El procedimiento elegido por León XIV confiere a la Secretaría del Sínodo una posición relevante: no solo conserva la memoria de un gran proceso consultivo de la Iglesia, sino que participa en el mecanismo mediante el cual algunas de sus conclusiones podrán llegar a la mesa del Papa.
Redacción (16/09/2026 16:11, Gaudium Press) Sin anunciar una nueva reforma de la Curia, el Papa parece ampliar el radio de acción de una estructura que adquirió enorme relevancia durante el pontificado de Francisco. El encuentro mundial sobre Amoris laetitia, en octubre, será una prueba importante de esta nueva configuración.
Se observa un cambio discreto dentro de la Curia Romana. No hubo publicación de una nueva constitución apostólica, ni creación de un dicasterio, ni anuncio de una reforma estructural. Aun así, algunas decisiones tomadas durante los primeros meses del pontificado de León XIV sugieren que la Secretaría General del Sínodo podría ocupar un espacio cada vez más amplio en el gobierno de la Iglesia.
La cuestión cobró relevancia esta semana, tras un análisis publicado por el portal The Pillar. El punto de partida es el encuentro convocado por León XIV para los días 7 a 14 de octubre, cuando los jefes de las Iglesias Católicas Orientales y los presidentes de las Conferencias Episcopales se reunirán en el Vaticano para debatir sobre los diez años de la exhortación Amoris laetitia.
El detalle institucional es importante. El Vaticano aclaró que la reunión no será una asamblea del Sínodo de los Obispos. Cuando el encuentro fue presentado oficialmente en abril, la responsabilidad de su preparación se confió al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, correspondiendo a la Secretaría General del Sínodo prestar apoyo organizativo y metodológico.
Sin embargo, en los meses siguientes, ambas instituciones comenzaron a aparecer conjuntamente en la preparación. En julio, ambas publicaron de forma conjunta el itinerario temático que guiará los trabajos. El propio sitio web de la Secretaría del Sínodo mantiene actualmente un área dedicada al encuentro. Por sí solo, tal hecho podría interpretarse como una mera cuestión organizativa. Sin embargo, considerado junto con otras decisiones recientes de León XIV, el movimiento merece atención.
Un legado de Francisco
La Secretaría del Sínodo no surgió con Francisco. Su origen se remonta a San Pablo VI, quien instituyó el Sínodo de los Obispos en 1965. Pero fue durante el último pontificado cuando su importancia aumentó de manera significativa.
Francisco convirtió la sinodalidad en uno de los grandes ejes de su gobierno. En 2018, la constitución apostólica Episcopalis communio reforzó la participación de la Secretaría tanto en la preparación de las asambleas como en la implementación posterior de sus conclusiones. En 2022, la constitución Praedicate Evangelium consolidó su presencia dentro de la estructura de la Curia Romana.
El Sínodo sobre la Sinodalidad amplió aún más esa importancia. El proceso iniciado en 2021 no terminó simplemente con la asamblea de octubre de 2024. Francisco dispuso una fase de implementación, acompañada por grupos de estudio encargados de examinar algunas de las cuestiones más complejas surgidas durante los trabajos.
Cuando León XIV fue elegido, recibió, por tanto, una estructura sinodal en plena actividad. La cuestión era saber qué haría con ella.
Los primeros indicios apuntan más a la continuidad que al retroceso.
León XIV no puso fin al proceso
Una de las decisiones más significativas del nuevo Papa consistió en permitir que continuaran los trabajos heredados del proceso sinodal y que se publicaran sus resultados.
Recientemente, la Secretaría hizo públicos nuevos informes de los grupos de estudio. Estos abordan cuestiones concretas de la organización de la Iglesia, entre ellas las relaciones entre obispos e institutos religiosos, así como posibles cambios en las visitas ad limina, realizadas periódicamente por los obispos a Roma.
León XIV dispuso también que los informes finales se publicaran progresivamente y solicitó a los dicasterios competentes, junto con la Secretaría del Sínodo, que transformaran las conclusiones en propuestas operativas para ser sometidas posteriormente a su decisión. Se trata de una distinción fundamental. Los documentos de los grupos de estudio no constituyen decisiones del Papa; son propuestas. La autoridad final sigue correspondiendo al Romano Pontífice y a los organismos de la Curia competentes en cada materia.
