experiencia ante el Santísimo y una frase que quedó grabada, llevaron a una joven guardia civil a descubrir una vocación que nunca había imaginado.

Foto: screenshot YouTube Heraldos del Evangelio España
Redacción (14/09/2026 16:49, Gaudium Press) Estefanía nació en Madrid y creció en Huelva. Durante su infancia estudió en un colegio de religiosas, aunque en su familia la fe se vivía de manera discreta, eran, según ella misma recuerda, creyentes, pero no practicantes. Con el paso de los años se alejó de la Iglesia hasta llegar a vivir como si Dios en realidad no existiera.
Estudió Derecho y tenía claras sus prioridades, encontrar un trabajo estable, ser independiente y construir una vida profesional. Su camino la llevó primero a la Legión, después al Ejército del Aire, donde permaneció un año y medio como auxiliar de mecánica, y finalmente a la Guardia Civil. En enero de 2022 llegó a Madrid para incorporarse a unas prácticas relacionadas con el servicio aéreo. Ni siquiera estaba previsto inicialmente que aquel destino fuera para ella, había sido adjudicado por error en un boletín oficial. “Los primeros sorprendidos somos nosotros”, le dijeron cuando la llamaron.
Su madre, sin embargo, estaba convencida de que aquel traslado significaría un cambio importante en su vida. “Seguro que vas a conocer al amor de tu vida”, le repetía. Y, en cierto modo, acertó.
En Madrid, Estefanía inició una relación y continuó con su vida profesional. Pero un acontecimiento inesperado comenzó a cambiar sus planes. La hermana de una de sus mejores amigas había dejado un trabajo estable para irse de misión a Perú. Después regresó, se casó con su novio de toda la vida y tuvo una hija. Apenas cinco días después de dar a luz sufrió un derrame cerebral. Murió una semana más tarde, con apenas 27 años.
Estefanía apenas la conocía. Solo se habían visto un par de veces, pero decidió acudir al tanatorio para despedirse de ella. Esperaba encontrarse con una familia completamente destrozada. Sin embargo, encontró con sacerdotes, religiosas, familiares y amigos reunidos para rezar. “Aquello estaba lleno y estaban rezando”, recuerda. “No había dolor: vi el testimonio de un montón de gente que rezaba unida, de una Iglesia orante.”
La escena la impresionó, regresó a casa y lloró durante varios días, pero comprendió que lo que estaba experimentando no era solamente tristeza. “Sabía que era por algo más. Algo había empezado a suceder en mi interior.” Sentada en el sofá de su casa tomó entonces una decisión “Tengo que volver a la Iglesia”.
Abrió Google Maps, buscó una iglesia y acudió a la primera que apareció. Era la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Torrejón. No sabía cómo acercarse, qué hacer ni a quién dirigirse. Cuando el párroco se acercó y le preguntó qué buscaba, ella recibió una respuesta que rompió la tensión del momento “Aquí no nos comemos a nadie». Ese día se confesó después de cuatro años sin hacerlo.
¿Quién eres?: una pregunta que cambió su vida
Apenas llevaba dos meses acercándose nuevamente a la Iglesia cuando vivió una experiencia que ella considera decisiva. Fue después de comulgar, durante una misa. Sin saber cómo explicarlo, sintió que algo la envolvía y comenzó a repetir interiormente una misma pregunta “¿Quién eres? ¿Quién eres?»
Después se quedó ante el Santísimo expuesto. Allí, sin haberlo planeado, sintió que en su interior surgían las palabras del Padrenuestro “Hágase tu voluntad”. No comprendía de dónde había salido aquella respuesta. Lo único que sabía era que no quería marcharse del templo. Incluso llegó a pensar en pedirle al párroco que le permitiera pasar allí la noche para regresar directamente al trabajo a la mañana siguiente.
Aquella experiencia quedó guardada en su corazón. Tiempo después volvería a encontrarse con aquellas mismas palabras de una manera inesperada. El lema de la Jornada de la Vida Consagrada de aquel año era: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Al verlo escrito en un cartel a la entrada de una iglesia, se quedó paralizada. “Ay, si esto es lo que yo aquel día respondí sin saber por qué”, pensó.
