En el Ángelus de ayer domingo, 20 de septiembre, el Papa reflexionó sobre la parábola de los trabajadores de la viña (Mt 20, 1-16), destacando cómo la bondad de Dios trasciende la lógica humana del mérito y del cálculo.

Foto: Vatican Media
Redacción (21/09/2026 12:53, Gaudium Press) En el Ángelus del día de ayer, en el que meditó sobre la liturgia del día, el Santo Padre recordó las palabras del profeta Isaías: los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos y sus caminos no son nuestros caminos (cf. Is 55, 8). «Los designios de Dios son infinitamente mayores y, digamos incluso, más ‘humanos’ que aquellos que nosotros, hombres y mujeres marcados por el pecado, podemos concebir y realizar», afirmó. Por ello, el llamamiento del profeta sigue vigente: abandonar los caminos tortuosos y regresar al Señor, que es misericordia y perdón.
Las parábolas de Jesús, explicó el Papa, describen la novedad de lo que Dios tiene reservado para nosotros, pero también revelan la resistencia que a menudo oponemos a una justicia más generosa y a un amor mayor. En la parábola, algunos trabajadores son llamados de madrugada, otros a lo largo del día y algunos casi al atardecer. El núcleo de la narración, sin embargo, está en el momento de la paga: el dueño de la viña paga lo acordado a los primeros, pero trata a los últimos de la misma manera, ante los ojos de todos.
Un detalle no debe pasar desapercibido. El dueño ordena que el pago comience por los últimos hasta llegar a los primeros (Mt 20, 8). La reacción negativa de aquellos que trabajaron todo el día podría haberse evitado fácilmente; sin embargo, fue intencional. «La revelación de la bondad de Dios es para todos, no solo para algunos», subrayó el Pontífice. Dios tiene caminos diferentes y pensamientos nuevos también para aquellos que se consideran los primeros y creen haber merecido todo lo que han alcanzado.
Todos, por el contrario, experimentamos alegría, inteligencia y futuro cuando la ley del amor interrumpe la del cálculo, cuando la experiencia de la misericordia amplifica la del mérito y cuando el don de la paz pone fin a las rivalidades y nos acerca en la gratitud.
Trabajar en la viña del Señor es una gracia y una misión al servicio del Reino de justicia y de paz. Donde irrumpe la novedad de Dios, no hay lugar para envidias ni divisiones. El Papa invitó a los fieles a buscar al Señor mientras se deja encontrar, a invocarlo mientras está cerca y a abandonar los caminos tortuosos y los pensamientos inicuos (cf. Is 55, 6-7).
Para concluir, León XIV volvió la mirada hacia la Virgen María, modelo de confianza en Dios: «Es una criatura como nosotros, pero sin mancha; por eso, ella nos ayuda a esperar en Dios y a confiar en su misericordia, para que sus caminos se conviertan en nuestros caminos y sus pensamientos en nuestros pensamientos».




Deje su Comentario