No obstante, el procedimiento elegido por León XIV confiere a la Secretaría del Sínodo una posición relevante: no solo conserva la memoria de un gran proceso consultivo de la Iglesia, sino que participa en el mecanismo mediante el cual algunas de sus conclusiones podrán llegar a la mesa del Papa.
La prueba de Amoris laetitia
Es en este contexto donde el encuentro de octubre adquiere un significado especial.
En marzo, con motivo del décimo aniversario de Amoris laetitia, León XIV anunció su intención de reunir a los responsables de las Conferencias Episcopales y de las Iglesias Orientales para un discernimiento sobre la evangelización de las familias. En su mensaje, el Papa presentó explícitamente la iniciativa como la continuación de un camino iniciado durante el pontificado de Francisco.
El encuentro contará con una gran representatividad. En lugar de convocar una asamblea sinodal formal, León reunirá directamente a los dirigentes de los episcopados de todo el mundo. El método, sin embargo, será sinodal.
El documento preparatorio organiza la discusión en torno a cinco grandes temas: la realidad actual de las familias, el descubrimiento de la vocación matrimonial por parte de los jóvenes, los primeros años del matrimonio, el acompañamiento a las familias en situaciones difíciles y el papel misionero de las familias cristianas.
Nos encontramos, por tanto, ante algo institucionalmente interesante: una reunión que no es un Sínodo —convocada directamente por el Papa con los líderes de los episcopados mundiales—, pero que ha sido preparada y será conducida según métodos desarrollados durante el proceso sinodal.
Quizás sea precisamente ahí donde resida la novedad.
Sinodalidad sin un Sínodo permanente
Durante el pontificado de Francisco, la palabra «sinodalidad» quedó inevitablemente asociada al gran Sínodo iniciado en 2021. Es posible que León XIV esté iniciando una etapa diferente, en la que los métodos desarrollados en aquel proceso dejen de depender de una única asamblea y pasen a integrarse en otras formas de consulta y gobierno.
Esto explicaría por qué la Secretaría General del Sínodo sigue recibiendo atribuciones relevantes.
Ello no significa necesariamente que esté sustituyendo a los dicasterios. En el caso de Amoris laetitia, por ejemplo, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida sigue formalmente involucrado y aparece junto a la Secretaría en la documentación oficial.
La cuestión más interesante es otra: ¿se estaría convirtiendo la Secretaría del Sínodo en una especie de instrumento transversal del pontificado, capaz de aportar metodología, consulta y acompañamiento a asuntos cuya competencia material corresponde a otros dicasterios?
Es aún pronto para responder. Sin embargo, vale la pena plantear la pregunta, ya que un cambio de este tipo no requeriría necesariamente una gran reforma jurídica. Podría producirse gradualmente, mediante encargos sucesivos confiados por el Papa.
Empieza a perfilarse un estilo de gobierno
León XIV se encuentra todavía al inicio de su pontificado. Cualquier intento de definir prematuramente su modelo de gobierno corre el riesgo de percibir una arquitectura donde solo existen decisiones coyunturales.
No obstante, octubre ofrecerá una prueba particularmente interesante.
Será posible observar quién conducirá efectivamente los trabajos, cuál será el papel del cardenal Mario Grech y de la Secretaría del Sínodo, cómo participará en las discusiones el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y, sobre todo, qué sucederá tras la reunión.
Este último punto es quizás el más importante.
Si el encuentro genera únicamente recomendaciones pastorales sobre la familia, probablemente estaremos ante una colaboración específica entre dos organismos de la Curia. Si, en cambio, el modelo se utiliza posteriormente para otras grandes cuestiones de la Iglesia universal, podría estar surgiendo algo más significativo.
Francisco convirtió la sinodalidad en una de las palabras clave de su pontificado. León XIV no parece tener intención de abandonarla. La cuestión ahora es descubrir qué significado le atribuirá él mismo a dicha palabra.
Y tal vez la respuesta no provenga de un nuevo gran Sínodo, sino de la manera silenciosa en que el nuevo Papa comienza a gobernar.
La clave del texto reside en no aceptar plenamente la tesis de The Pillar. Los documentos oficiales revelan algo más interesante: existe, de hecho, una ampliación práctica de la participación de la Secretaría, pero formalmente el Vaticano sigue distinguiendo sus competencias de las de los dicasterios.
Por ello, el presente artículo se mantiene en el terreno de la investigación, sin convertir una interpretación vaticanista en un hecho consumado.
Por Rafael Ribeiro





Deje su Comentario