A partir de entonces comenzó un camino de discernimiento acompañado por un sacerdote. También decidió estudiar Ciencias Religiosas en la Universidad Eclesiástica San Dámaso. Llegó a las aulas prácticamente desde cero. Ella misma reconoce que apenas sabía nada de la Biblia y que incluso pensaba que era algo que se habrán reunido a escribir un grupo de personas. “Yo me había enamorado, pero todavía no lo sabía”, explica. “Es como cuando te enamoras: quieres conocer a toda su familia, sus amigos, que todo el rato te hablen de él”.
Durante sus estudios tuvo contacto con mujeres consagradas y con jóvenes vinculadas al Regnum Christi. Hasta entonces, las religiosas que había conocido de cerca habían sido precisamente las que encontró en el funeral que había despertado su regreso a la fe.
Su particular ‘monjatour’ por España
Estefanía no quiso tomar una decisión precipitada. Antes de ingresar en un convento visitó diferentes comunidades de clausura, entre ellas las carmelitas. Ella misma describe aquel recorrido como su particular ‘monjatour’.
En cada lugar intentaba descubrir si había encontrado su sitio. Pero una y otra vez salía con la misma sensación de ahí no es. Cuando conoció a las Clarisas de Vivar del Cid, en Burgos, la experiencia fue diferente. “¿Qué hago aquí? Estas no son mis monjas”, pensaba en otras comunidades. En cambio, junto a las Clarisas sentía que estaba donde debía estar.
Durante años había pensado en donar parte de su sueldo, entregar su casa o incluso acoger a un niño. Pero sentía que, aun haciendo todo aquello, siempre conservaría una parte para sí misma. Entonces encontró en un salmo una respuesta que interpretó como la clave de su vocación: Dios no quería simplemente sus sacrificios, sino su vida. “Tú quieres mi entrega total. Aquí estoy”.
El discernimiento se prolongó durante aproximadamente un año y medio. Estefanía quiso primero solicitar una excedencia de la Guardia Civil. Era la opción que consideraba más prudente, conservar su plaza por si finalmente descubría que la vida religiosa no era su camino. Pero la solicitud fue denegada. “Dios claramente quiere que sea una renuncia” concluyó.
Así, el 13 de mayo presentó su renuncia definitiva a la condición de guardia civil. No eligió la fecha al azar, era la fiesta de la Virgen de Fátima y, además, coincidía con el día en que años antes había recibido la Confirmación. En el verano de 2025 pasó quince días conviviendo con las Clarisas de Vivar del Cid. Vivió aquellos días detrás de las rejas del convento y, según cuenta, la experiencia terminó de confirmar lo que llevaba tiempo discerniendo. “Desde el principio no tuve ninguna duda. Son más las dudas que yo me quise crear que las que realmente tuve.”
De buscar estabilidad a entregar toda su vida
Estefanía había construido su vida alrededor de la independencia, la estabilidad laboral y la seguridad económica. No quería depender de nadie. Hoy, en cambio, habla de su futuro con una libertad que incluso sorprende a su propia madre. “No me importa morirme. Si me dicen que me muero dentro de cinco horas, sigo aquí hablando contigo tan tranquila”.
También habla de una maternidad espiritual hacia las personas que forman parte de su vida, desde familiares y amigos hasta sus ahijados e incluso desconocidos. Su deseo es ofrecer su vida por ellos y pedir que algún día puedan encontrarse con Dios. “Lo pienso como una entrega, pero no para mí si no una entrega para los demás”.
Durante años llevó un uniforme y desempeñó una labor orientada a proteger y servir a los ciudadanos. Ahora se prepara para una forma de servicio completamente distinta. Ella misma explica su decisión utilizando un lenguaje que conserva su trayectoria militar, “Voy a cambiar de rey. Voy a cambiar un poco a Felipe VI, con todo respeto, por el Rey de Reyes”.
Con información de Religión en Libertad





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