viernes, 06 de noviembre de 2026
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Cardenal de Sri Lanka le habla a Europa: examen de conciencia, fidelidad a Cristo y fin de concesiones

El Cardenal Ranjith observa desde afuera pero conoce a Europa desde dentro. El purpurado ve esperanzas, como por lo evidenciado en los viajes del Papa a España y Francia.

Cardinal Ranjith

Foto: Wikipedia

Redacción (06/11/2026 11:28, Gaudium Press) El Cardenal Malcolm Ranjith, arzobispo de Colombo en Sri Lanka, es alguien que también tiene experiencia universal, entre otras razones por haber sido secretario de la Congregación para el Culto Divino. El purpurado ha concedido amplia entrevista a Tribune Chrétienne, de la cual resaltamos algunos apartes, entre ellos los que tratan sobre la descristianización de Europa.

Francia y gran parte de Europa experimentan una profunda descristianización. Desde la perspectiva de Asia, ¿cómo explica este declive?, pregunta el periodista del medio.

“Mantengo vínculos estrechos con Europa desde hace casi cincuenta años y he sido testigo de un proceso de descristianización rápido y trágico en este continente que amo profundamente. Cuando visité por primera vez una ciudad católica alemana y participé, siendo seminarista, en su liturgia dominical en 1973, me encontré con una iglesia llena de fieles. Los bancos estaban ocupados por familias enteras que cantaban con fuerza y ​​entusiasmo, y respondían a las oraciones”, ha dicho el Cardenal.

“Pero lo que veo hoy son muchos bancos vacíos, ocupados principalmente por personas mayores o niños muy pequeños, y una participación litúrgica que parece carente de vida. Muy pocos jóvenes frecuentan ya estas iglesias”. “La aventura secularista —con el inmanentismo que de ella se deriva, la desespiritualización y la deriva hacia el individualismo, el hedonismo y el minimalismo— ha conducido a una pérdida del valor de la vida humana y de su nobleza”, son las causas, además de “una revolución teológica que ha conmovido los pilares sólidos de la teología católica”.

Pero ¿puede Europa reerguirse de esa debacle?

“Sí, creo que puede hacerlo —dice el purpurado. Pero debe realizar un serio examen de conciencia a la luz de su historia, de sus raíces filosóficas y espirituales, y adoptar una actitud más lúcida ante lo que ha ocurrido. Por otra parte, Europa ya no es cristiana, dada la presencia en su seno de un gran número de no cristianos. La Iglesia debería liderar este proceso de reflexión. No puede seguir conformándose con la situación actual, pensando que las cosas mejorarán automáticamente”.

Sobre el crecimiento de un “Islam político”, el Cardenal Ranjith lo considera un proceso necesario, desde el momento en que “las sociedades cristianas declinan progresivamente porque absorben valores seculares y basan en ellos sus decisiones políticas, mientras que otras religiones presentes en el continente no experimentan la misma fascinación por el secularismo. Estas fundamentan sus opciones de vida en sus propias creencias”.

Ante esa realidad, “lo que procede es realizar un examen de conciencia honesto y sincero, tanto por parte de los pastores como de los fieles de nuestras Iglesias, a fin de reconocer las decisiones erróneas tomadas en el pasado que han conducido a esta triste situación. Es necesario, además, adoptar medidas valientes y profundamente espirituales para renovar la fe en Dios y en Jesús, nuestro Salvador, y volver a los verdaderos valores del Evangelio, tal como el Señor mismo nos lo pide”.

El purpurado se refirió también al movimiento de hallazgo de la fe en jóvenes europeos, uno de los fenómenos más fascinantes en la historia católica reciente.

“El viaje del Papa León XIV a Francia fue un éxito rotundo. Lo mismo ocurrió durante su visita a España. Lo que resulta especialmente notable en estos dos viajes, realizados en dos de las naciones europeas más marcadas por el secularismo, es la participación alegre y ferviente de cientos de miles de jóvenes. Han demostrado claramente al mundo que desean profundamente cambiar la forma en que Europa considera la religión, y muy especialmente el cristianismo. Han expresado, sin ambigüedad alguna, su deseo de ver surgir un mundo más humano, más espiritual y auténticamente transformado, en el que los valores religiosos den sentido a su existencia”.

“Los responsables eclesiásticos de estos países deberían reconocer en esta evolución un don de Dios y reconsiderar sus opciones teológicas y pastorales, mirando hacia el futuro con determinación y esperanza. Deberían hacer todo lo posible por devolver una dimensión espiritual a la vida de sus fieles”, apunta como forma de secundar ese movimiento.

El purpurado no ahorra críticas a la forma como sectores de la Iglesia en occidente han desarrollado recientemente su misión:

2 3“Europa debe buscar sus raíces espirituales, en particular la fidelidad a Jesús y la condición de discípulo que había abrazado desde los primeros siglos de la era cristiana. Lamentablemente, la Iglesia occidental ha sucumbido a la tentación de la desesperación y la falta de fe, abandonando su propio legado espiritual y litúrgico al pensar que bastaba con dejarse llevar por la corriente. Es un error. (…) Debe presentar la enseñanza de Jesús, el Señor, como el camino hacia la felicidad, tanto en la vida presente como en la venidera”.

El periodista pregunta sobre corrientes en el seno de la Iglesia de Alemania, que desean modificar su enseñanza sobre la homosexualidad, la moral sexual o la ordenación de las mujeres. ¿Hasta qué punto puede evolucionar la Iglesia en estas cuestiones sin cuestionar la doctrina que ha recibido?

“El criterio último de toda posición doctrinal o moral no puede ser otro que la enseñanza de Jesús mismo, tal como nos ha sido transmitida en los cuatro Evangelios”.

“Como sabemos por la enseñanza de Jesús, sus exigencias morales pueden considerarse muy rigurosas. Por ejemplo, al hablar de la codicia, Jesús declara: «Todo el que mira a una mujer con codicia, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón» (Mt 5, 28). Encontramos el mismo rigor en la cuestión del divorcio, respecto a la cual Jesús afirma: «El que repudia a su mujer —salvo en caso de unión ilegítima— la empuja a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer repudiada comete adulterio» (Mt 5, 32). Hallamos la misma enseñanza en Marcos 10, 11-12 y Lucas 16, 18. La cuestión es que las propias palabras de Jesús y sus exigencias morales —que abarcan toda una gama de decisiones sociales y personales— no pueden modificarse según los caprichos o preferencias de nadie, ni siquiera de los pastores de la Iglesia”. Así con el sacerdocio, que fue definido por Cristo para hombres.

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